Indignación, pasividad o compromiso

En esta página, publicamos los textos sobre el último número publicado de la Carta de Taizé. Cada uno de los testimonios es un comentario a un fragmento de la « Carta de 2012 – Hacia una nueva solidaridad ».

Unos jóvenes españoles que participan en Madrid en el movimiento de « los indignados » han escrito : « No sabemos que ocurrirá si la situación no mejora. Hay mucha gente en paro, que están perdiendo sus hogares y sus derechos fundamentales [...] » (nota 6)

Marga (España)

Un año después de la ocupación de la Puerta del Sol, la última acción en la que participé consistió en manifestarse de una manera divertida, con sentido del humor. Cuando la tensión parecía crecer entre los manifestantes y la policía, nuestro grupo tenía como objetivo hacer reir, en la medida de lo posible, a una parte y a la otra con el fin de evitar un conflicto violento entre ambos. Por ello, buscamos nueva maneras pacíficas y divertidas de manifestarse, que no permitiesen que la violencia se desarrollará alrededor de nosotros. Frente algunas acciones de la policía, no era precisamente siempre fácil mantener la paz interior ; pero poco a poco, trabajando, riéndome y compartiendo todo ello con los amigos de mi alrededor , comencé a sentir una paz profunda y creciente que proviene de lo más profundo de mi ser y se difunde a mi alrededor. De vuelta a mi vida cotidiana, tengo el sentimiento de que mi vida no me pertenece en exclusiva sino que estoy unida a los demás. ----

El impulso hacia una nueva solidaridad se nutre de convicciones arraigadas : la necesidad de compartir es una de ellas. Es éste un imperativo que puede unir a los creyentes de diferentes religiones, y también a creyentes y no creyentes.

Simon (Alemania)

Durante el periodo de preparación del encuentro europeo de Berlín, viví con una familia de Neukölln, un barrio de Berlín donde viven muchos inmigrantes. En el momento de mi partida, estaba muy intranquilo porque había oido muchas cosas negativas sobre el barrio.

Luego, durante mi estancia allí, descubrí que esos inmigrantes, a los que se considera frecuentemente como una fuente de problemas, eran los que más interesados estaban en la preparación del encuentro. También eran los que me saludaban de manera más amable. En seguida, hablé con algunos de ellos del encuentro; Les invité a participar en él si querían. Se daban cuenta y valoraban lo que significaba este encuentro que reúne a miles de jóvenes de toda Europa para orar y vivir juntos durante unos días en la confianza, la reocnciliación y la paz. Frecuentamente, ellos mismos se sorprendía que un alemán les invitase a un evento cristiano– algo a lo que no asistían.

En este mismo barrio, una asociación musulmana ofreció su sala de reuniones para alojar a los jóvenes participantes en el caso de que no encontrasemos suficientes espacios para ello. Este fue para nosotros un auténtico signo de reconciliación, hacia una nueva solidaridad entre los seres humanos. Si de verdad queremos continuar esa peregrinación hacia una nueva solidaridad, es preciso que nunca dejemos de hablar con los inmigrantes desde el respeto. Asimismo, debemos hacer todo lo posible para ayudarles a integrarse cada vez más en la sociedad, de modo que encuentre su lugar en ella.


Para iniciar una solidaridad, vayamos hacia el otro, aunque sea con las manos vacías, escuchemos, intentemos comprender al que no piensa como nosotros… y entonces, una situación bloqueada puede transformarse.

Francesco (Italia)

Durante un viaje a América latina, como voluntario de Taizé, visité un barrio de una gran ciudad donde viven familias muy pobres. Ellas viven en casas muy pequeñas y muy sencillas, donde ocho personas en ocasiones comparten una pequeña habitación. Se mantienen de la fabricación de ladrillos : cada día, moldean los ladrillos, los secan y después los vendes a las empresas. Es el único medio de ganarse la vida … o más bien de sobrevivir. Los niños andan sin zapatos porque no tienen dinero para comprarlos. Desde mi punto de vista, se mostraron muy acogedores. Visité algunas de las familias con un voluntario que trabaja en el barrio y conoce cada uno de los hogares. Durante toda la tarde estuvimos jugando con los niños que eran alegres y felices: una señal de esperanza en una situación díficil.

En este documento, encontraréis los testimonios de jóvenes publicados en la versión en papel de la «Carta de Taizé», sin paginar :

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