Refugiados: acrecentar la fraternidad

El 20 de junio, Día Mundial de los Refugiados, los hermanos de Taizé y los jóvenes reunidos en Taizé oraron por los migrantes fallecidos en los últimos días en las costas de Libia al intentar cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. Se propuso asimismo un nuevo taller, que tendrá lugar durante el verano, con el título: "Correr el riesgo de acoger. Migrantes, solicitantes de asilo, refugiados ... ¿quiénes sois?"

Por otra parte, los preparativos para la semana de reflexión sobre las migraciones van avanzando. Muchos oradores han confirmado su asistencia, como Pascal Brice (Francia), Director de la OFPRA (Office Français de Protection des Réfugiés et Apatrides, Oficina Francesa para la Protección de los Refugiados y Apátridas), Catherine Wihtol de Wenden (Francia), directora de investigación emérita del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique, Centro Nacional de Investigaciones Científicas), el Padre Michael Czerny (Canadá / Italia) de la Sección Migrantes y Refugiados del Vaticano, el arzobispo de York, John Sentamu (Uganda / Inglaterra), Petra Feil de la Federación Luterana Mundial (Alemania / Suiza) y representantes de diversos movimientos comprometidos en el acompañamiento a migrantes, como el Servicio Jesuita a Refugiados y Cáritas Europa.

Sería importante que algunos jóvenes con experiencia previa en Taizé propusieran a personas refugiadas venir a compartir con ellos esta semana. Si estáis interesados en este encuentro, o si tenéis propuestas sobre posibles ponentes, podéis poneros en contacto con el equipo de solidarity taize.fr. Una última información a destacar: a principios de julio se propondrá, para los jóvenes participantes que lo deseen, una iniciativa solidaria concreta.


Con motivo del Día Mundial de los Refugiados se publicó una declaración ecuménica [http://es.jrs.net/noticias_detalle?TN=NEWS-20170616052037] – he aquí dos fragmentos de la misma.

Refugiados: una oportunidad para crecer juntos


La Biblia cristiana nos relata la historia de dos hombres, Pedro y Cornelio, con creencias religiosas y culturas completamente diferentes, que al encontrarse descubrieron que Dios les tenía preparado un destino común que ninguno de los dos había comprendido antes. Aprendieron que el Espíritu Santo derriba muros y une a aquellos que piensan que no tienen nada en común.

Mujeres, hombres y niños de todo el mundo se ven obligados a abandonar sus hogares por la violencia, la persecución, los desastres naturales y los provocados por el hombre, el hambre y muchos otros factores. Su deseo de escapar al sufrimiento es más fuerte que las barreras que se alzan bloqueando su camino. La oposición de algunos países a la migración de los desplazados forzosos no podrá impedir que aquellos que padecen un sufrimiento insoportable abandonen sus hogares.(...)

Los gestos de solidaridad se multiplican cuando sobrepasan las fronteras de la religión y la cultura. Encontrarse con personas de otras creencias nos anima a profundizar en el conocimiento de nuestra propia fe y, en los encuentros con nuestros hermanos y hermanas refugiadas, Dios nos habla y nos bendice como hizo con Cornelio y Pedro.


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