La carta de Taizé

Deseo de perdón

La Carta de Taizé se publica trimestralmente. En esta página presentamos algunos textos sobre el tema del último número, “Compasión sin límites”. Cada texto es un comentario sobre un extracto de la "Carta de Chile [http://www.taize.fr/IMG/pdf/esletter-2.pdf]".
Cada ser humano tiene tanta necesidad del perdón como del pan cotidiano. Dios lo da siempre gratuitamente, “Él que perdona todas tus ofensas”. Abrir las manos en la oración es un gesto muy simple que puede expresar nuestro deseo de acogerlo.
Joseph (Vietnam)

Al venir a Taizé, a menudo me pregunté cómo es posible que personas de países, culturas y hasta de religiones tan diferentes podía rezar y vivir juntos. En la iglesia observé que al principio de la semana algunos tenían dificultad para guardar el silencio. Pero con el paso de los días, la mayoría rezaban con alegría entrando en profunda relación con Dios. Además muchos son capaces de compartir con otros sus experiencias espirituales y al mismo tiempo participar en las tareas comunes incluso si son fastidiosas o difíciles... ¡Todos parecen vivirlo con alegría, y una alegría verdadera!

¿Cómo es posible? Todos hacen caso omiso de sus diferencias y se unen en la oración y en la vida común. ¿Tal vez comprenden que Dios los ama sin cesar y que perdona todo sin condición? Como se sienten amados, su corazón está lleno de alegría y quieren compartirla.


Cristo distingue entre la persona y la falta cometida. Hasta su último aliento sobre la cruz, ha rechazado condenar a nadie. Y lejos de minimizar la falta, la ha tomado sobre sí.

3 Eze (Nigeria) 3

El perdón es una actitud de amor que acepta todos los errores para poder estar en paz. No podemos estar en paz con los demás si no comenzamos por reconciliarnos consigo mismo. Como cristianos podemos hacerlo aceptando que Cristo nos perdona primero.

A mi parecer, perdonar no es tan fácil como parece: es también un compromiso y una responsabilidad. Comprendí que esto podía ser posible sólo por la gracia y el amor de Dios. Fnalmente querría decir que reconocer a Cristo que nos ama y nos perdona significa recibir su presencia en nuestras vidas. Es allí dónde la paz, la libertad y la reconciliación con nosotros mismos y con la creación de Dios echan raíces


Acoger y transmitir el perdón de Dios, ése es el camino que Cristo ha abierto. Nosotros avanzamos por él a pesar de nuestras fragilidades y de nuestras heridas. Cristo no hace de nosotros mujeres y hombres que han llegado ya a la meta.

3 Daniel (Costa Rica) 3

En el curso de los dos últimos años luché conmigo mismo para decidir lo que quería hacer de mi vida. Tomé decisiones pero no fueron las indicadas, me quedé sin esperanza y sin confianza. Pero durante mi estancia en Taizé pude comprender que acoger el perdón de Cristo significaba primero perdonarme a mí mismo.

Acepté que me había equivocado y esto me ayudó a curar mis heridas. Hasta comprendí que los errores podían iluminarme ya que comencé a descubrir quién soy y lo que quiero hacer de mi vida. Saber esto no nos priva del temor, o no significa que mi existencia será siempre fácil, sin embargo, quiero correr el riesgo: el perdón que viene de Cristo me devolvió a la vida.


Pobres del Evangelio, no tenemos, como cristianos, la pretensión de ser mejores que los demás. Lo que nos caracteriza es simplemente la opción de pertenecer a Cristo. Al hacer esta elección queremos ser totalmente consecuentes.

3 Jessica (Nueva Zelanda) 3

Una de las alegrías que me proporciona el hecho de ser cristiana reside en la elección cotidiana de pertenecer a Cristo. Esta elección no es de tipo pública pero es una elección personal que hago con Cristo. Afirmar continuamente mi compromiso de pertenecerle me pide vivir mi fe activamente, siendo simple y humilde de corazón. ¡Esto requiere perseverar en Cristo, no para hacerme notar sino porque decidí escuchar lo que Cristo me confió y porque elegí seguirlo!

Aunque escoja pertenecer a Cristo cada día me doy cuenta que en numerosas ocasiones mis preguntas y mis dudas me hacen pensar que no puedo. Y en esos días, le rezo, confiándole mis dudas y mis preguntas, y le pido que me ayude para que, con mi poca fe, elija pertenecerle siempre.


“El cristiano es un hombre que vive del perdón, que sabe bien que todos los días trasgrede los mandamientos de Dios, pero que todos los días retorna también a Dios, y que sabe, con una certeza invencible, que Dios tendrá la última palabra sobre su vida. Cristo se ha hecho cargo de él, se ha responsabilizado de él ante su Padre; no está solo en la lucha, aquel a quien se ha entregado no le abandonará jamás. (Suzanne de Diétrich (1891-1981))

3 Mel (Chile) 3

Reflexionando sobre el perdón pienso obviamente a la parábola del hijo pródigo y también en la segunda carta de Pablo a los Corintios (5,18-21). Jesús distingue entre la persona y el pecado que cometió puesto que el ser humano pertenece al Padre y el pecado es una caída en la tentación que pone a prueba nuestra fe. Pero el Padre, en su misericordia infinita, nos concede la libertad en plenitud. Pacientemente espera nuestra vuelta del largo viaje que habíamos decidido emprender porque no nos sentíamos a gusto en su casa.

Y es él quien deja inmediatamente lo que estaba haciendo cuando nos ve en el camino. Sin juicio prematuro corre a nuestro encuentro y al ver nuestro arrepentimiento nos abraza con la ternura de un amor desconocido en este mundo. Sin pedir nada a cambio prepara para nosotros una fiesta. Él es sencillamente feliz de nuestra vuelta y celebra con todos la llegada de su hijo perdido. Es ahí cuando nos entregamos a él, es esto la reconciliación: la ternura infinita del amor filial.


“El cristiano no sólo pertenece a Jesucristo como sin duda le pertenecen todos los humanos, sino que le pertenece a Él en el sentido de que la obra que Jesucristo realiza en el mundo es el sentido de su propia acción, la lucha que Jesucristo libra en la oscuridad contra la oscuridad es la causa a la cual se entrega y se compromete” (Karl Barth, 1886-1968)

3 Abigail (Malta) 3

Cristo dijo: «Quien quiera seguirme que se niegue a si mismo, que tome su cruz y que me siga.» (Mt 16,24). Como ser humano no es fácil vivir como verdadera cristiana. Estoy confrontada con obstáculos y con negativas. Las preguntas y las dudas también emergen. Hay en mí un combate permanente entre lo que el Dios quiere y lo que yo deseo. Es entonces que me acuerdo que hasta en la noche más oscura, Jesús está cerca de mí. Él es mi luz y mi guía. Hacia él alzo mi alma. Es bueno confiar y esperar en el Señor. “Puedo todo en aquel que me hace fuerte” (Ph 4,13). Con él voy a tener éxito.

En este documento encontrarás los testimonios publicados en la "Carta de Taizé":

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