Hermano Alois 2017

Una llamada a los responsables de las Iglesias para 2017

¡Hagamos camino juntos!

En 2017, el 500 aniversario de la Reforma Protestante ofrece una oportunidad para avanzar hacia la unidad, a ir más allá de la mera cordialidad.

Entre las Iglesias, como al interior de cada Iglesia, siempre habrá diferencias; éstas permanecerán como una invitación al diálogo franco; pueden ser un enriquecimiento. Pero, en todas las Iglesias, la identidad confesional se ha puesto poco a poco el primer lugar: uno se define como protestante, católico u ortodoxo. ¿No ha llegado el tiempo de dar la prioridad a la identidad cristiana manifestada por el bautismo?

Una cuestión sigue a ésta: ¿No deberían las Iglesias atreverse a ponerse bajo un mismo techo sin esperar a que se alcance un acuerdo en todas las cuestiones teológicas? O al menos bajo una misma tienda: salir de una concepción demasiado estática de la unidad y encontrar medios, acontecimientos, aunque sean provisionales, que anticipen ya la alegría de la unidad y hagan aparecer signos visibles de la Iglesia de Dios, el Cuerpo de Cristo, la Comunión del Espíritu Santo.

La comunión entre todos los que aman a Cristo sólo puede establecerse si se respeta su diversidad; pero esta comunión puede ser creíble sólo si es visible. Necesitamos un nuevo punto de partida para avanzar hacia tal diversidad reconciliada. El punto de partida es Cristo, que no está dividido. “Sólo por Jesucristo somos hermanos los unos de los otros… Por Cristo nuestra pertenencia recíproca es real, integral y eterna” (Dietrich Bonhoeffer).

Así se podrá realizar un intercambio de dones: compartir con otros lo que consideramos un don de Dios, pero también acoger los tesoros que Dios ha depositado en los otros. “No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros” (Papa Francisco).

¿Cómo ponernos bajo un mismo techo? ¿Cómo hacer camino juntos? Algunas sugerencias:

  • Entre vecinos y familiares de diferentes confesiones, podemos reunirnos como “comunidades de base”, orar juntos en la escucha de la Palabra de Dios, el silencio y la alabanza, ayudándonos mutuamente, conociéndonos mejor unos a otros.
  • Que cada comunidad local, cada parroquia, haga con cristianos de otras confesiones todo lo que es posible hacer juntos, estudiar la Biblia, trabajo social y pastoral, catequesis, y no hacer nada sin tener en cuenta a los otros. Podrían fusionarse los organismos que realizan las mismas acciones en paralelo.
  • Realizar juntos gestos de solidaridad, prestar juntos atención a la miseria de otros, a los malestares escondidos, al sufrimiento de los inmigrantes, a la pobreza material y todas las otras formas de sufrimiento, sin olvidar el cuidado por el medio ambiente.
  • En muchas ciudades en las que la confianza ha crecido ya entre las Iglesias, ¿podría convertirse la catedral o la iglesia principal en casa de oración común para todos los cristianos del lugar?
  • Avanzar en el diálogo teológico acentuando la oración común y la conciencia de estar ya juntos como el marco en el que éste tiene lugar. Cuando crecemos en amistad recíproca y rezamos juntos, las cuestiones teológicas se abordan de otra manera.
  • Si bien todos los cristianos han recibido una porción del don pastoral para velar unos por otros, la Iglesia tiene también necesidad de ministerios de unidad, a todos los niveles. Un ministerio de comunión a nivel universal ha estado asociado tradicionalmente al obispo de Roma. ¿No sería posible que las Iglesias desarrollen formas diversas de asociación a este ministerio? ¿No podría ser reconocido por todos el obispo de Roma como servidor que vela sobre la concordia de sus hermanos y hermanas en su gran diversidad?
  • ¿Las Iglesias que subrayan que la unidad de la fe y el acuerdo acerca de los ministerios son necesarios para recibir juntos la comunión no deberían dar igual peso al acuerdo del amor fraterno? ¿No podrían ofrecer una hospitalidad eucarística más amplia a aquellos que manifiestan su deseo de unidad y creen en la presencia real de Cristo? La eucaristía no es sólo la culminación de la unidad; es también el camino que conduce a ella.

Nuestra identidad cristiana se forma al hacer camino juntos, no separadamente. ¿Tendremos el valor de ponernos bajo un mismo techo, para que el dinamismo del Evangelio pueda revelarse?

Printed from: http://www.taize.fr/es_article21332.html - 23 October 2017
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