La Carta de Taizé

¿Qué haces con tu libertad ?

La "Carta de Taizé" es publicada 4 veces al año. En esta página ponemos a tu disposición más testimonios que están en relacionados con el tema del número actual: «¿Qué haces con tu libertad?», inspirado de la cuarta página de la carta de China, del hermano Alois.
«¿Qué haces con tu libertad?» En Europa, como también en otras regiones del mundo, está pregunta resuena cada vez con más fuerza.

Perdón que libera

Ryan (Malta)

Todos podemos ser libres. Cuando uno se da cuenta de que Jesús nos ama a pesar de todo, eso ya es libertad. Uno puede ser más libre cuando sus relaciones con los demás son buenas, con la familia, con los amigos, con los colegas… Pídeles perdón si alguna vez les haces daño y, si te piden perdón, perdónales. Así podrás disfrutar de libertad interior y de un corazón pacífico. Así la mente está libre de pensamientos negativos y llena de actitudes positivas, dispuesta a regocijarse con los demás.

Con una libertad así, intentaré servir a Dios ayudando a los que sufren necesidades materiales, a los que necesitan amor y alguien que les escuche.

Y, sobre todo, compartiré con los demás cómo he logrado mi libertad, les hablaré de Dios y del Evangelio.

Utilizando la libertad

Kristin & Maria (Alemania)

La libertad puede ser peligrosa para la fe cuando no se usa bien. Por ejemplo, en la historia bíblica sobre el vellocino de oro, los israelitas no utilizaron bien su libertad y, probablemente, no habrían reconocido su error sino hubiera sido por Moisés. Por eso, la forma en la que utilizamos nuestra libertad es importante para nuestra fe. La separación entre libertad y dependencia no es muy grande. Cuando alguien acepta ciertas cosas son importantes para la persona y para la comunidad, entonces pasan a formar parte de nuestra libertad personal, aun cuando otras personas las consideran limitaciones. En Taizé podemos ver que la vida común funciona y que la libertad es algo bueno.

¿Qué hacemos con nuestras opciones?

Stephen (Inglaterra)

Vivimos en una época en la que el deseo y la satisfacción del deseo se confunden con el uso adecuado de nuestra libertad. Como jóvenes, creo que esto no nos ayuda a descifrar la verdadera llamada de Dios entre todo el ruido, la confusión y las exigencias incompatibles de todos los deseos a los que debemos responder.

Sin embargo, cuando encontramos nuestra fe en su plenitud y nos sentimos llamados a acercarnos al corazón de Dios, empezamos a vislumbrar nuestro deseo más profundo... de Él. En última instancia, lo único que puede satisfacernos plenamente es el amor en Dios y nuestro viaje hasta las profundidades infinitas del Señor. Sin embargo, recibimos el don gratuito de cómo responder a Dios, a esa llamada singular en nuestras vidas y la libertad de manifestar nuestro amor hacia Él.

En el centro de nuestras opciones verdaderas, por lo tanto, se encuentra la decisión libre de amar a Dios, de escuchar lo que dice y de responder a la mayor realidad de la vocación individual para la que hemos sido creados.

Elegir la vida

Franziska (Alemania)

En febrero pasé dos semanas en un centro psicológico como parte de mis estudios de trabajo social. Un centro psicológico, sobre todo los sectores que están “cerrados”, es un sitio en el que no es fácil encontrar libertad. Los que viven allí no pueden abandonar el hospital, a veces ni siquiera su habitación, porque las puertas están cerradas. Fue una sensación extraña porque yo podía entrar y salir de la parte "cerrada" del hospital a mi antojo, ya que tenía llave, pero los que viven allí no. Hay hasta una sala en la que se observa a la gente durante 24 horas al día. Puertas cerradas, salas vigiladas -sin privacidad-, nada de libertad.

Pero esas personas también son llamadas a ser libres y a tener sus propios deseos, su propio comportamiento y a moverse por donde quieran y cuando quieran. En primer lugar, se trata de derechos humanos y, en segundo lugar, Dios también los llama a la libertad, de la misma manera que a los médicos, a los psicólogos y al resto de las personas. Y creo que no tenemos la responsabilidad de juzgar cuando se utiliza la liberta de manera adecuada, sino de construir un lugar donde podamos servir de ayuda a estas personas sin menoscabar su libertad.

Un ejemplo más concreto. En la parte “cerrada” están las personas que han intentado suicidarse, o que quieren hacerlo. Así las vigilan para evitar que sean un peligro, en este caso para sí mismos. Tuve una experiencia con una mujer. Una mañana se acercó a uno de los trabajadores sociales y le dijo: “Anoche quise acabar con mi vida. Sentía que no había salida y que no había más que hacer. Me monté en el coche, conduje hasta la estación y paseé cerca las vías. Poco después, volví al coche y regresé al hospital porque quiero vivir. Necesito que me ayude.” Me conmovió enormemente porque sabía que esa noche había sido una experiencia de libertad para la mujer, un momento de libre voluntad en el que decidió vivir.

Sacar provecho de la libertad, incluso si está limitada

Monika (Hungría)

Hoy, en Europa, y en todo el mundo, tenemos cada vez más oportunidades. Nuestra libertad parece ilimitada; creemos que podemos hacerlo todo y nos olvidamos del enorme valor de este legado. A veces, en un mar de opciones, nos olvidamos de que la libertad viene acompañada de responsabilidad con respecto a uno y a los demás.

Hace poco oí la historia de un hombre que había sido condenado siendo inocente y que había pasado muchos años en la cárcel. Podríamos pensar que, una vez liberado, intentaría sacar provecho de todas las oportunidades posibles para disfrutar de su libertad. Pero cuando por fin llegó a su casa, lo primero que hizo fue dar gracias a Dios, y lo expresó ayunando durante varios días. ¿Qué significará para él la libertad verdadera? ¿Y para ti? ¿Qué haces con tu libertad?

Entrar en una relación personal con Dios

Silja (Estonia)

Crecí en una familia cristiana pero nunca tuve una relación personal con Dios, de manera que siempre me sentí muy limitada en mi libertad. En la adolescencia, me aparté de Dios y empecé negar su existencia. Creí que podía hacer lo que quisiera, que eso era mi libertad. Pero en realidad la perdí por completo.

Mi vida se convirtió en miseria. Me metí en problemas muy graves. Drogadicta durante muchos años y alcohólica desde los 14. Mi vida no tenía sentido. Elegía "libremente" pero no hacía más que hundirme. Me hice adicta de todo aquello que probaba.

Durante todo ese tiempo, mi hermana rezaba por mí y, un día, Dios empezó a hablarme. La alegría, la paz y la felicidad adquirieron un nuevo significado. Ahora sé que el mero hecho de formar parte del plan de Dios nos libera. Consagrarse a Dios en todo libera nuestro espíritu. Me devolvió a la vida.

En este documento encontrarás los testimonios en una compaginación sencilla.

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¿Qué haces con tu libertad?

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