Agradecidos

Una española que vive en Bruselas nos cuenta como ella y su familia vivieron el encuentro.

Tras cinco intensos días de oración, encuentros y celebración, nadie se movió al término de la oración de la mañana del 2 de enero. Ninguno de los jóvenes ni de los parroquianos quería levantarse y dar por concluido el encuentro.

Nuestro Cardenal Danneels, cardenal primado de Bélgica, había invitado a la Comunidad de Taizé a celebrar su encuentro europeo en Bruselas. Le unía una larga amistad a Frère Roger. En la primera reunión en la parroquia, con algunos de los hermanos, nos preguntábamos "¿Cómo va a ser posible organizarlo todo?".

200 parroquias, muchas de ellas en general con pocos parroquianos, han visto como sus locales se llenaban de voluntarios de todas las edades, que enviaban cartas y mails para buscar alojamiento, que hacían listas y listas de tareas, que pegaban carteles en todos los escaparates del barrio y que seguían preguntándose "¿Cómo va a ser posible organizarlo todo?".

Es un regalo indescriptible el que nos ha hecho la Comunidad de Taizé aceptando la invitación del Cardenal Danneels. El regalo de permitirnos acoger. Para muchos, como yo, ha sido un placer poder contribuir a que unos jóvenes puedan vivir lo mismo que yo viví hace casi 20 anos en Budapest o Viena. Para otros, abrir sus casas ha sido un gran salto en la confianza. 98% de los jóvenes fueron alojados en familias. Algunas de las familias eran incluso musulmanas.

La oración de la mañana en mi parroquia fue algo indescriptible. 200 jóvenes, más un gran número de parroquianos, cantando a las 8 y media de la mañana en una capilla, normalmente casi vacía. Las reuniones en pequeños grupos en las que participé, como traductora y como ‘testigo de esperanza’ eran de una profundidad increíble.

Por las tardes, guié grupos de españoles por el barrio de las Instituciones Comunitarias, a partir de la Capilla de la Resurrección. En esta Capilla, cristianos de tradición católica, protestante y ortodoxa vivimos intensamente un ecumenismo práctico. El mensaje que intentaba transmitir es que el mayor fruto de la integración europea es la paz, el periodo de paz más largo que ha conocido el continente europeo, una paz con vocación de extenderse al mayor numero posible de países. Desgraciadamente, este mensaje no llega a través de los medios de comunicación o de políticos nacionales, que ven en la Unión Europea un chivo expiatorio al que culpar de todos los males.

La oración del mediodía y la noche había transformado los fríos pabellones de Heysel, al pie del Atomium, en gigantescas y acogedoras iglesias. Los que conocéis Taizé sabéis lo indescriptible de la oración en silencio, de la belleza y la simplicidad de los cantos repetitivos, incluso en lenguas totalmente desconocidas, de lo reconfortante de las oraciones leídas por los hermanos.

En casa acogimos a tres seminaristas diocesanos de Madrid: Alberto, Miguel y Toño. Nos reíamos todos de lo poco exótico que eran estos madrileños, en comparación con las bielorrusas o ucranianos que hubieran podido tocarnos. Vivir estos días con ellos ha sido una autentica bendición. Lo que mas me ha impactado ha sido su amor fraterno, la atención que tenían entre ellos y con nosotros en todos los detalles cotidianos. Y su alegría. Hemos hablado y nos hemos reído muchísimo, y dormido bastante poco.

Mi hija mayor, Almudena, a sus cinco años, ha vivido desde la curiosidad este encuentro. Sólo participó en 2 de las oraciones. Pero el día que se marcharon los peregrinos, antes de dormir, le pregunté: "¿Por qué cosa quieres que demos hoy gracias a Jesús?". "Pues por los amigos de Taizé que han venido aquí, mamá" me contestó con toda convicción. Creo que su simple oración de gratitud expresa lo que sienten los miles de bruselenses, belgas o no, que hemos sentido la gracia que la Comunidad de Taizé nos ha traído a nuestras casas, grupos y parroquias.

Un abrazo desde Bruselas

Mari Sol

Última actualización: 11 de enero de 2009