La preparación

Celebrar la vida con los chilenos

Septiembre fue un mes muy especial en todo Chile. Las fiestas del bicentenario marcaron el ritmo. La preparación de la peregrinación de confianza continúa... una tierra de hermanos parece cada vez más necesaria.

El año 2010 es el aniversario de los 200 años de independencia para muchos pueblos latinoamericanos. Obtuvieron su libertad respecto de los españoles. Fue un momento muy importante, por primera vez tras más de dos siglos de ser colonizados, decidían qué país querían construir para el futuro.

En esto contexto histórico hemos celebrado las fiestas patrias. Como otros chilenos más, hemos gozado con los cuatro días festivos que se dispusieron este año. Cada año, el 18 de septiembre, Chile recuerda la firma de su autonomía y su nacimiento como país moderno. En estas fiestas impresiona tanto ver cómo cada casa, cada bloque de viviendas, cada iglesia, cada rincón de cada ciudad o pueblo chileno saca su bandera y todo se para… cada uno se reúne con familias y amigos para preparar la comida típica: asado de carne y empanada. Se bailan cuecas con trajes típicos de “guaso y china” y se disfruta el ser nacido en este país. Nuestro equipo de voluntarios celebramos con la familia de Bibiana una gran fiesta en casa de sus abuelos. Se reúnen cada año unos cincuenta familiares y amigos para alegrarse por la vida. Ella es una joven universitaria que acoge a una de nuestras voluntarias. Su familia estaba feliz de recibir una representación de tantos países hermanos, fue precioso vivir la hospitalidad chilena y vibrar con su tradición.

Las fiestas de este año conmemorativo del bicentenario tuvieron su centro en la historia de los 33 mineros que aún siguen en el interior de la mina parcialmente derrumbada en Copiapó. Fueron encontrados a los 17 días del accidente y llevan ahora 6 semanas a 700 metros de profundidad. Recuerdo el día que se conoció la noticia de que seguían con vida. El día que se les pudo encontrar y comunicar desde las profundidades de la tierra. De pronto, de manera espontánea, se podía escuchar el claxon de los autos y ver banderas de Chile saliendo de sus ventanas y agitadas por el viento. El sentimiento de decepción y tristeza por las vidas de esos hombres contagiaba a muchos hacía tres semanas. Y sucedió algo increíble, hallar a tanta profundidad estos supervivientes era la mejor noticia que podía vivir Chile después de un año marcado por la tragedia del terremoto. Y era tanta la gente que expresaba gracias porque “Dios estuvo grande con ellos”. Las raíces cristianas de este pueblo son claras y en los acontecimientos de la vida diaria y en los hechos extraordinarios se expresan abiertamente.

Algunos de nosotros fuimos al sur, a la ciudad de Concepción, invitados por la familia de una voluntaria de nuestro equipo. Es una gran ciudad en la costa del pacífico. Allí, su familia fue muy generosa, pudimos visitar algunas de las zonas que el terremoto y el posterior tsunami arrasaron hace siete meses. Impresiona ver cómo edificios enteros de viviendas cayeron hacia un costado como si fuesen una maqueta, lo mismo que uno de los tres puentes sobre el río Bio Bio desapareció, otro está muy dañado que ahora se está reparando y el que se usa aún muestra los efectos del terrible sismo. En Talcahuano, zona cero afectada por la enorme ola que arrasó la costa tras el temblor, son evidentes los daños. Cada dos o tres casas que resistieron en pie, se observa el espacio vacío que ocupaban las que no aguantaron o el temblor o el maremoto posterior. Los rastros de los saqueos de comercios aún se pueden ver. Incluso aún quedan barcos pequeños y hasta grandes pesqueros en tierra. Aquellos que la fuerza de las aguas arrastró hasta el interior. La costanera –avenida junto al puerto marítimo- se está aún reparando y lo peor es comprobar cómo viven miles de familias en pequeñas viviendas de una sola habitación de unos 4 o 5 metros de longitud llamadas “medias aguas”. Están hechas de madera y chapa, se edifican de manera urgente tras desastres naturales, que por desgracia sufren a menudo en este país. Muchas de ellas las levantaron al poco del terremoto las manos de jóvenes provenientes del centro y norte de Chile. La solidaridad de este pueblo es grande, dejaron sus trabajos por un tiempo para ir en ayuda de los que lo perdieron todo.

Entretanto nuestro equipo de preparación sigue visitando y animando espacios de oración. Invitamos a jóvenes a participar en nuestra peregrinación personal. Sí, nosotros, los voluntarios somos extranjeros en esta tierra y vamos al encuentro de quienes no conocemos, queremos escuchar y compartir nuestras inquietudes. Ayuda tanto ver que, pese a las diferencias culturales, el centro de la vida cristiana es la misma: la Palabra, el silencio y la oración, vivir momentos comunitarios sencillos y alegrarnos porque Dios nos acompaña. Celebrar la vida semanalmente, diariamente volvernos al misterio de Cristo Resucitado.

Santiago ofrece distancias lejanas algunas veces y el tiempo que consumimos al desplazarnos agota. Las voluntarias que visitan la zona norte de la ciudad descubren que, pese a que la acogida será sencilla y con pocos medios, es un regalo acoger al desconocido. En la zona oriente y poniente nuestras voluntarias no paran de ir a iglesias y colegios. Tras cada encuentro siempre hay una serena alegría, una palabra, un pequeño gesto que nos empuja a seguir apoyando a los hermanos de Taizé y las hermanas de San Andrés. Aún más lejos que la zona oriente, desde la vicaría del Maipo se preparan para recibir también “chiquillos”. En general suelen estar esperando nuestra visita e invitación. Y cada día hay oraciones por la tarde y reuniones de equipos de preparación. La zona sur es la que contrasta más fuertemente con la vicaría cordillera. Las diferencias sociales son marcadas. En la primera desde que se inició la preparación la respuesta fue rápida y empezaron a trabajar. En la zona cordillera se concentran el mayor número de colegios religiosos. Es un gran desafío llegar a los jóvenes que participan desde su colegio o su movimiento para que formen parte de esta peregrinación a través de la tierra.

Un sueño para Chile (Card. Silva)

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