« Criste, lux mundi qui sequitur te habebit lumen vitae, lumen vitae »
« Cristo luz del mundo, quien te siga tendrá la luz de la vida »
Queridos Hermanos de Taizé:
Es con esta luz, que brilla en mi corazón y que hace bien a todo mi ser, que les escribo esta carta.
Cristo se ha hecho presente entre nosotros. Los tiempos de oración común, los pequeños grupos, los temas y la vida compartida con personas de diferentes lugares fueron los momentos mas ricos de la Jornada da Confiança de Santo André, del 12 al 15 de noviembre. Mi vida espiritual, y la de muchos otros, se alimentó de la vida fraternal durante este encuentro.
Estas palabras fueron escritas por Renato, un joven de Campiñas.
El largo periodo de preparación fue, a veces, laborioso. En parte porque la iglesia local no tenía una idea muy clara de lo que se estaba preparando y, también por el contexto urbano donde el encuentro tuvo lugar: en una gran ciudad, los jóvenes están siempre haciendo frente a muchas posibilidades que pueden convertirse, fácilmente, en imposibilidades frustrantes.
El obispo de Santo André participó en las oraciones y se conmovió visiblemente del fervor de los jóvenes. El sentimiento de profundo recogimiento continuó durante la oración en torno a la Cruz, que duró dos horas, a pesar de las largar colas para acercarse. La presencia de un sacerdote y un monje ortodoxo, como la de muchos pastores, le dieron un tinte ecuménico notorio.
Los cantos fueron animados por un muy buen coro, bajo la dirección de una joven mujer venida de Chile especialmente para el encuentro. La mayoría de los coristas eran de Campiñas, donde este coro existe desde que la Jornada tuvo lugar allí en 2002. Están muy familiarizados con los cantos de Taizé.
Al inicio del encuentro fue leído un mensaje del Hermano Alois:
Muchos jóvenes se preguntan a ellos mismos: « ¿Como podemos avanzar hacia la paz? Para hacerlo es esencial escuchar las primeras palabras de Cristo Resucitado, cuando les dice a sus discípulos: La paz este con ustedes. El pasó por la violencia, el maltrato y la muerte. Pero nos da su paz. Es él quien nos da la paz. Necesitamos recibirla de él para poder transmitirla a los demás.»


