Una Fraternidad en Dakar

Desde hace unos 13 años, algunos hermanos de Taizé, habitamos en Dakar (Senegal), situada en el cabo más occidental de África. Vivimos en un gran vecindario popular. Es un verdadero privilegio el poder compartir la vida de las personas como lo hacemos, en una gran casa, siempre abierta, donde todos sienten que pueden entrar. Una vez que fuimos aceptados por los que nos rodean, pudimos sentir la vitalidad que caracteriza a África. También descubrimos la cantidad de problemas acumulados que aun están muy presentes, mismo si Senegal es un país con grandes riquezas.

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Uno se encuentra con: la insalubridad y sus consecuentes enfermedades, desempleo y la precariedad de las condiciones de vida, problemas de educación, ni hablar del SIDA y la creciente ola de inseguridad. Con todo, la gente cuenta con escasos recursos para hacerles frente. La famosa solidaridad de la gran familia africana se desgarra.

Estar ahí

Muchas veces nos preguntan, «¿Qué hacéis allí?» La respuesta la da el saludo habitual en Wolof, la lengua mas usada en Dakar. Cuando saludas a alguien, le preguntas, « ¿Que estas haciendo?» Extraña pregunta; parece la manera típica occidental de demandar información, como si se pudiese definir alguien por lo que esta haciendo. Afortunadamente, la respuesta es mucho más africana, «Aquí estoy», o a veces «Aquí estoy, eso es todo». Las cosas están de nuevo en su lugar. ¡Si no estuviese aquí, no podría estar haciendo nada, ni nos hubiésemos encontrado! Entonces cuando alguien nos pregunta que estamos haciendo en este vecindario, simplemente respondemos, «!Aquí estamos!».

No es poca cosa estar aquí, presente en la vida de este vecindario, rezando, trabajando, acogiendo constantemente y seguir siendo, a pesar de los años, extranjeros, muchas veces desconcertados por una mentalidad que entendemos solo en parte. Pero no nos impide una convivencia alegre. No es poca cosa tampoco el hecho de «durar», como aquí prefieran decir a perseverar, entre el ruido, los altoparlantes, los mosquitos, los olores, el calor, el polvo, los cortes de agua y electricidad, la incertidumbre del transporte, etc....

Entonces, aquí estamos, haciendo lo que sabemos hacer: rezar, trabajar para ganarnos la vida, acoger y compartir. Es así que, a muchas cosas de las que se nos presentan, intentamos hacerles frente, con el carisma y los dones que cada uno tiene. Sin ilusiones acerca de nuestra capacidad para poder cambiar la vida de toda esa multitud.

Pedagogía

Muchas cosas son posibles con lo niños. Son siempre los primeros en acogerte, en reaccionar con entusiasmo a cualquier iniciativa. Mucho de los que van a las escuelas públicas de nuestro vecindario sufren de deficiencias severas: clases súper pobladas, doble flujo de mañana y de tarde, memorización sistemática (aprender de memoria una clase y recitarla en voz alta, en el estilo coránico). La situación supera a los pobres profesor que deben recurrir al “puntero” para mantener un cierto grado de disciplina. Al final del año la clase es automáticamente promocionada puesto que es necesario el lugar para los siguientes. Como resultado, al final de la educación primaria, la mayoría se encuentran analfabetos frente a un mercado laboral cada vez más exigente.

En las horas de ocio, les proponemos en nuestra casa actividades que despierten su curiosidad, creatividad y observación. Estos niños jamás han usado un crayón o un par de tijeras, nunca antes han observado detenidamente una flor o una mariposa salir de su crisálida. ¡En realidad casi nunca han salido del vecindario; algunos nunca han visto el mar, aunque Dakar este construida sobre una península!. Hay tanto para descubrir, tantas dimensiones a observar y actitudes a aprender e introducir en un mundo lleno de stress donde, seguido, las reacciones son explosivas.

Hay mucho por hacer, asimismo, entre los jóvenes, quienes están desde el principio inclinados a darse por vencidos frente a un futuro que parece estar completamente cerrado: Motivarlos, invitarlos a cuidar a los niños y entonces descubrir que pueden hacer algo, sostenerlos en sus estudios, ofrecerles libros para leer y un lugar tranquilo para estudiar siendo que en sus casas, muchas veces, no tienen ni silencio ni luz.

Unos pocos han comenzado a trabajar en nuestra casa, haciendo rompecabezas u otros tipos de juguetes. Estos objetos se venden, la mayor parte en el extranjero, y con los ingresos es posible pagar los estudios y resolver varias necesidades familiares.

La misma posibilidad se les ofrece a un determinado número de jóvenes mujeres y madres del vecindario. Comienzan aprendiendo patch-work, una estricta escuela de precisión, y en adelante algunas son capaces de crear cubre camas, muñecas, animales de tela, etc. Con todas, hay una lucha diaria para mantener no solo la perseverancia y la regularidad, sino también, los estándares y la calidad.

Ayudando

Los problemas familiares nos rodean; bebes mal cuidados por madres ignorantes, incapaces de asegurar que reciban tratamientos regulares, los heridos de la vida, problemas para llegar a fin de mes, sin mencionar estafas de todo tipo. No podemos hacer frente a todo, debemos elegir. Sobre todo, porque queremos estar presentes más allá de los límites de nuestro vecindario.

Estamos involucrados en proyectos con refugiados, prisioneros, personas que son cero positivo y también mendigos provenientes de las escuelas Coránicas. Apoyamos la creación de escuelas populares e informales en las zonas periféricas como un paliativo al débil sistema de educación pública. Luego está nuestro compromiso con la Iglesia local. Organizamos varias oraciones en diferentes parroquias, visitamos otras regiones y otros países vecinos. Es una obra sin límites.

Pero, ¿como podemos ayudar? es siempre la gran pregunta. Como podemos sostener, ayudar a esta o aquella persona a levantarse y tenerse en pie por si misma, dándole el empujón necesario y nada mas. Porque si los «asistimos», los paralizamos. Se convierten en una suerte de clientes. Algunos no piden mas que eso. Necesitamos una sensibilidad y discernimiento enormes para hacer solo lo justo y necesario, ni demasiado ni demasiado poco. Quizás, a veces, lo logramos.

Parábola

Al mismo tiempo no podemos permitirnos de “comernos vivos”; se trata de “estar allí”, realmente presentes, en una casa que está llena de paz y no en una donde todo el mundo esta sobrepasado y al límite. La prioridad sigue siendo la construcción de una comunidad viva, sin la cual nada podríamos hacer. Lo mas importante, lo primordial, es el signo que podamos dar como grupo de hombres: Diferentes, de otras nacionalidades, orígenes confesionales y edades, no solo capaces de vivir juntos, sino que por el cuidado en su atención a los otros y su vida fraterna, abren un espacio donde otros pueden saciar su sed. Hombres que están aquí juntos porque recibieron las misma llamada de Cristo.

Islam

Como es gran parte de Senegal, nuestros vecinos son en su mayoría musulmanes, aunque la minoría cristiana es vigorosa. Hoy en día, tiempos difíciles, vivir en un vecindario 90% musulmán no es quizás tan evidente. Quizás es por esto que pueda ser bello. Al comienzo fue un tiempo de observación. « ¿Quienes son esos "toubabs" (europeos), quien ha venido a vivir entre nosotros? ¿Que están buscando cuando cuidan a nuestros hijos? ¿Querrán convertirlos? Como otros lo han echo.»

Nos llevó un buen tiempo ganarnos la confianza de sus padres y en especial la de los viejos “pilares de la mezquita”, que controlan el vecindario. Las palabras no tienen ningún valor en un medio como este. Solo las acciones verdaderamente desinteresadas, perseverando en una actitud de respeto a la creencia del otro, permitieron que, un día, la confianza nos sea dada. Entonces, hasta los más reservados, permitieron que sus niños vengan a nuestra casa.

¿Que implica vivir hoy en medio de una población musulmana? Ante todo, mirar a estos creyentes de manera tal que podamos reconocer la obra de Dios en ellos, valorizar su camino de fe y admirar la autenticidad de su oración. Luego, mostrarles un rostro de la Iglesia que no es arrogante, un rostro a través del cual pueda translucirse algo de la vida de Cristo, en quienes El habita.

No hemos llegado aun, al nivel del dialogo interreligioso. Nuestro vecinos son gente común, con una educción simple, pero con fe. Hay hermosas amistades que se forjan con algunos, en las cuales, a veces, se evocan nuestros orígenes comunes como descendientes de Abraham. Juntos aprendemos a tener una confianza mutua, destruyendo prejuicios de ambos lados y preparando el camino para el día que las cosas vayan más lejos.

Debemos también ayudar a los cristianos que nos rodean que, con todo, se llevan muy bien con sus parientes musulmanes, para ir mas allá de ciertos miedos, ciertos desentendimientos que son comunes a las dos partes. Senegal, siendo casi el único estado donde las relaciones son pacíficas entre las dos religiones, puede ir mucho más lejos.

Los Niños

Nuestra alegría más grande en esta aventura de vida fraterna en Dakar son los niños. Su fidelidad, cariño, entusiasmo; ellos creen que los estamos ayudando y quizás sea verdad. Pero si ellos supieran cuanto nos ayudan a vivir se sorprenderían mucho.

África, hoy en día, está llena de problemas. Cubierta por nubes amenazantes de un futuro en el cual, muchas veces, un sentimiento de pánico y angustia los envuelve por completo. Pero vivir en el medio de este torbellino de niños, llenos de energía, quienes ya están de pie al momento de caer, hace imposible que nos desalentemos. Reencienden nuestra esperanza.

Oración

Cada atardecer, los cristianos del vecindario, niños especialmente, pero también jóvenes y algunas mujeres, viene a rezar con nosotros. Los pequeños son los primeros en llegar y seguido, son los que preparan la oración. Nuestra capilla es muy pequeña y deviene asfixiante, entonces hemos acondicionado el patio interior de la casa con algunos aislantes sobre el piso, los bancos de oración, algunos íconos y unas cuantas velas. Hemos creado una bella capilla con un cielo raso de estrellas... sobrevolado por una enorme cantidad de murciélagos y ruidosas nubes de mosquitos.

Algunos de los niños no se pierden ni un solo día de cantar. Con el correr de los años, las canciones de Taizé han sido traducidas al Wolof y su melodía, corregida por el ritmo de los tambores; su estilo repetitivo encaja perfectamente en la cultura local. Durante los momentos de silencio, toda la vida del vecindario, con sus gritos, ruidos, los llamados a rezar de las mezquitas, vienen a habitar nuestra oración.
A veces, algún niño canto un solo y se nos abren las puertas de paraíso.

Por el momento somos 7 hermanos viviendo el la pequeña comunidad de Dakar.

Printed from: http://www.taize.fr/es_article2842.html - 24 November 2017
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