El papa Francisco, esperanza de renovación en la Iglesia


Declaración del hermano Aloís

A Roma, en la plaza San Pedro, en medio del inmenso gentío de romanos y de peregrinos del mundo entero, las primeras palabras del papa Francisco me llenaron de profunda alegría. Esperábamos una novedad con esta elección y esto se produjo. El origen de este primer papa venido «del fin del mundo» expresa la dimensión universal de la Iglesia. El nombre que ha elegido evoca la alegría y el amor por los más pobres que amaba Francisco de Asís y que supieron estar hasta estos días al centro de su vida en Argentina.
 
El cultiva de la fe de los cristianos de América latina su visión de la relación entre el pueblo y su obispo. «Comencemos este camino: el obispo y su pueblo», «un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros», dijo insistiendo así en su misión de obispo de Roma. Quienes estaban presentes en la plaza quedaron visiblemente impresionados del hecho que el nuevo papa, antes de bendecirlos, haya pedido su oración inclinándose y guardando un largo silencio.
 
Al pedir rezar por Benedicto XVI, su predecesor, supo aliar la necesidad de la continuidad a la promesa de la novedad. Junto a la multitud presente para saludarlo y acogerlo, me conmovió que haya alargado nuestra atención a los confines de mundo al decir: «Oremos por el mundo entero para que advenga una gran fraternidad».
13 de marzo de 2013

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