Todos ustedes vinieron a Taizé como peregrinos. Varios grupos entre ustedes continúan la peregrinación hasta Madrid donde tendrá lugar la jornada mundial de la juventud. Con algunos hermanos estaré allá también la semana próxima.
Algunos vinieron de muy lejos. El viaje más difícil fue hecho por un grupo de Suecia. Su autobús se incendió mientras venían. Afortunadamente el chófer se dio cuenta del peligro; pudo parar el autobús al borde de la autopista y hacer salir a todo el mundo. Era la 1 de la mañana. El autobús se quemó completamente, con todo el equipaje. Trece entre ellos quisieron , a pesar de todo, completar el camino hasta aquí y están entre nosotros. Con ellos agradecemos a Dios que nadie haya salido herido y rezamos por los que prefirieron volver a Suecia.
En la fe somos todos peregrinos. A lo largo de nuestra vida procuramos ahondar nuestra confianza en Dios. ¡Qué aventura, la que nos conduce a avanzar, reanimados constantemente esta convicción, que nada puede separarnos del amor de Dios, ni las tribulaciones, ni las angustias, ni el presente ni el futuro!
La fe significa seguir a Cristo, vivir como él vivió. Al hermano Roger le gustaba recordar que no podemos comprender todo del Evangelio, sino que es importante poner en práctica una palabra que comprendimos. Ella puede bastar para transformar nuestra vida.
Para el hermano Roger había una palabra que era capital, la misma viene de la primera carta de San Juan: «Dios es amor». Al final de su vida a menudo repetía estas palabras: «Dios sólo puede amar».
Este amor de Dios, no podemos buscarlo solamente en un sentimiento. Es una realidad más profunda que nuestros pensamientos o nuestros sentimientos. Accedemos al amor de Dios dándole nuestra confianza. Así este amor se hace poco a poco el fundamento de nuestra existencia, de nuestras decisiones pequeñas o grandes.
A su último libro el hermano Roger había pensado en darle el título: «Elegir amar». Publicamos los extractos inconclusos después de su muerte. Elegir amar: era la respuesta que él mismo se esforzaba por dar al amor de Dios.
Si esta tarde les hablo así del hermano Roger es porque, la semana próxima, el 16 de agosto, conmemoraremos el día de su muerte, hace seis años. Su legado permanece viva. Él nos llevó, a nosotros los hermanos, al camino de la confianza.
Fotos de la conmemoración por los 5 años de la desaparición del hermano Roger
En un mundo donde tantas cosas cambian con una rapidez desconocida hasta ahora, cuando estamos desconcertados frente a las catástrofes naturales, frente a la violencia, frente a la inseguridad material que va creciendo para muchos, elegir la confianza, elegir amar es esencial.
Frente a las injusticias y a la pobreza, son cada vez más numerosos los jóvenes que están golpeados sea por el desaliento como por la revuelta, algunos hasta por la violencia ciega. Nunca podemos aceptar la violencia como el medio para cambiar nuestras sociedades. Pero querríamos estar a la escucha de estas situaciones, en las que los jóvenes expresan su indignación, comprender sus razones profundas.
Lo que da esperanza, es que vemos tanta creatividad en ustedes, en los jóvenes de todos los continentes. Ustedes tiene todo para preparar un futuro de paz y de compartir a través de la tierra. Sí, elegir amar, elegir, para toda la vida, crear la paz. Todos nosotros quisiéramos comenzar y recomenzar de nuevo a elegir esta opción.
Para perseverar en semejante compromiso es esencial mantenernos constantemente cerca de la fuente, cerca de Cristo resucitado, por medio de quien el amor del Dios vino hasta nosotros. Él es nuestra paz, y él nos dejó como herencia una nueva solidaridad entre todos los humanos.
Es por eso que desde Taizé continuamos la peregrinación de confianza a través de la tierra, comenzada por el hermano Roger hace muchos años. Así, a finales de diciembre tendremos nuestro encuentro europeo en Alemania, a Berlín.
Y el año próximo tendremos un encuentro en África. Entre nosotros hay estos días jóvenes de Ruanda, son ellos que van a acoger nuestro 3er encuentro africano a Kigali en noviembre de 2012.
Esta semana, en comunión con nosotros, jóvenes africanos están reunidos en Argelia, a Tlemcen, y también en Kenya, a Nairobi, donde hermanos de nuestra comunidad viven en una pequeña fraternidad. Los saludamos de todo corazón. Con ellos cantaremos en un rato estas palabras del Evangelio: « Misericordias Domini in aeternum cantabo; Cantaré siempre el amor de Dios. »
Las flores han sido distribuidas sólo a algunos entre ustedes. Para conmemorar la vida entregada del hermano Roger, quisiéramos ofrecerles algo a todos: a la salida de la iglesia cada uno de ustedes recibirá una estampita con una foto de él y una oración.
Y ahora, en comunión con los jóvenes reunidos a Tlemcen en Argelia y a Nairobi, en Kenya, cantamos « Misericordias Domini in aeternum cantabo. » Nos giramos hacia el icono que colocamos en el altar y que viene de Bosnia-Herzegovina. Es el Cristo de Sarajevo que bendice al mundo.