Español

Meditación semanal del hermano Aloís

Cristo hace de nosotros artesanos de paz

Jueves 14 de julio de 2011

Cada jueves nos reunimos después de la oración de atardecer. Es un momento para alegrarnos de estar juntos aquí en la colina de Taizé: estamos juntos para ir a las fuentes de la fe. Quisiéramos que darle nuestra confianza a Dios no sea una palabra vacía, y que pudiésemos emprender resueltamente este pequeño camino.

Me gustaría saludarlos a todos personalmente, pero somos demasiado. En un rato vamos a nombrar a los países representados y los niños van a distribuirles flores.

Yo quisiera sin embargo decirles a británicos, que son particularmente numerosos esta semana, cuánto nos alegramos de su presencia. Hasta en el tiempo se puso a la inglesa esta semana, con la lluvia y el frescor.

Hoy para muchos, darle su confianza a Dios no es para nada obvio. Si Dios existe y está tan más allá de todo lo que podemos imaginar: ¿Cómo estar unidos a él que nos sobrepasa infinitamente?

Es así que al escuchar a los primeros cristianos podemos confiar en ellos. Ellos nos dicen que podemos volvernos hacia Cristo Jesús. Dios es como el sol, es demasiado deslumbrante para que podamos verlo. Pero Jesús deja transparentar la luz de Dios.

Los primeros cristianos llegaron hasta decir que ese Jesús era el Hijo de Dios. Para seguirlos, tuvieron que hacer un salto. La vida extremadamente simple de Jesús, descrita en los evangelios, contrasta con esta afirmación.

Jesús es el Hijo de Dios: ¿qué quiere esto decir? Esto significa que él no vino para decirnos lo que hay que hacer y lo que no, sino que para comunicarnos la misma vida de Dios.

Lo que es y lo que será siempre la gran y sorprendente novedad es que Jesús comunicó la luz del Dios a través de una vida muy simple. No era un superhombre, en él no había nada inhumano.

Llegó hasta querer a sus enemigos, puesto que Dios no excluye a nadie de su amor. En la cruz, abrió una fuente que nunca se secará, la fuente del perdón de Dios. Beber de esta fuente nos concede volvernos siempre más profundamente humanos.

Y, después de su resurrección, la primera palabra que les dirige a sus discípulos, es «la paz esté con usted.» La paz de Cristo, es más que un sentimiento que se quedaría dentro de nosotros. Con su paz, Cristo nos da la capacidad de crear relaciones de paz alrededor de nosotros.

¿Podríamos escuchar más la voz de Cristo que, muy discretamente, sin imponerse, deposita su paz en nuestro corazón, haciendo de nosotros artesanos de paz, mujeres y hombres de compasión?

Todas estas semanas rezamos por los pueblos árabes, y también por el pueblo del Japón, después de la catástrofe del terremoto y del maremoto. Un joven japonés, que fue voluntario mucho tiempo aquí en Taizé, Michio, volvió recientemente a su país. Nos escribe estas líneas:

«Fui a pasar cinco días a Minamisanriku, en la provincia de Miyagi. Era como si hubiera llegado el fin del mundo. El maremoto destruyó completamente la ciudad, que necesita muchas oraciones. Pero también me deparaban sorpresas. Cuando fui al centro de socorro, reencontré a un amigo seminarista que es ahora el responsable. Tienen una oración diaria con los cantos de Taizé, así que pude unirme.»
 
Y Michio continúa: «En Japón, por todas partes tratamos de ahorrar la electricidad a causa del accidente de la central nuclear. La noche es más oscura que antes. Tenía miedo de la radioactividad cuando debí pasar por Fukushima, con el tren entre Tokio y Miyagi. Mucha gente está estresada a causa de esto. Pero por otro lado, reflexionan sobre el futuro mucho más que antes. »

Estos días, a Taizé somos de tantos países y de diferentes continentes. El hermano Roger quería que nuestra comunidad fuera una pequeña «parábola de comunión», un signo de la paz de Cristo que reúne y renueva la humanidad. Gracias a todos ustedes, podemos como ensanchar esta parábola de comunión.

Y es así que podemos darnos cuenta que, en un tiempo en el que la paz y el mínimo de bienestar faltan cruelmente a tantas personas, no podemos quedarnos pasivos, sino que tenemos que desplegar todas nuestras energías para contribuir a un mundo más justo y más en paz.
Última actualización: 15 de julio de 2011