Meditación del hermano Alois

Acogiendo a los refugiados, recibimos más de lo que damos

Jueves 14 de julio de 2016

Tres veces al día nos reunimos en esta iglesia, que lleva el nombre de Iglesia de la reconciliación. Al entrar en ella estamos todos invitados a comprometernos por la reconciliación. Pero, ¿qué quiere decir esta palabra?

Probablemente que para todos nosotros, la palabra evoca conflictos y divisiones que nos interpelan y que quisiéramos resolver.

Pero antes debemos hacer otro paso. Este consiste en acoger la reconciliación que Dios nos ofrece. Mañana tendremos como cada viernes la oración entorno a la cruz. Cada uno podrá acercarse y poner su frente en el icono de la cruz, a través de este gesto podemos confiar a Cristo las cargas y las faltas.

Incluso si Cristo es invisible a nuestros ojos, él nos acoge. Él no ha venido para los que son perfectos, sino para unirse a nosotros allí donde estemos y nos acompaña en el camino que nos hace crecer en el amor. Él ha venido a perdonar y a curar.

Esta reconciliación con Dios se nos da incondicionalmente. En nosotros, ella puede hacer desbordar la bondad por los demás. Ella ensancha nuestro amor por los demás

Comencemos por los que están cerca, nuestros familiares, nuestras comunidades, en nuestros lugares de trabajo o estudio. Que nuestras parroquias y comunidades sean un lugar de bondad. Y debemos aprender a aceptar al otro e incluso si es diferente a nosotros.

Para nuestra comunidad es la primera exigencia: acoger la reconciliación de Dios y vivirla entre nosotros. Ser hermano de Taizé, no es solo un título, es una llamada. Nos comprometemos a ser día tras día hermanos los unos de los otros.

La reconciliación también debe extenderse a los que están lejos y me gustaría decir una palabra del desafío que la migración implica en muchos países del mundo. La grande ola de refugiados que llegan a Europa no nos puede dejar indiferentes.

La guerra en Siria ha hecho crecer el número de refugiados. Rezamos para que la paz llegue a este país y en toda la región afectada por la guerra. Pero la migración sobrepasa el conflicto. Desde África llegan miles de personas, y no se detendrá. Muchas son las personas que se han ahogado en el mediterráneo.

La reconciliación de Cristo nos urge a acoger a los que llegan. Por supuesto, al mismo tiempo deben haber políticas que permitan a las personas quedarse en sus países con la perspectiva de un futuro digno.

Esta semana, nos ha conmovido que en Francia, la Iglesia protestante ha lanzado un llamado a acoger a los exiliados. Especialmente con estas palabras: "Los conflictos que dan lugar a tanta tragedia y el exilio, la migración por razones ecológicas y económicas, van a durar. Es inútil esperar un retorno a la normalidad. Cerrar cada vez más las fronteras nunca ha sido una solución. La política de la acogida debe ser a largo plazo."

Esta noche me gustaría haceros una propuesta sencilla. Que cada uno y cada una tome un contacto personal que con algún refugiado. Muchos de vosotros ya lo hacéis. Tomemosnos el tiempo para escucharlos, escuchar sus historias.

Ellos vienen de un mundo distinto al nuestro, tienen otras formas de pensar, otro estilo de vida. Eso quizás nos puede descolocar e incluso causarnos algo de miedo. Es por eso que los encuentros personales son indispensables.

En Taizé acogemos a varios refugiados. Esto requiere mucho de nosotros, pero recibimos más de lo que damos. Nos abre los ojos a sus países de origen, sentimos sus sufrimientos de que dejarlo todo. En nuestra región la solidaridad se ha fortalecido. Muchas personas que antes no nos conocían se acercado para ayudar en la acogida.

Varios de ellos son musulmanes y esto nos ayuda a profundizar nuestro conocimiento de su religión. La amistad con ellos exige que no hagamos una confusión entre una ideología islamista inhumana y la fe de tantos musulmanes que quieren la paz.

Muchos de vosotros dais pasos concretos en esto. Hay grupos que han traído personas refugiadas con ellos. Durante esta semana en varios talleres se ha hablado acerca de este tema. Los jóvenes del grupo de sobre la solidaridad también profundizan este tema.

Esta semana Amaya quien trabaja en el servicio de los jesuitas por los refugiados está entre nosotros y nos dirigirá algunas palabras.


Amaya: Quisiera compartir con vosotros, las de un amigo refugiado de Kenia, Antony, quien después de un largo viaje en África, ha experimentado la acogida y la solidaridad de parte de una comunidad en Italia.

" Los desplazados tienen numerosas necesidades como el alojamiento, alimentos o la educación. Sin embargo, en mi experiencia como refugiado, me parece que lo que más necesitan los refugiados es el amor y la compasión. Esto es lo que les permite recuperar su dignidad que les fue arrebatada por el conflicto y su repentina partida.

Los refugiados necesitan sentir que son seres humanos con el fin de curar sus heridas y reconstruir nuevamente sus vidas. A su vez pueden ayudar a otros a sanar, que están igualmente heridos."


Printed from: http://www.taize.fr/es_article20714.html - 24 October 2017
Copyright © 2017 - Ateliers et Presses de Taizé, Taizé Community, 71250 France