Filipinas

«Sencillamente doy gracias a la vida»

Ken Arita es japonés.Vive con una discapacidad llamada parálisis cerebral. En febrero de 2010, tomó parte en el encuentro en Manila de la peregrinación de confianza sobre la tierra. En esta carta expresa cómo vivió personalmente en encuentro.

Asistí al encuentro de jóvenes animado por la comunidad de Taizé en Manila, en Filipinas, en febrero de este año. La esencia del programa consistía en una oración tres veces al día. Durante el día, nos reuníamos con frecuencia en grupos para discutir nuestras vidas.
Le quatrième jour, il y eut un temps d’échanges culturels. Los participantes procedentes de Corea y Japón se reunieron en el escenario y me dieron la oportunidad de compartir un mensaje con toda la asamblea. El tema del encuentro era: "Sed de vida en plenitud" y "Una llamada a transformar el mundo». Después de hablar con mi discapacidad, traté dos cuestiones que quería compartir con todos.

Vivo con una discapacidad llamada parálisis cerebral. No puedo vivir sin depender de la ayuda de los demás. Levantarme por la mañana, cambiarme de ropa, ir al cuarto de baño, comer, bañarme... en todas estas actividades diarias necesito ayuda de otras personas. Mi vida sólo es posible gracias a la confianza, a la confianza mutua que existe entre unos y otros.

He escogido, en primer lugar, el tema de la “plenitud de la vida”. A pesar de haber nacido con una discapacidad, estoy eternamente agradecido por haber nacido en este mundo. Nunca he culpado a mis padres, ni he pensado que mi vida fuera más difícil que la de cualquier otra persona. Estoy verdaderamente agradecido por haber tenido la oportunidad de vivir, y agradecido a mis padres para todo lo que han hecho por mi educación. Simplemente, estoy agradecido por la vida.
El segundo tema era "Una llamada a transformar el mundo”. Para mí, transformar el mundo está profundamente relacionado con el hecho de que yo haya podido asistir a este encuentro en Manila.

El mero hecho de hacerme presente a otros tal como soy está relacionado con este tema. Sé que el encuentro de Taizé está abierto a todos aquellos que quieran participar, con independencia de que tengan o no una discapacidad. Hice un llamamiento a todos: "Cuando este encuentro termine y volváis a casa, si conocéis a alguien con una discapacidad, por favor, contadle el encuentro. Y, por favor, invitadle a asistir al próximo”. Dije que esperaba encontrarme con muchas personas con discapacidad en el siguiente encuentro.

Después de que me bajaran del escenario, la gente se acercaba a mí diciendo: "¡Su mensaje ha sido maravilloso!”, "Gracias, me ha emocionado mucho”. "Muchas personas se acercaron a mí expresándome sus sentimientos. Cada uno de estos encuentros fue muy emotivo para mí, permanecen en mí como tesoros.

Mi primera experiencia de un encuentro de Taizé fue en Kolkata, India, en 2006. Mis días en Manila pasaron muy rápido, antes de poder darme ni cuenta. Tuve la suerte de descubrir la cultura filipina y de compartir la experiencia con muchos jóvenes en toda Asia. Fue una experiencia intercultural maravillosa para mí. La razón por la que decidí tomar parte en este encuentro, es, por supuesto, porque me encanta Taizé. Pero hay una razón más importante. En todo el mundo, es cada vez más difícil para las personas con discapacidad salir, mostrarse la sociedad. Quería mostrarme en esta silla. Quería decir con mi propia vida: "En el encuentro de Taizé, no hay diferencia entre los discapacitados y los que no lo son. “¡Que todo tipo de gente venga a tomar parte! ¡Que vengan también muchos discapacitados!” Esta fue la oración de mi corazón viniendo a Manila.

Estoy muy agradecido por las numerosas personas que han hecho el viaje conmigo y lo han hecho posible. Ha sido una peregrinación maravillosa, y una oportunidad de conocer a mucha gente. ¡Muchas gracias!

Ken Arita

Printed from: http://www.taize.fr/es_article10903.html - 23 October 2017
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