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Méditation de frère Alois

Decir un si a Dios para toda la vida

Jueves 23 de agosto de 2012

La tormenta nos sorprendió el martes. Afortunadamente, no hubo ninguna persona accidentada. Damos las gracias a todos y todas los que nos habéis ayudado a hacer frente a los daños que algunos de vosotros habéis sufrido.

La tormmenta y el calor no nos impidió continuar con la oración común y los encuentros. ¿Acaso no ocurre a veces que cuando las condiciones materiales son más difíciles es entonces cuando sentimos que cobra nueva fuerza lo que de verdad es esencial?

Esta tarde deseo hablar de una cuestión que a menudo se nos pregunta a los hermanos : ¿Es posible dar un sí a Dios para toda la vida, un sí que perdura y que nos guía en todas las tormentas que hemos de atravesar ?

Yo creo profundamente que esto no sólo es posible, sino que cuando se dice un sí de este modo a Dios, se despiertan energías en nosotros, un velo se levanta y el sentido de nuestra vida aparece más claramente.¿Pero que significa decir sí a Dios ?

Nuestro sí no puede ser más que una respuesta a su amor, al sí que él da a nuestra existencia. Por eso, todo debe comenzar y recomenzar siempre desde la escucha de su sí. ¿Cómo afinar esta escuha ? Un camino, accesible a todos, consiste en mirar a Cristo.

Jesús vino a decirnos este sí de Dios. Para ello él dió su vida en la cruz. Este sí de Dios para nosotros es como un tesoro oculto que llevamos en el fondo de nosotros mismos. Y este tesoro es precisamente Cristo.

La fe consiste en confiar en este tesoro depositado en nosotros. A veces sentimos este amor, pero hemos de aprender también a confiar sin sentir nada.

El amor de Dios que arde en nosotros es más profundo que nuestras emociones o nuestra capacidad de comprender. Por eso, aún cuando nos encontremos en medio de la niebla, y precisamente cuando estamos perdidos en la niebla, es importante reavivar la confianza en la presencia de Cristo.

Cristo no nos dicta la solución de nuestros problemas, pero él nos dice : « No tengáis miedo, aquí estoy ». Reconocer, aceptar su presencia en esta simplicidad que desarma hace manar una fuente, una vida nueva.

Es esta alegría tan simple de su presencia la que hace brotar en nosotros un sí a Dios.

Sabemos que permanecer fieles a este sí puede ser sometido a dura prueba. Todos nosotros, en nuestro entorno conocemos ¡tantas situaciones de ruptura ! Claro que creemos que Dios no abandona a las y los que han experimentado un fracaso en su compromiso de vida. Pero alguna gente joven podría llegar a preguntarse si un proyecto de fidelidad para toda la vida es realista.

Lo que deseo deciros sobre esto vale para todos, para los que pensáis en la fidelidad en el matrimonio, la fidelidad a una persona vivida como una consagración a Cristo, y para los que se preguntan si son llamados al celibato, que piensan en el sacerdocio o en la vida religiosa. A un joven, a una joven, que busca discernir si es llamado, llamada, a hacer una elección para toda su vida, le diría:

Delante de un compromiso así, puede que dudes. Pero, al entrar más a fondo, encontrarás la alegría de darte del todo. Felices los que no se dejan llevar por el miedo, sino por la presencia del Espirítu Santo.

Echarse atrás ante un sí para toda la vida supondría no tomar en cuenta la sed de absoluto que nos habita. Existe en todos nosotros el deseo de una amor para siempre.

Puede que te cueste creer que Dios te llama personalmente y que desea vivamente que tú le ames. Has de saber que él se alegra de que existas más de lo que tú te imaginas.

Dios te invita a la libertad. No hace de tí un ser pasivo. Por su Espíritu Santo, Dios habita en tí, pero no te sustituye. Al contrario, despierta en tí energías insospechadas.

Joven, quizá tengas miedo y sientas la tentación de no elegir, para mantener todas las posibilidades abiertas. ¿Pero cómo alcanzarás lo que anhelas si te mantienes en medio de un cruce de caminos sin dar ningún paso ?

Acepta que en tí hay un deseo que espera ser colmado. En la Iglesia, hay personas para escucharte. ¡Confíate a ellos ! Un acompañamiento así con una continuidad en el tiempo permitirá un discernimiento para darte del todo.

Y, sobre todo, no olvides jamás que Dios, mediante su Espíritu Santo, nos acompañará siempre, incluso si hubiera habido algún error en nuestra elección. En lo que elegimos, en lo que hacemos, en lo que vivimos — sea lo que sea— Dios permanece junto a nosotros.

Antes de terminar, me siento feliz de poder saludar a un obispo de África que está hoy con nosotros : a Mgr Servillien de Ruanda, responsable de la pastoral juvenil de ese país. Le agradecemos la confianza que la Iglesia en Ruanda ha depositado en nosotros invitándonos a tener en un encuentro africano de jóvenes allí.

Sabéis que este encuentro tendrá lugar en noviembre, antes del encuentro europeo de Roma. Este nos permitirá escuchar a los jóvenes africanos de hoy, estar atentos a lo que ellos pueden transmitir a los jóvenes de los otros continentes.

Durante estos días Mgr Servillien nos ha ayudado a preparar este encuentro.

Última actualización: 26 de agosto de 2012