Semana tras semana los encuentros continúan en nuestra colina. Nosotros, los hermanos, a menudo nos preguntamos: ¿cómo es esto posible? Y nos sentimos felices de modo especial con la presencia de gente joven que viene de lejos, de Asia, de África, de América.
La comunión que podemos vivir es un don de Dios que nos da a entender algo del misterio de la Iglesia.
Me encantaría que la experiencia de esta comunión hiciera nacer en nosotros la esperanza. Esperanza para el futuro personal de cada uno, en un momento en que las dificultades materiales crean angustia. Esperanza para la Iglesia que está experimentando cambios importantes. Esperanza para nuestras sociedades donde sentimos cada vez más la fragilidad y la inestabilidad.
A menudo, en la oración de la tarde leo de nuevo esta oración de bendición que el hermano Roger nos ha dejado: Tú nos bendices, Jesucristo, tú nos sacas de la soledad dándonos vivir en este misterio de comunión que es tu Iglesia.
¿Cuál es el foco de esta comunión? ¿Cuál es el corazón que vivifica todo el cuerpo? Diferentes respuestas son posibles. Voy a mencionar una: la reconciliación que Cristo nos ha traído y que nos ofrece cada día de nuevo.
Quizá ya sabéis que esta iglesia donde nos reunimos tres veces al día se llama "Iglesia de la Reconciliación". Fue inaugurada por estas fechas hace 50 años, el 6 de agosto de 1962. En las fotos antiguas se ve muy diferente de como es hoy. Esto se debe a que el hermano Roger y la primera generación de hermanos tuvieron el valor de cambiarla para que fuera aún más acogedora.
Uno de nuestros mayores deseos es que todos los que entren en ella se sientan acogidos por Dios, que puedan sentir la presencia de Dios en sus vidas.
Cuando, a principios de la década de 1970, esta iglesia se quedó demasiado pequeña, el hermano Roger propuso tirar la fachada aunque era muy bonita – una maravillosa vidriera de arriba a abajo - para ampliar el edificio con una marquesina en Pascua y en el verano. Más tarde, hemos construidos estos nártex o vestíbulos muy sencillos para poder acogeros a todos.
"Iglesia de la Reconciliación": sí, tres veces al día venimos aquí a buscar en Dios la reconciliación.
Todos conocemos las divisiones entre las personas cercanas a nosotros. A menudo nos sentimos impotentes frente a la violencia que causa sufrimiento a millones de personas en todo el mundo. Y conocemos también los momentos de desgarro interno. Por ello, deseamos traer ante Dios nuestra sed de reconciliación, de curación y de perdón.
"Dios es perdón y bondad." Ya varios siglos antes de Cristo, es lo que dice un salmo. Y Jesús dio su vida para que este perdón quedase grabado en la historia de la humanidad y, por el Espíritu Santo, en el corazón de todo ser humano. En Él encontramos la curación de nuestros enfrentamientos y de nuestros desgarros.
La reconciliación de Cristo enciende un fuego en nuestra vida, la alegría de ser perdonado. Nos hace embajadores de la reconciliación, y mujeres y hombres que no desfallecen ante los desgarros de la humanidad.
Tal vez, sin muchas palabras, sabremos quedarnos junto a los que sufren, tejer relaciones entre personas opuestas, entre gente del país e inmigrantes, entre ricos y pobres, entre los que están sanos y los enfermos. ..
Hay situaciones en las que no somos capaces de lograr la reconciliación. Es entonces cuando no desesperar es más importante. Cristo nos invita a perseverar en la confianza de que Él puede dar sentido incluso a nuestros fracasos.
Recordar la construcción de esta iglesia nos puede sugerir otra pregunta: ¿A quiénes, aunque sean sólo dos o tres, podríais ayudar en vuestra parroquia durante un año a embellecer y hacer más acogedora vuestra iglesia? La sensibilidad hacia la belleza forma parte de la vocación de seguir a Cristo.
Con muy poco podríais transformar el interior de vuestra iglesia. Podría ser tenerla abierta a veces para pasar un tiempo en silencio, podría ser el que haya personas disponibles para acoger y escuchar a los que entran, o que hubiera momentos de oración muy sencilla. Hoy en día en que la vida cotidiana frecuentemente experimenta una aceleración vertiginosa necesitamos oasis de paz.
Al acometer esta tarea no tengáis demasiado en cuenta el número de personas que atrae. Vividla primero por vosotros mismos, para alguna que otra persona, en la alegría de descubrir que esto os acerca a Dios. Sabéis: el hermano Roger y los primeros hermanos estuvieron viviendo aquí ellos solos durante años sin muchos visitantes.
Oremos esta noche por aquellos que tienen sed de reconciliación, que, en todo el mundo, sufren la violencia de los conflictos armados, especialmente en Siria. Que se haga justicia a los inocentes que sufren y que la paz llegue a todos.
Y también oremos con los jóvenes africanos de muchos países que están reunidos en este mismo momento en Tlemcen, Argelia. No sólo están haciendo una semana de encuentro en estrecha comunión con nosotros, sino que esta noche nos están escuchando a través de Internet y cantan con nosotros.