A la escucha de los jóvenes de Europa

En esta página queremos transmitir las iniciativas solidarias que involucran a los jóvenes estudiantes, jóvenes profesionales, en la Iglesia o fuera de ella. Si tienes un ejemplo de un compromiso que quieras compartir, escribir a echoes taize.fr.

Huelva - Una experiencia solidaria en el sur de España

Pierre, un joven voluntario francés, escribe este artículo después de una experiencia esta primavera con Andrea, de Italia, en la provincia de Huelva, en el Sur de España.


Tuvimos una maravillosa experiencia por un mes en Isla Cristina, un pequeño pueblo con 20,000 habitantes. Huelva es la provincia española con el más bajo estándar de calidad de vida, y la más alta tasa de desempleo y de deserción escolar en Europa.

Y nosotros – un voluntario italiano y francés, con un hermano de Taizé español – ¿qué íbamos a hacer ahí? Simplemente queríamos ofrecer un periodo corto de nuestras vidas para compartir con aquellos que viven al extremo sur de Europa, donde encuentras tanto el sol como la angustia, una ansiedad latente. Llegamos allí con las manos vacías, para una simple presencia solidaria llena de oración con aquellos en dificultad, sabiendo que podíamos hacer muy poco.

En Caritas, llenamos bolsas de comida, ayudamos con carretillas, a abrir la puerta… Cosas muy simples, viviendo una dimensión de acogida, escuchando, atentos. La pobreza no era visible en la calle, pero en Caritas, vimos personas que necesitaban asistencia material (comida, pagar la electricidad), pero que requieren sobre todo recobrar su dignidad. Nos quedamos con imágenes de lágrimas en sus rostros inclinados por la vergüenza de tener que pedir ayuda..

Los voluntarios que trabajan ahí son personas normales, gente ordinaria que quiere ayudar de cualquier forma posible, en situaciones tan diversas. También tuvimos la oportunidad de escuchar de otro lugar de esperanza: “Naim”, un centro de rehabilitación para jóvenes adictos a la droga; o “Puertas Abiertas”, que diariamente acoge a personas de la calle para compartir una taza de café, proveer una ducha y un poco de bondad humana.

Teníamos tres oraciones al día. La primera, en la mañana, en la privacidad de un departamento donde vivimos, en un bello oratorio hecho de cajas de cartón envueltas en papel de regalo y con algunos iconos, velas y conchas traídas de la playa. Todo esto en la esquina de nuestro comedor. Las otras dos oraciones se llevaban en iglesias de la ciudad. Intentamos integrarnos tan bien como pudimos en el contexto particular: el de una ancestral tradición Católica enraizada en la fe popular. Un sentimiento religioso muy fuerte, muy asertivo, se encuentra aquí en Andalucía. Así que para la decoración, unas pocas velas fueron suficientes.

Estábamos preparados para rezar solos, pero nos sorprendimos al ver cada día más personas de edades diferentes acercándose para rezar con naturalidad frente a imágenes de la Semana Santa, con los cantos meditativos de Taizé y con un silencio poco común en sus celebraciones… y en la vida en general. Una oración profunda congregó a personas de diferentes fraternidades, movimientos juveniles y grupos parroquiales. Para ellos, esta Cuaresma fue diferente. Cada día alguien nuevo venía, invitado por otro.

Llevamos una vida comunitaria muy simple, compartiendo tareas cotidianas: la preparación de las oraciones, las compras, la cocina, la limpieza. Todo esto entre los encuentros, el trabajo, las oraciones… y también un tiempo para salir a tomar aire fresco con una caminata bajo el sol por la orilla de la playa.

En general, la hospitalidad fue muy calurosa y con una generosidad increíble. Realmente esto nos ayudó a sentirnos en casa, como si nos conociéramos de toda una vida.


En Estrasburgo, hacer frente a la pobreza estudiantil

El P. Thomas Wender, quien es el responsable de la pastoral juvenil de la Iglesia Católica en Estrasburgo, nos envió esta historia sobre el centro Bernanos, Capellanía de la Universidad del campus de Estrasburgo.

Cada noche de miércoles a las 18:00 en la acera fuera de la capellanía de la universidad, algunas semanas hasta 300 estudiantes de pie esperando su turno, con una bolsa de compras. Adentro hay colocado sobre las mesas aceite, azúcar, harina, pastas, arroz, vegetales frescos, latas, carne, pan, chocolate…

Por un euro, estudiantes con serios problemas financieros reciben comida para la semana completa. Durante los últimos años la situación económica de los estudiantes se ha deteriorado. Comer lo suficiente cada día se ha convertido en un reto para muchos. Los estudiantes que asisten a la capellanía y otros que atraviesan el campus han formado una asociación para responder a la urgencia de esta nueva vulnerabilidad.

Pocos al principio, los voluntarios vieron su número aumentar con los destinatarios turnándose para hacer diferentes trabajos: conduciendo la camioneta para recolectar la comida, la descarga de los camiones en la mañana, almacenamiento, organización y distribución de la comida. Cuando el frío llega, repartir bebidas calientes ayuda a que la espera parezca más corta. De pie en torno a un gran tambor de agua caliente, la comunidad crece. Muchos vienen de aislamiento. Ellos se dan cuenta que algunas cosas le permiten vivir más fácilmente con su situación y puede ayudarles en la búsqueda de la vida como un adulto joven. Discretamente, la esperanza de pocos es dada a otros.

En el campus, la llamada a ofrecer alojamiento a los jóvenes que vendrán a participar en el encuentro europeo en Estrasburgo llama la atención especial a los alumnos: lo qué se ha hecho por mí, yo lo voy a hacer por los demás.


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