Meditaciones del hermano Alois

Jueves Santo : « Yo os he amado »

Jesús lava los pies a sus discípulos, pintura de frère Sylvain de Taizé

« Yo os he amado », estas palabras se repiten varias veces en el relato que el Evangelio de San Juan hace de la última tarde que Jesús pasa con sus discípulos (Juan : 13, 34 y 15, 9 y 12). Es como una clave que da sentido a toda la narración.

Para evocar esta última tarde, Juan cuenta como Jesús había comenzado por lavar los pies de sus discípulos. Los otros tres Evangelios recuerdan que esa misma tarde Jesús había instituido la Eucarístia. Es una suerte que seamos invitados a celebrar el mismo día la institución de la Eucarística y el lavatorio de los pies. Un vínculo directo une ambos gestos, con una enorme sencillez se manifiesta todo el misterio de la persona de Jesús. De un modo distinto que con las palabras, quizá mejor que mediante las palabras, Jesús muestra lo que está en el centro del Evangelio : « Yo os he amado hasta el extremo. »

Tanto en la Eucaristía como en el lavatorio de los pies, el contraste entre el gesto y el contenido que éste expresa es sobrecogedor. Es la pobreza y la simplicidad de estos dos signos lo que les hace accesible a todos.

La Eucaristía resume toda nuestra fe, y no podemos recibirla sino con una actitud de adoración, con un espíritu de infancia. Es al celebrar este misterio que lo comprendemos aún mejor.

« Éste es mi cuerpo» , estas palabras nos sobrepasan. Nadie había hablado nunca así, nadie hablará ya así jamás. Estas palabras son únicas en toda la historia de las religiones , encuentran su justificación sólo en ellas mismas. No pretendamos buscar una explicación que encerrarían el misterio en nuestro solo entendimiento. Esto ha sido una tentación constante en la Iglesia.

Al celebrar la Eucaristía manifestamos nuestra confianza en las palabras de Cristo transmitidas por los primeros cristianos : « Este es mi cuerpo, entregado por vosotros. » La Iglesia comunica de generación en generación este misterio que el Espíritu Santo actualiza.

Por la Eucarística acogemos en nuestra vida a Cristo quien ha ido hasta el extremo del amor en la entrega de sí mismo. Y el don de su vida produce frutos en sus discípulos. « Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (…) la gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto. » (Juan: 15, 5-8)

El lavatorio de los pies, valiéndose de una imagen muy simple, nos permite contemplar la humildad de Jesús. Ésta no deja de sorprendernos. Esta profunda humildad contiene una fuerza de amor que renueva toda la creación.

La omnipotencia de dios es la del amor. Jesús ha « vencido al mundo » (Juan : 16, 33) no siendo más fuerte que él, sino introduciendo en la humanidad una fuerza diferente, absolutamente nueva. La tarde del Jueves Santo, la cantamos una y otra vez : « Ubi caritas et amor, Deus ibi est. » (Donde hay caridad y amor, allí está Dios)

El poder de Dios es una energía de amor que actúa desde el interior y con suavidad. Puede transformar las realidades por duras que estas sean, incluso la muerte.

¿Hasta qué punto somos conscientes de que al celebrar la Eucaristía abrimos las puertas a Cristo para que su fuerza de amor pueda inundar nuestra vida y el mundo de hoy?

¿Hasta qué punto somos conscientes de que por medio de un servicio tan simple como el lavatorio de los pies, hacemos posible que su presencia de Resucitado actúe en el mundo ? Nuestra tarea es a menudo ser signo, como por otra parte lo ha sido toda la vida de Jesús. Quizá, no hagamos otra cosa más que lavar los pies de aquellos que se nos ha confiado. Pero nuestras obras de solidaridad son signos que pueden abrir paso a Cristo y transfigurar la humanidad.

¿Hasta qué punto somos conscientes de que la Eucaristía y el lavatorio de los pies son anticipo del Reino ? Ellos abren en el corazón del mundo un horizonte de esperanza.

A Taizé, se nos ha dado hacer una experiencia muy fuerte del vínculo que hay entre la Eucaristía y el lavatorio de los pies mediante la vida en las barriadas más pobres de África de algunos de nosotros, durante ocho años. Ocurrió en Mathare Valley, en Nairobi, Kenya. El hermano Roger mismo había vivido una temporada allí, después un pequeño grupo de hermanos había continuado. ¿Cuando se carece de grandes medios para modificar las numerosas situaciones de miseria, qué sentido puede tener una presencia así ?

¿Cómo sostenerse ? Siguiendo el ejemplo de la Hermanitas de Jesús, el hermano Roger preguntó al arzobispo si, en la pobre barraca donde habitaban, los hermanos podían tener la presencia eucarística. EL arzobispo consintió y el mismo fue a celebrar la eucarística a la barriada. Más tarde, uno de los hermanos escribió : « sin una oración diaria delante del don eucarístico, jamás habría podido resistir » Era como una fuente de vida que permitió a los hermanos seguir «lavando los pies » de la gente del barrio, sencillamente haciéndose presentes. Y poco a poco, nacen pequeñas iniciativas de solidaridad.

Claro está, vivir una presencia tan gratuita que la presencia de mis hermanos no exima a los cristianos de asumir los compromisos necesarios para cambiar las estructuras de injusticia. Pero sin vivir muy cerca de los más pequeños, no podemos reconocer su dignidad ni posibilitar que ésta sea respetada. La llamada del Evangelio a lavar los pies de los pobres nos empuja a rebasar un espíritu asistencialista o paternalista, y a descubrir todo lo que nos han dado y que podemos recibir de ellos.

Ser más conscientes del vínculo entre la Eucaristía y el servicio ¿No se encuentra ahí una fuente de renovación para la Iglesia hoy ? Sí, la Eucaristía nos invita al lavatorio de los pies, ir como Jesús hasta el extremo del amor, amar como él ha amado.

El periódico « La Croix » ha pedido al Hermano Alois que escriba, a lo largo del año 2008-2009, una meditación con motivo de cada gran fiesta cristiana.
Última actualización: 9 de abril de 2009