Un weekend à Masbate

« Hoy el viento sopla tan grato y fresco: esto muestra a que punto Dios nos quiere. Hizo todas cosa tan bellas. Sólo tenemos que abrir nuestros ojos. Hay tantas razones para ser agradecido y regocijarse. » Estas son las palabras de una mujer durante un pequeño grupo el fin de semana pasado. En Filipinas, todavía estamos en la estación de lluvia, pero en el día de Todos los Santos el sol brillaba, hacía calor y una brisa ligera nos hacía bien.
Nos reunimos este fin de semana en la isla de Masbate en un lugar verdaderamente particular. Hace unos años nacía aquí la primer "Fazenda da Esperança" en Asia, un proyecto que debutó en Brasil. Acogen por un año a personas que quieren salir de la dependencia a la droga. Sacan fuerza y coraje de la Palabra del Dios y descubren que el Evangelio puede transformar una vida. Cada día comienza con una oración común y la escucha del Evangelio de día.
¿Cuál es la palabra de Dios que puede acompañarnos hoy y que queremos poner en práctica? Los cantos de Taizé no eran inhabituales para estos treinta jóvenes. Los cantan a menudo en el transcurso de sus encuentros matutinos y antes de que comience el trabajo en los campos de la granja. Cada uno tiene su tarea en los arrozales o en la producción lechera. Alguno "huéspedes" se sumaron al encuentro: cooperadoras de la pastoral de jóvenes o de parroquias de la ciudad, hermanas de las congregaciones de la vecindad y un pequeño grupo de la comunidad bautista, amigo de la Fazenda.

Durante los dos días, nos reunimos para las oraciones en la sala común que fue arreglada como una pequeña capilla. Las hermanas de esta Comunidad que allí viven habían preparado una sala acogedora con pétalos de flores tropicales del jardín, velas, una cruz muy simple y telas anaranjados. ¡Tuvimos que abrir las puertas hacia la terraza para que todos encuentren un lugar, porque habitualmente esta sala no alberga tanta gente! Por la mañana y por la tarde, nos encontramos para intercambiar en pequeños grupos. El párrafo de la Carta de Cochabamba que invita a reflexionar sobre cómo ensanchar nuestra amistad a todos los hombres sirvió de punto de partida para la compartida.
Después de un tiempo de reflexión personal y de compartida, nos reencontrábamos en el gran círculo. Alguien de cada grupo presentaba las experiencias más importantes. La gran atención era llamativa. En los diversos relatos se reflejaba la gran diversidad de los participantes. Algunos estuvieron tan tocados por ciertos testimonios que hasta hubo lágrimas. Pudimos ver cómo la gente se abría al Espíritu del Dios. Una de las hermanas, que trabaja en ciudad, contaba cómo ella trataba de ensanchar la amistad y de crear una atmósfera más humana en la vida diaria, con una palabra o con pregunta, en el contacto con la gente en la calle, con los vendedores en los pequeños comercios, los conductores de taxis-motos. Algunos jóvenes, que viven desde hace poco en la Fazenda, decían cómo podían, aquí, abrir poco a poco sus corazones y acoger de nuevo una amistad, luego de numerosas heridas familiares, de tanto tiempo de vida callejera y en el mundo de la droga y la prostitución.

Para muchos de estos jóvenes era la primera vez que en el día de Todos los Santos no podían estar presentes en los cementerios para estar cerca de las tumbas de aquellos a quienes respetaron y amaron. Por todas partes en Filipinas, la gente se encuentra para encender velas delante de las tumbas. Algunos pasan la noche noche.
Durante la oración en torno a la cruz y la celebración de la luz del sábado por la tarde, se hizo perceptibles la esperanza de la resurrección que transforma nuestras vidas, aquí y ahora. Acabamos estos días con la celebración de la luz como en Taizé, pasándonos unos a otros la llama de las velas como signo de la resurrección de Cristo. Todos pensaron en las personas a las cuales habrían querido visitar sus tumbas. Nos quedamos muy agradecidos por estos días vividos juntos, en el curso de los cuales pudimos descubrir cómo Dios está presente en nuestra vida diaria. Él nos da signos de su amor, que nos permiten atravesar cada día de nuestra vida, y no solamente este día soleado de noviembre …

El encuentro a Masbate formaba parte de una serie de encuentros a través de todo el país. Viajamos a tres. Con sus 7107 islas, Filipinas forma un país de una diversidad muy grande. Esto se reflejó en todos los encuentros: Qué alegría cuando la gente más diversa enriquecía estos fines de semana con los signos de sus culturas y sus lenguas.
Para participar en un encuentro en la parte norte del país los jóvenes hicieron un día de marcha. Nos sorprendieron con sus cantos que ensanchaban las oraciones comunes. En esta región una lengua y una música limpias han sido preservadas. Habitualmente se baila en sus fiestas litúrgicas con estos cantos tan rítmicos. Todos cantaron el "Gloria" y el "Padrenuestro". Hacia recordar parcialmente a la música de los Andes y de esta manera no era solamente por la Carta que estábamos próximos(as) a los jóvenes de Cochabamba. A menudo es bastante impresionante ver el compromiso de estos jóvenes, entre ellos y en sus comunidades. Y eso que algunos viven en condiciones difíciles económicas y familiares. A veces, después de la separación de los padres o la muerte de uno de ellos, todavía tan jóvenes, deben acarrear con ellos grandes responsabilidades para con sus hermanos y hermanas más jóvenes, lo que representa un gran desafío. Seguido les falta sencillamente el dinero para ir con el transporte público en sus comunidades parroquiales para participar a las celebraciones o a los momentos de intercambio.

Estos mismos jóvenes querrían ser signos de esperanza en su país y vivir lo que es expresado en la Carta de Cochabamba: « La reconciliación puede transformar en profundidad nuestras sociedades. El Espíritu de Cristo resucitado renueva la faz de la tierra. ¡Dejémonos llevar por la dinámica de la resurrección! No nos desanimemos ante la complejidad de los problemas. No olvidemos que podemos comenzar con poco. » Aquí descubrimos casi cada día, muy concretamente, cómo esto se realiza.