Español

Meditación del hermano Alois

Un espíritu de fortaleza, de amor y de sentido común

Jueves 12 de julio de 2012

Venimos de tantos países diferentes. La comunión que se nos concede vivir en la colina es una maravilla continua. En un mundo que a menudo nos desconcierta por su violencia y el desprecio de la dignidad humana, la experiencia de la comunión reaviva la esperanza.

Sin embargo, muchos de nosotros nos preguntamos: ¿Cómo puedo continuar en casa lo que he vivido aquí? ¿Cómo puedo referirme, relacionarme con Dios en mi vida diaria? Tenemos a veces la fuerte impresión de que en nuestra vida cotidiana, estamos como abandonados a nosotros mismos. Dios puede parecer muy distante.

Además, vemos que el mundo cambia completamente. Podemos cada vez menos predecir el futuro, incluso el futuro próximo. Muchos de ustedes están estudiando o recibiendo una formación sin tener ni idea a lo que esto podría dar lugar. Hay una falta de visión de futuro, tanto personal como también a nivel del conjunto de nuestras sociedades.

Estamos frente a una situación paradójica: gracias a los nuevos medios de comunicación tenemos un acceso casi ilimitado a la información y a contactos, pero al mismo tiempo, encontrar la dirección para la vida es menos evidente, ¿cómo construir, entonces un proyecto de vida?

Por supuesto, en Taizé, no tenemos soluciones fáciles al respecto. Pero nosotros, los hermanos, queremos que encuentren aquí una fuerza interior que les permita considerar su futuro con valentía y con alegría.

Cuando el apoyo que nos ofrecen nuestras sociedades falla, se vuelve aún más importante encontrar en nosotros una fuerza interior que nos hace seguir adelante.

Pero, ¿dónde encontrar esa fuerza interior? ¿Puede acaso la confianza en Dios despertarla? Sí, estoy convencido de que esto es posible. No estamos condenados a permanecer pasivos. La confianza es más que un sentimiento, podemos hacer una opción consciente por la confianza.

Para sustentar esta decisión, se trata como en una amistad humana, de darnos plenamente a la búsqueda de una relación personal con Dios. Y podemos, así, seguir adelante tratando de mirar mejor hacia Cristo.

Jesús, cuando era joven, tomó una decisión fundamental que orientó decisivamente su existencia. Puso su confianza en el amor de Dios. Él confiaba en Dios, incluso en el fracaso, que él también conoció.

Jesús nunca ocultó el amor de Dios que brillaba a través de él. Nosotros lo obscurecemos con nuestros errores. Nuestra vida irradia el amor de Dios de manera parcial. En Jesús el amor de Dios se hizo visible en su totalidad.

Debemos reflexionar más sobre esto. ¡La insólita noticia! Jesús irradió el amor de Dios por medio de de una vida muy sencilla. Él era el Hijo de Dios pero no era un superhombre que estaría por encima de nosotros, al contrario era mucho más humano que nosotros.

¡Sí, que noticia increíble! Dios que está más allá de lo que podemos imaginar se comunicó a través de una vida plenamente humana, la vida de Jesús.

Es así que Dios nos concede confiar en nuestra humanidad. La confianza en Jesús es uno con la confianza en el hombre. La fe en Dios lo llevó a ser más humano, a rechazar cualquier cosa que deshumaniza a nosotros mismos y a los demás.

Jesús creía que Dios estaba siempre con él. Vio su vida como un retorno a Dios. Un cristiano de la primera generación meditó sobre esto. Se imaginó que después de los sufrimientos de la cruz, Cristo resucitado le dijo a Su Padre: "Aquí estamos, yo y los hijos que me has dado. "(Hebreos 2:13)

Cristo no quiere volver a Dios solo, sino acompañado de toda la humanidad. Hasta el fin del mundo, sufre con el sufrimiento, con quien se cree alejado de Dios, con quien no sabe que el es también un hijo de Dios.

Con Cristo, todos somos hijos de Dios. Renovar cada día la confianza nos da la fuerza interior y mismo la tenacidad que forma parte del espíritu de la infancia. Ambas pueden dirigir toda nuestra vida, y fundar todas nuestras decisiones, tanto las grandes como las pequeñas.

Así entonces que incluso con menos libertad, incluso en medio de las dificultades, incluso con poca certeza de cara al futuro, podemos encontrar el sabor y el valor para tomar las riendas de nuestro futuro.

Y podemos escuchar, como dirigida a cada uno de nosotros, la palabra que el apóstol Pablo escribió a un joven responsable de una comunidad cristiana: "Reaviva el don de Dios que está dentro de ti. No es un espíritu de temor el que Dios nos ha dado, sino un espíritu de fortaleza, de amor y de sentido común. "(2 Tim 1, 6-7)

Última actualización: 16 de julio de 2012