Ucrania

Reunidos por la resurrección de Cristo

Unos días después de Pascua, un hermano de Taizé visitó varias ciudades de Ucrania, pensando ya en los encuentros del verano a Taizé, en los cuales participan muchos jóvenes de este país.

Te ofrecemos a continuación algunos ecos de estas visitas:

Kharkov: Una amistad que se vuelve cada vez más profunda

La primera etapa de mi visita fue en una de las dos grandes ciudades del este del país, Kharkov. Una bella amistad nos une desde hace tiempo con cristianos de diferentes denominaciones. En la universidad un encuentro fue organizado por un profesor de filosofía, de confesión ortodoxa, el mismo permitió evocar la vida de la comunidad y los encuentros de jóvenes. Desde Kharkov también se decidió una visita a otra ciudad del país, que no estaba prevista: signo de que los cristianos del este y del oeste aprenden a conocerse y a crear con el tiempo una red de amistades.

Dniepropetrovsk: La memoria viva de los sufrimientos del último siglo

Luego debía hacer etapa a Dniepropetrovsk ciudad sobre el Dniepr, el río que fluye a través de todo el país de norte a sur. Además de un encuentro en la universidad de derecho y de economía pude visitar en un pueblo vecino un lugar donde una iglesia fue destruida totalmente en los últimos años del régimen soviético... la memoria de este período tan difícil es siempre vivaz.

Dovbysh: La alegría de estar juntos

Después de una noche en autobús, pude ganar la región de Zhytomir para participar en un fin de semana de encuentros y de oración con jóvenes que se preparan a venir a Taizé este verano. Algunos también habían participado en el último encuentro europeo en Rotterdam. Cantos de Taizé, comida ucraniana excelente, pequeños grupos de reflexión: pasamos muy buenos momentos con estos cincuenta jóvenes. Recogidos en la oración saben también dejar, a su debido momento, estallar una verdadera alegría, la de estar juntos. Antes de mi partida, un joven me pidió rezar por él – otro signo de confianza que hay que acoger con agradecimiento.

Lviv: La fe en la resurrección, vector de comunión

Respecto al pasado reciente existen hasta la fecha diferencias de apreciación que crean a veces verdaderas tensiones en el país. En este contexto tenso fue importante participar, en Lviv, al aniversario de la fundación de la gran ciudad del oeste. Alrededor del sitio central de Rynok hubo cantos tradicionales, niños en ropa ucraniana tradicional, manifestaciones diversas que le daban a la ciudad una atmósfera de alegría. El domingo al mediodía los representantes de todas las Iglesias de la ciudad ofrecieron, cada uno a su momento, una oración de bendición. Todos se reunían, para comenzar o concluir su oración, entorno a estas palabras: «¡Cristo ha resucitado!» Nunca he escuchado tanto en mi vida este saludo de Pascua como en el transcurso de estas dos semanas de visitas... Fuimos acogidos calurosamente en la casa ’Points-Cœur’ que comenzó allí su obra social hace cinco años.

Kiev: De la capital ucraniana a Taizé y vice-versa

Finalmente pude pasar varios días en la capital del país. Reencontré allí un grupo de jóvenes ortodoxos de que acababan de terminar una semana en Taizé. Tuve el regalo, durante estos días, de compartir también el cotidiano de una familia ucraniana. Como a cada una de mis etapas en las diferentes ciudades he sido acogido muy generosamente. Esta última posta trató de visitar sobre todo a los amigos, de rezar en la cripta de una iglesia católica, de compartir con los cristianos ortodoxos sobre la reciente peregrinación del hermano Alois en Moscú, etc. En la universidad Mohyla de Kiev los contactos se profundizan con el centro Santo Clemente y los lazos fraternales se hacen más patentes.


Ucrania es un país atractivo. Es como estar en la encrucijada de diferentes tradiciones culturales y eclesiales. El hecho que los niños crecen, cada vez más, aprendiendo el ucranio pero también ruso da una apertura sobre el mundo desde la más joven edad. Aunque la crisis económica siempre se siente, hablaremos mucho de Ucrania el año próximo (sobre el plano deportivo) gracias a la organización de la Euro 2012, conjuntamente con Polonia. Por mi parte pudimos experimentar que las Iglesias locales son verdaderamente «lugares de bondad del corazón y de confianza, lugares donde nos acogemos mutuamente» (Carta de Chile).

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