En Moscú

La gratitud de Taizé por la Iglesia ortodoxa rusa

En ocasión de su visita a Moscú, el hermano Alois ha entregado al patriarca Alexis II el siguiente texto.

Después de la muerte del hermano Roger, me pareció esencial, en el primer año de mi nuevo ministerio, venir junto a dos hermanos a Moscú para expresar el deseo de nuestra comunidad de proseguir su camino, con una gran proximidad y en una profunda confianza, con la Santa Iglesia Ortodoxa Rusa. El hermano Roger abrió para nosotros esta vía y yo quisiera que nosotros, sus hermanos, marcháramos tras sus huellas.

Es en diciembre de 1962 que se establece una relación más estrecha entre nuestra comunidad y el patriarcado de Moscú, a causa de la visita del metropolita Nikodim a Taizé. El hermano Roger siempre le demostró una gran simpatía. Tubo la ocasión de conversar con él fraternalmente, por última vez, algunos instantes antes de su muerte, en la antecámara del Papa Juan Pablo I.

El patriarca Alexis II recordó él mismo su venida a Taizé cuando aún era arzobispo de Tallin.

En 1977, el obispo Seraphin de Zurich animó al hermano Roger a que hiciese una visita a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Con la invitación del patriarcado, el hermano Roger fue a Moscú en 1978 junto con otros dos hermanos. Pasó dos días en lo que por aquel entonces era Leningrado donde se encontró con el Metropolita Nikodim, así como también con monseñor Kirill, rector del seminario en aquella época.

En 1988 hizo un nuevo viaje, esta vez con un hermano, por la ocasión del milenio del bautismo de Rusia. El hermano Roger visitó Iaroslav, Kiev, donde fue invitado al concilio local de la Iglesia rusa en la Trinidad San Sergio.

En el transcurso de esta visita, y en la vigilia de los profundos cambios que iban a transformar el país, el hermano Roger se percata de las enormes penurias que pasa la Iglesia Ortodoxa rusa para ejercer su ministerio, y decide que es esencial apoyarla. En mutuo acuerdo con el patriarcado, Taizé hace imprimir en Francia un millón de ejemplares del Nuevo Testamento en ruso, según la tradición sinodal, que parten, a principios de 1989, con rumbo a Moscú, Kiev, Minsk y Leningrado para que las parroquias ortodoxas puedan distribuirlos. Tres años más tarde, y con el mismo espíritu, Taizé se hace cargo de la impresión de extractos del nuevo testamento en ruso, búlgaro, y rumano, para enviarlos a los tres patriarcados.

Luego de aquel envío, el metropolita Philarete de Minsk vino a Taizé, en la primavera de 1989, para agradecerle al hermano Roger. El metropolita Kirill, que lo sucedió como presidente del Departamento de Asuntos Exteriores, pasó por Taizé en 1990. Ya nos había visitado cuando aún era estudiante en Bossev.

A partir de 1990, jóvenes Ortodoxos Rusos, comenzaron a participar en los encuentros internacionales organizados por nuestra comunidad, ya sea en Taizé mismo, o, una vez al año, en algunas de las mayores ciudades europeas. Desde ese entonces los jóvenes Ortodoxos Rusos son acogidos en Taizé. También acogemos gente de Bielorrusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Serbia. Su presencia es testimonio vivo de la Ortodoxia para muchísimas personas de otros países.
La Comunidad de Taizé nunca quiso organizar un movimiento en torno de si misma. Al contrario, anima a los jóvenes a comprometerse al regresar a sus países, ciudades y parroquias. En general, un sacerdote acompaña a los grupos de Ortodoxos. Es muy importante para nosotros que esta participación reciba la bendición de los obispos. Durante el verano, la liturgia Ortodoxa se celebra dos o tres veces por semana (En una ocasión, el representante del Patriarca de Moscú en Paris trajo una antimensión para la Capilla Ortodoxa en Taizé).

Cada año, los mensajes que el Patriarca Alexis II envía a los encuentros europeos son un apoyo muy apreciado.

En muchas partes del mundo, los cristianos se ven confrontados con el desafío de transmitir su fe a las generaciones más jóvenes. Por nuestra parte, podemos avalar que aún hoy el compromiso monástico, centrado en lo esencial, puede dar un testimonio de un Evangelio vivido que le habla claramente a los jóvenes.

Hemos venido a Moscú para expresar nuestra gratitud por los lazos que nuestra comunidad ha ensanchado con la Iglesia Ortodoxa Rusa a través de los años. Estos lazos están enraizados en la historia familiar del hermano Roger, que una vez habló sobre ellos así:“Un amor profundo hacia la Iglesia Ortodoxa se remonta a mi niñez. Durante la Primera Guerra Mundial, muchos rusos tuvieron que huir de su país. Eran Ortodoxos. Mi madre recibió a algunos de ellos, y yo escuchaba sus conversaciones. Luego, ella me contó sobre las dificultades que habían tenido que atravesar. Ya en mi juventud, vivíamos cerca de una iglesia Rusa Ortodoxa. Íbamos a participar de la oración, y yo trataba de percibir el sufrimiento en los rostros de estos cristianos que habían venido de Rusia.”

Poco a poco la Comunidad de Taizé fue descubriendo lo que el hermano Roger llamó “uno de los secretos del alma Ortodoxa”. Éste secreto se encuentra sobre todo en la oración de adoración donde la bondad de Dios se hace perceptible. Es ante todo a través de la oración, la celebración de la liturgia o la oración del corazón que los Ortodoxos pueden acceder a los grandes misterios de la Fe, la encarnación de Cristo, su resurrección y la continua presencia del Espíritu Santo en la Iglesia.

Y es en estos misterios que la Ortodoxia entiende la grandeza del ser humano. Dios se volvió hombre para que los seres humanos puedan participar de su divinidad; y el ser humano está llamado a ser transfigurado con Cristo, ya aquí en la tierra.

El hermano Roger subrayaba la importancia de celebrar la transfiguración de Cristo para nuestra vocación monástica, premisa de nuestra propia transfiguración. En este respecto, significa mucho para nosotros estar en Moscú para la fiesta de la Ascensión; pues esta fiesta muestra que la humanidad de Jesús ha sido por siempre divinizada y es una promesa de nuestra propia participación en la vida divina.

En Taizé sentimos una infinita gratitud hacia la Iglesia Ortodoxa por haber mantenido estas realidades de la Fe tan vivas a lo largo de los siglos, en gran fidelidad a los Padres de la Iglesia. Los Padres Griegos fueron descubiertos en el oeste gracias a los Ortodoxos, y en Taizé el pensamiento de los Padres Griegos es muy importante en la formación de los nuevos hermanos de nuestra comunidad.

En este periodo en que las fronteras entre las personas y las culturas se van abriendo más y más, tenemos que profundizar los lazos de amor fraterno. Para crear nuevos lazos de confianza entre Este y Oeste, la contribución teológica, pero sobre todo espiritual de la Ortodoxia es vital. Los cristianos occidentales tienen una gran necesidad de estar atentos a los tesoros de Fe y humanidad depositados en la Ortodoxia. En cuanto a nosotros, entonces, nos gustaría transmitir a los jóvenes de muchos países que acogemos en Taizé ésa visión de Dios, de los seres humanos, y de la Iglesia que la tradición oriental nos ha inspirado.

Ya recibimos con gratitude el amor de la liturgia, el sentido y el contenido de la tradición. Pero el aspecto verdaderamente único, el más irremplazable, se encuentra en la experiencia de los cristianos que transmitieron de generación en generación su amor por Cristo, y en particular aquellos que confesaron su Fe a riesgo de sus vidas.
El hermano Roger tenía un respeto infinito por todo aquello por lo que ha tenido que pasar la Iglesia Ortodoxa Rusa, y escribió: “En sus pruebas, los cristianos ortodoxos han aprendido a amar y a perdonar. La bondad del corazón es para muchos de ellos una realidad vital.”

¿Será esta capacidad para la bondad y el perdón lo que hace posible hoy que sociedades que son presa de profundas tensiones no se desintegren?

En su último libro, publicado pocas semanas antes de su muerte, el hermano Roger expresó palabras que se mantienen muy presentes para nosotros como hermanos: “En Taizé, amamos a la Iglesia Ortodoxa con toda nuestra alma y todo nuestro corazón. En nuestros lugares de oración, la belleza de los cantos, el incienso, los íconos (ventanas abiertas a las realidades Divinas), los símbolos y los gestos de la liturgia celebrada en la comunión de los cristianos a través de los siglos, todo nos invita a percibir el “Gozo del cielo en la tierra”. Nuestro ser se ve tocado íntegramente, no solo en la inteligencia sino en la sensitividad, en el cuerpo mismo.

¿Cómo podemos expresar nuestra gratitud por los Ortodoxos, en particular aquellos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, por todo lo que han sido durante las pruebas que soportaron por setenta años, y por lo que son hoy?”

Hermano Alois de Taizé
Moscú, Ascensión 2006

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