Varios meses antes un grupo de jóvenes y dos sacerdotes se reunió para lanzar la preparación. Todos ya habían venido a Taizé y ahora sentían que esta su turno de acoger a otros jóvenes pero en casa. Prepararon la acogida, la llegada, las oraciones en ambas ciudades, Valenciennes (iglesia de San Géry) y Lille (catedral), incluso la decoración y la música con muchos instrumentos; encontraron las familias de acogida y personas del lugar para animar talleres sobre diferentes temas: «¿Cómo vivir la fe en mi lugar de trabajo?», «¿La vida de pareja?», «¿Cómo actuar para y con los pobres?» Los participantes pudieron también ver bailes haitianos, descubrir el centro de Lille con su catedral y visitar un grupo de cristianos muy comprometidos en un barrio popular dónde viven muchos musulmanes.
La invitación para el encuentro pasó por varias cadenas virtuales: páginas de internet y sitios sociales y hasta hicieron una pequeña película para mostrarles a los jóvenes internautas lo que los esperaba. Unas semanas antes del encuentro, varios jóvenes voluntarios de Taizé fueron por una semana con el fin de visitar a las escuelas y a los diferentes grupos, intentando así darle un matiz más personal... y hasta universal de este acontecimiento: ¡de los cuatro jóvenes: uno era alemán, el otro catalán y el tercero japonés!
Para algunos el encuentro formó parte de la preparación para JMJ. El sábado a la tarde se pudo compartir en pequeños grupos sobre la vida de oración, sobre la fe vivida a diario (con las dificultades y las dudas que acarrean), a partir de esta frase de San Pablo: «Arraigados y fundados en Cristo, afirmados en la fe » (Col. 2,7). Otros participaron a una animación bíblica basada en la llamada de Moisés.
Después del encuentro, el equipo de preparación no dudó en fijar la próxima reunión para ver cómo continuar esta peregrinación de confianza en sus vidas.