Encuentro de Rotterdam

« La fiesta terminó, pero su legado permanece. »

El domingo 16 de enero más de un millar de personas se reunieron a Laurenskerk, la iglesia más grande de Rotterdam, para una oración de acción de gracias por la peregrinación de confianza en los Países Bajos. La alegría y la gratitud por este bello encuentro europeo estaban muy visibles en las caras.


Los hermanos agradecieron las autoridades por su colaboración, las iglesias y todos los que ayudaron a preparar este acontecimiento, así como a las miles de personas que acogieron a los participantes. Hubo una mención especial para el « stuurgroep » local que ayudó a los hermanos en la organización central del encuentro.

La presencia de treinta mil jóvenes en Rotterdam durante cinco días ha dejado semillas de confianza y también de alegría, de compasión y de perdón: las tres palabras que fueron escritas con grandes caracteres en el Sportpaleis de Ahoy y que atgraviesan la Carta de Chile. Cada uno fue invitado a ocuparse de estas semillas y a continuar la peregrinación de confianza en su vida diaria, a nivel personal, con su familia y en su iglesia.

Durante la oración, Arjan Plaisier, secretario de la Iglesia Protestante de los Países Bajos, hizo una corta meditación sobre la lectura (Lucas 9, 10-17):

«La multiplicación de los panes, es un milagro que continúa. El evangelista nos hace mención de esto dos veces, dos veces un milagro de pan. Dos veces a propósito de un "compartir", dos veces a propósito de una "multiplicación". Jesús no vino para reducir sino para aumentar, no con vistas a un empobrecimiento, sino a un enriquecimiento, no para que falte, sino que para la abundancia. Él vino para compartir el pan. Y así como el pan solo no sacia, él mismo se partió y se repartió.
 
Este pan debe ser compartido. Hay una comunidad que comparte este pan, una comunidad llamada reunirse por esta razón. Sin comunidad, nada funciona. Recibimos a los hermanos de Taizé, en conjunto con las hermanas de San Andrés. Es como con los discípulos: la comunidad de Taizé nunca contó con grandes muchedumbres y ella también fue al principio un poco intimidada por esta orden: «Dadles de comer». En el Reino del Dios, las cosas pasan. La pregunta es saber si queremos que pasen.
 
En el curso de los años, muchos se implicaron como voluntarios en el ministerio de Taizé. Amigos alrededor de una comunidad que reza. Él también estuvo allí para el encuentro europeo: estamos agradecidos por todas estas manos que ayudan. Manos tendidas, manos que comparten. Voluntarios de Taizé pero también numerosos voluntarios de las iglesias y otros venidos de fuera del círculo de las iglesias. Todos escucharon el mandato de Jesús: dadles a comer.
 
Todo esto es una cuestión de muchedumbre, del gran número, tal que lo nombramos en las antiguas traducciones. ¿De donde vinieron? No sabemos. Lucas habla de 5000. Nosotros también, nosotros los vimos 5000, 4 veces, 5 veces, 6 veces. ¿Qué es lo que los inspiró? ¿De Ucrania, Albania, Polonia, la Francia, los Países Bajos? No sabemos, de la misma manera que no sabemos nada de esta gente en el Evangelio. Sin embargo, los recibimos. Fuimos testigos del milagro. Es el milagro de Jesús, del Señor resucitado, el centro silencioso de todo lo que hacemos, el centro silencioso de Taizé a orillas del Mosa.
 
Doce cestas sobraron. Taizé a Ahoy terminó, pero somos llamados administrar la "demasía". Para hacer algo. La fiesta está acabada, pero la herencia permanece. Así es como el milagro continúa. Es a esto que vamos a dedicar nuestras fuerzas en los tiempos venideros. 12 cestas, es ciertamente bastante para los 12 meses próximos.

Al fin de la oración, el obispo de Rotterdam, Mgr. A.H. Luyn, habló de cuatro dones recibidos del Señor, a través de Taizé, que no cesarán de dar frutos en los años próximos:

« En primer lugar para las iglesias en nuestro país, en particular para nuestra diócesis: un impulso que persigue y que inspira un diálogo con las nuevas generaciones sobre el sentido de la vida y el impulso que consolida la fe por medio de iniciativas pastorales de oración y de reflexión, de encuentro y de comunión y de solidaridad. Gracias a las familias de acogida estas iniciativas ya han sido concretadas durante el encuentro europeo. Hay que esperar que esto continúe y se desarrolle en nuestra diócesis.
 
Ell hecho de haber preparado proyectos comunes y encarado juntos el encuentro europeo invitando las iglesias - la Iglesia protestante en los Países Bajos y la Conferencia episcopal holandesa con el sostén del Consejo de las Iglesias - es un estimulante importante para el movimiento ecuménico en nuestro país. Esto tuvo un impacto positivo y se proseguirá en otros proyectos para demostrar la vocación y la misión de Cristo y su Evangelio en la sociedad occidental.
 
Además, este acontecimiento de Taizé fue un testimonio de fe y de confianza en Dios, de unión con Cristo y en Cristo a la comunidad de sus discípulos y su misión evangelizadora en la sociedad. En los medios de comunicación fue muy impresionante el ver que tantos jóvenes se comprometieron intensamente y simplemente durante varios días en la espiritualidad y la solidaridad: un testimonio de contracorriente evangélica en contra de la secularización y de la individualización siempre creciente, como también del materialismo, de nuestros países europeos.
 
Finalmente, el encuentro europeo contribuyó al proceso de unificación de Europa. Más allá de las barreras de lengua, de cultura, de identidad nacional y de historia, los jóvenes se reencuentran y se dan cuenta de valores humanos y humanizadores que impulsan a una Europa unida, encontrándoles confirmación e intensificación en el Evangelio. El encuentro con Taizé hizo a los jóvenes conscientes de la co-responsabilidad de Europa por la paz y la justicia a través del mundo, ahora y para las generaciones futuras. Con razón el eermano Alois en su meditación nos llamó la atención sobre países como Haití, que encuentran problemas superiores. »

Después del obispo, tres jóvenes compartieron sus experiencias en esta peregrinación de confianza antes, durante y después del encuentro. Los responsables de los servicios de pastoral de jóvenes católicos y protestante de los Países Bajos dieron el último testimonio, hablando de la alegría de haber podido trabajar juntos para proyecto. Subrayaron lo inédito del acontecimiento y que dicha colaboración va seguramente a continuar y a desarrollarse.

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Varios jóvenes enviaron a Taizé algunas líneas sobre su experiencia en Rotterdam. He aquí dos testimonios:

El encuentro me ayudó a comprender quién soy

 
Para mí este encuentro sobrepasó lo que yo me esperaba. Recibí de Dios lo que había pedido en la oración, y aún más. Esto me ayudó a comprender quién soy. Comprendí a qué punto cuento para Dios. Quería construir mi identidad, la confianza en mí mismo sobre lo que hago, sobre el número de mis amigos, sobre mi éxito en el trabajo y en la vida. En cierto momento tuve todo esto, sin embargo algo faltaba. Así como alguien me lo dijo antes del encuentro: «Puedes construir la confianza en ti mismo sólo sobre el Dios.» Comprendí qué es el amor único, sin él es como si se buscara un camino hacia ninguna parte, es sólo cansarse. Hay que atrapar lo que te es dado, incluso si es una cruz a tu vida, Dios te ayudará a atravesar tus dificultades y a llevar tu cruz, no estás solo. Tu vida puede ser un camino de alegría y de felicidad.
Bartek (Polonia)

Más allá del encuentro, nuevos puentes entre las personas

 
Soy voluntario en Taizé desde marzo de 2010 y ayudé a preparar el encuentro europeo de Taizé a partir de los finales de septiembre. Cuando llegué a Rotterdam con un grupo internacional de once otros voluntarios, cuatro hermanos de Taizé y tres hermanas de San Andrés, no sabía a qué atenerme. La sola cosa en la que pensaba era: « Es increíble vivir esto juntos y trabajar todos juntos hasta finales de diciembre. Todo lo que haremos será para permitir estos cinco días durante los cuales Rotterdam estará llena de jóvenes. »
 
Debo ser honesto. Era muy escéptico en cuanto a mi propio país. Escéptico en cuanto a la hospitalidad, a la apertura de la gente, en la situación de las iglesias, a los jóvenes y muy escéptico en cuanto al hecho de la posibilidad de vivir con Dios en este país donde me había sido imposible hacerlo algunos años antes. Quizás tal vez en lugar de ’escéptico ’, debería emplear la palabra ’asustado ’.
 
Mi país se caracteriza, cada vez más, como una sociedad individualista, materialista, secularizada y basada en el resultado. Una tendencia que es similar en muchos países. Holanda es conocida por su apertura de ideas. ¿Pero hay también una abertura del corazón?
 
Durante el período de la preparación, encontré mucha gente. Descubrí mi propio país de manera completamente diferente. Después de varias semanas, me di cuenta, y esto puede parecer extraño, que lo más importante no es el encuentro europeo en si mismo. Por supuesto, es bello que tantos miles de jóvenes vengan de todas partes para encontrarse, descubrir un nuevo país, conocer a la gente que vive allí, cantar, ser silencioso y rezar juntos, compartir unos con otros tanta cosas buenas de la vida como dificultades y preguntas esenciales.
 
¿Pero por qué simplemente no organizar este tipo de encuentro a Taizé? ¿Por qué en medio de una gran ciudad? ¿Por qué gastar tanta energía y esfuerzo para encontrar familias de acogida? ¿Por qué pedir a tantas iglesias quiénes no conocen en absoluto Taizé de organizar oraciones para el encuentro, incluso si no hay jóvenes que frecuentan su iglesia? ¿Por qué pedirles a miembros de las iglesias locales encontrarse cada semana o cada dos semanas mientras que su agenda ya está atiborrada de citas?...
 
La eficacia es una palabra importante a los Países Bajos. « El tiempo, es el dinero ». Incluso al momento de las reuniones de preparación en las iglesias locales. Si una reunión no es eficaz, no es útil. Esto me ha dejado verdaderamente estupefacto . Una tarde, estaba en una iglesia para una reunión del grupo de preparación. Había nueve personas. Estábamos a más de dos meses del encuentro. Todas estas personas no se conocían mucho. Pasamos la primera hora viendo todos los puntos de acción. Entre estas personas había más de quince sub-grupos. Algunos responsables del té, de la limpieza de los aseos y así sucesivamente... ¡Una organización perfecta! Y entonces les hice la pregunta: « ¿Por qué usted está aquí? »
 
Descubrí que el encuentro europeo no era el fin en sí, sino que es un puente. Un puente entre las iglesias que a menudo trabajaban por primera vez juntos. Entre las generaciones, trabajando verdaderamente juntas y dándose, a unas a otras, un espacio adaptado a cada una. Puentes entre un barrio y una iglesia, que debe buscar familias de acogida y testigos de esperanza fuera de su círculo habitual. Entre la Iglesia y la sociedad, a través de los medios de comunicación y los numerosos no cristianos que acogieron a jóvenes o participaron de una manera o de otra para el encuentro. Para decirlo más en pocas palabras: un puente entre las personas, entre las personas mismas y entre las personas y Dios.
 
Para algunos ver que tal encuentro es posible en nuestra sociedad moderna es un gran signo de esperanza y esto da mucho coraje y confianza para el futuro de la sociedad y para el futuro de sus propias vidas. Ver que vivir con Dios es una elección que todos podemos hacer. Donde, cuando y quienquiera que seamos.
¡Podemos escoger vivir con sinceridad de corazón y en este camino nunca estaremos solos!
 
Hein (Holanda)

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