Hacia una nueva solidaridad

A la escucha de los jóvenes de América

Con motivo del "Encuentro para una nueva solidaridad" que se celebrará en Taizé del 9 al 16 de agosto de 2015, fui con algunos hermanos a América, después de haber estado los años precedentes en Asia y África, y antes de visitar a los jóvenes de Oceanía a principios de 2015. Se celebraron encuentros con jóvenes adultos en los Estados Unidos y Canadá, a continuación, en México y Guatemala, y finalmente en el Caribe, en Puerto Rico, Haití, Cuba y la República Dominicana.

Durante una estancia de nativos norteamericanos en Taizé, nos pidieron celebrar un encuentro de la peregrinación de confianza en su reserva de Pine Ridge en DAKOTA DEL SUR. Más tarde, los hermanos regresaron a NORTEAMÉRICA para otros encuentros en diferentes regiones. En 2014 un grupo de Pine Ridge regresó a Taizé y, a través de estas relaciones que se han profundizado con los indios Lakota (Sioux), nos ha sorprendido ver cómo la confianza puede renacer incluso en situaciones en que, en el curso de la historia, se ha roto y ha sido traicionada.

En Latinoamérica ya se habían celebrado encuentros en Bolivia en 2007 y en Chile en 2010. Durante cuarenta años, algunos hermanos han estado viviendo en una ciudad de Bahía, en el nordeste de Brasil. Dada la situación en sus respectivos países, los jóvenes latinoamericanos tienen muchas razones para estar desalentados. Pero en todas partes que fuimos nos encontramos con cristianos que se esfuerzan por ser "sal de la tierra".

Tanto en MÉXICO como en GUATEMALA ser sal de la tierra significa la decisión de trabajar por la paz en sociedades a menudo marcadas por la violencia, por el narcotráfico. Una fe viva y popular hace destacar con fuerza el hecho de que Dios está cerca de todos, especialmente de los pobres. Muchos cristianos quieren que la Iglesia sea cada vez más un lugar de acogida donde se escucha a todos, algo que ayudaría al crecimiento de la paz.

En CUBA, muchos jóvenes están ansiosos por escapar del aislamiento. Nos pidieron que saludáramos a los jóvenes de otros países a nuestro regreso. Necesitan sentirse cerca de ellos. Para ellos, ser sal de la tierra significa elegir mantener viva la esperanza.

En HAITÍ, la confianza en Dios lleva a los cristianos a ser sal de la tierra a pesar de las enormes dificultades. Esto les permite ver la realidad a la luz de la resurrección. Incluso el grave terremoto de 2010 no pudo suprimir su confianza en Dios.

En toda Latinoamérica, como también hemos visto en PUERTO RICO y la REPÚBLICA DOMINICANA la alegría prevalece a pesar de las dificultades de la vida, las injusticias, la creciente brecha entre ricos y pobres, la precariedad de los migrantes. Esto nos reta y nos estimula a la vez. Incluso entre los pobres, la alegría se nutre de la confianza en Dios. Al vivir como hermanos y hermanas, los cristianos ayudan a construir una sociedad cuya ley no es "cada persona por sí misma", sino la solidaridad y la responsabilidad hacia el otro.

Printed from: http://www.taize.fr/es_article17555.html - 17 October 2017
Copyright © 2017 - Ateliers et Presses de Taizé, Taizé Community, 71250 France