"Aquí vemos la Iglesia"
Acompañado por su familia y muchos de sus colaboradores, comenzó su estancia el jueves 6 de agosto participando en la oración de mediodía. Ni bien llegado recordó a los hermanos que había venido a Taizé cuando era joven y les dijo que Taizé siempre había jugado un papel muy importante en su vida. Según él, Taizé es un lugar donde se ve la Iglesia: «A menudo consideramos la Iglesia bajo su forma institucional y no bastante bajo su forma orante y colectiva. Lo que ocurre aquí es la Iglesia en su realidad más central. Hablé a menudo de estas experiencias donde un cristiano puede decir: vi la Iglesia por primera vez. Podemos haber estado en la Iglesia durante numerosos años, haber leído la Biblia, haber repetido oraciones, pero sin haber visto nunca la Iglesia: la Iglesia como nueva creación, nueva Jerusalén, esperanza de la humanidad. Les agradezco por su testimonio fiel. Continúen viviendo así.»

Por la tarde del jueves 6 de agosto, al fin de la oración de 20h.30, se dirigió a los miles de jóvenes de numerosos países presentes en Taizé. Era el día de la fiesta de la transfiguración. Quiso hacerles ver a los jóvenes que los mismos apóstoles que estaban presentes en el momento de la transfiguración de Jesús (Pedro, Santiago y Juan) estaban también con él en el jardín de Getsemani. Así estos tres apóstoles son testigos de Cristo que, a la vez, alcanza las profundidades del sufrimiento humano y revela que la naturaleza humana es más de lo que podemos imaginar. Y así somos llamados ser testigos del sufrimiento y de la gloria de Cristo. Habiendo visto su gloria de Transfigurado, no somos menos sino más tocados por la soledad y por el sufrimiento de los seres humanos. El arzobispo señaló que el 6 de agosto no era solamente la fiesta de la transfiguración sino también el aniversario de la bomba de Hiroshima. A menudo acontecimientos horrorosos como Hiroshima dieron un golpe e hicieron redescubrir la dignidad del ser humano. Pero nosotros cristianos nos debemos acostumbrar a contemplar diariamente el sufrimiento y la gloria en el rostro de Cristo para que no necesitemos tales horrores para recordar esta dignidad. Mirando cada día el rostro de Cristo, a la vez desfigurado por el sufrimiento pero también transfigurado, aprendemos la esperanza y la compasión.
Durante su estancia, el arzobispo se acerco a la tumba del hermano Roger, tuvo conversaciones con hermano Aloís, prior de Taizé, y con los hermanos de la comunidad, tuvo también un encuentro con los jóvenes británicos, con los voluntarios que trabajan en Taizé para un tiempo y con las religiosas que colaboran en la acogida.
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El viernes 7 de agosto al mediodía presidió la celebración de la eucaristía anglicana. Por la tarde, el obispo de Autun, Mons. Rivière vino para saludarle. Ambos participaron en la oración en torno a la cruz como cada viernes por la tarde.
El sábado 8 de agosto, a las 20. 30 hs. asistió al compromiso para toda la vida de un nuevo hermano de Taizé, el hermano Simón, de origen senegalés, cuya familia vino desde África, en particular su madre.
El domingo por la mañana, 9 de agosto, el arzobispo estuvo presente en el momento de la celebración de la misa católica y pronunció la homilía. Comentó la lectura del Antiguo Testamento que cuenta cómo Elias fue visitado por un ángel y recibió de este el alimento y la bebida para atravesar el desierto:
«Si, Elias esta huyendo y se encuentra aún lleno de desesperanza y de confusión. Pero ha recibido una fuerza; recordó que el desierto es el lugar dónde Dios le habló, al comienzo, a Moisés.Sus pasos lo conducen hacia la santa montaña, dónde, una vez más, como en el caso de Moisés y el pueblo de Israel en su viaje a través del desierto, Elias escuchará su voz.Se encontrará con Dios en el silencio habitado por un murmullo. Así emprenderá otro viaje, el de retorno a la ciudad, para volver allí dónde corrió riesgos y tuvo conflictos. Y así se reencuentra con su voz profética.»
El arzobispo comparó el alimento y la bebida de Elias con aquello que recibimos en la eucaristía y que nos acompaña en nuestro caminar. Y continuó:
« Sin embargo, la historia de Elias nos recuerda que hay otro tipo de desplazamientos, tales como los que hacen millones de personas en nuestro mundo: los viajes de personas desplazadas cuyas vidas han sido despedazadas por la guerra y las enfermedades, aquellos que intentan escapar de poderosos y crueles sistemas de opresión, poblaciones que han dejado detrás todo los que ellas habían construido y que no saben hacia dónde van. Dios las alimenta para mostrarles la ruta de la libertad y de la esperanza que sólo ellas pueden adivinar. Nosotros, creyentes bautizados que compartimos esa comida, tomamos un alimento para nuestro viaje con Dios en compañía de eso innumerables viajeros y refugiados. El Dios de la Eucaristía nos conduce a todos a ese lugar de honestidad y de silencio dónde, como el profeta Elias, podemos confesar nuestra desesperanza, expresar nuestro sufrimiento y protestar contra la inhumanidad del mundo. Así, no podemos quedar a la entrada de la gruta hasta que se levante discretamente, en el silencio, la brisa que nos dice que no estamos nunca solos ni jamás alejados de la mirada de amor constantemente fijada en nosotros. »
El arzobispo de Canterbury partió rumbo a Londres por la tarde del domingo 9 de agosto.

Al mismo tiempo hubo también varios obispos anglicanos entre los que estaban el arzobispo de York, John Sentamu, que está muy familiarizado con Taizé desde años.
Antes de ser arzobispo, Rowan Williams fue ya conocido como teólogo y hombre espiritual de gran profundidad. Como jefe de la Iglesia anglicana se muestra hoy como un hombre de reconciliación, siempre en busca de la unidad y del consenso.
Viniendo a Taizé recomenzó una tradición antigua: es el cuarto arzobispo de Canterbury que hace semejante visita: Michael Ramsay había visitado la comunidad en 1973, más tarde George Carey había traído con él a mil jóvenes anglicanos por una semana en 1992.
Rowan Williams había recibido, el mismo, al hermano Alois en Londres en 2006 y ese día habían participado en una oración animada por los hermanos de Taizé a la Abadía de Westminster.
En el momento de la muerte del hermano Roger, en 2005, había expresado su admiración por el fundador de Taizé en términos particularmente calurosos: «Hay muy poca gente, en cada generación, que logra transformar de arriba a abajo el clima de una cultura religiosa; he aquí precisamente lo que hizo el hermano Roger, él cambió la imagen del cristianismo para innumerables jóvenes.»