«Nada es más responsable que orar»
Estos últimos meses, en varias ocasiones, me han preguntado: «En el fondo, ¿qué haces? Has estado en Tailandia, ¿y qué has hecho?»… Y he respondido: «He rezado con los jóvenes. Esta vez ha sido en una iglesia ortodoxa.» «¿Y cuando estuviste en Vientiane?» …. Bueno, esencialmente rezamos juntos, una tarde en la catedral, también allí con jóvenes. Veía una interrogación en el rostro del que me hacía esas preguntas. «¿Y en Myanmar?». Me sentí casi azorado al decir una vez más: «Rezamos con jóvenes de todas las parroquias de la archidiócesis de Yangon…» «¿Y en Camboya?» … Esta vez no tuve que responder porque ellos mismos casi en tono jocoso, respondieron a su propia pregunta: «Sin duda rezaste…»
Ello me ha hecho reflexionar, porque es del todo cierto que «rezar con gente» es casi lo único que hago en el transcurso de las visitas. Y me he recordado de aquellas palabras que el hermano Roger había dicho y escrito en una de sus últimas cartas: «Nada es más responsable que orar».
No desanimarse
Las incesantes visitas efectuadas después de tantos años me han convencido que sin la oración muchos jóvenes se sentirían desanimados o incluso habrían abandonado el combate. Encontrar un trabajo, estudiar cuando su presencia sería necesaria para ayudar a la familia en los campos, encontrar los medios para realizarlo, mantener los valores del Evangelio en un mundo competitivo,de corrupción. Ahora que el mundo de los medios de comunicación de masas ha entrado hasta en el campo, ¿cómo no sentirse perdido o completamente confundido cuando la miríada presente en la pantalla se encuentra tan lejos de la realidad a veces tan dolorosa, y que el porvenir parece sin salida.
¿Quién tomará el relevo?
Esto es verdad, tanto para los jóvenes como para quienes trabajan con ellos, los animadores y los educadores. Uno de ellos, que animaba un campo de jóvenes, me decía: «Nos damos enteramente en esos programas para los jóvenes, les acogemos, intentamos sobre todo escucharles. hay en muchos de ellos sufrimientos muy grandes. La vida es dura en su familia y no tienen a nadie a quien confiarle esa carga. Pero una vez que se termina el campo, no hay nadie que pueda tomar el relevo. A veces, me decía, tengo dudas: « Logramos que alcancen algo que necesitan, pero, ¿acaso tenemos derecho de hacerles entrever esa experiencia de fe, de la Iglesia cuando regresan a sus lugares lo que les espera sea un vacío pues los pastores están tan ocupados con sus tareas que ya no hay para más?» Sentí una verdadera preocupación en ese joven educador.
La oración apacible con un largo silencio, el canto cuyas palabras tocan el corazón poco a poco, en un lugar bello y acogedor parece responder a una espera, que permite continuar confiando y hacer opciones de valores cuando su experiencia ha sido: el abuso bajo distintas formas, los problemas de los estudios, del trabajo, los conflictos familiares, la droga, etc.….
Este año en Camboya
Pero a menudo estas oraciones como se viven en Taizé forman parte de un programa. Les dedicamos una velada y parecen un acontecimiento un poco excepcional, preparadas con esmero pero que tienen el riesgo de no tener ninguna relación con la vida diaria.
Es por eso que este año en Camboya quisimos tener la posibilidad de pasar más tiempo con los jóvenes y tener la posibilidad de rezar varias veces al día y prepararlas simplemente. Cada diócesis había escogido unos quince jóvenes y algunos, los de Battambang, de Kompong Cham y de las parroquias lejanas de la diócesis de Phnom Penh, como Takeo, Kompong Som llegaron la noche anterior. Fueron acogidos para la noche en algunas salas de «la» parroquia, la que hace de catedral. Se desenrrollan las esteras, se organiza una comida simple. Esa noche, en la capilla de San José de Phsar Thoich, la oración estaba abierta a todos. Los jóvenes que en años anteriores habían pasado 3 meses en Taizé habían preparado todo, había mucha alegría y entusiamo en la parroquia de Phsar Toich y en la capilla todo el mundo se encontraban en acción.
A la mañana siguiente, a las siete, todo el mundo partía para Teuk Thlà donde las hermanas salesianas tenían abierta su escuela técnia. Fue una jornada de profundización donde fue posible abordar y reflexionar sobre ciertos aspectos de la oración meditativa: el valor del silencio, el sentido de la repetición en el canto, la belleza y la sencillez de la decoración, el lugar de un coro en la asamblea y sobre todo la relación con la vida de todos los días.
Monseñor Emile Destombes , el obispo de Phnom Penh, vino a celebrar la eucaristía al final. Su presencia y la homilía que pronuncio fueron una confirmación para cada uno que la oración era una fuente par amar, no con palabras, sino con hechos.