La "brincadeira"

Un joven voluntario, que ayuda en Brasil, escribe:

Guardar dos horas «de niñez» al día - esta es la idea de los encuentros diarios para niños en la pequeña fraternidad de los hermanos de Taizé en Alagoinhas, en el nordeste de Brasil. Estas horas son tan simples como el nombre que lo indica: «Brincadeira», es decir, «Juego y Alegría». Sus reglas son también simples: prohibido pelear y tirar piedras, ¡pero ningún límite a la fantasía! A la entrada del terreno de juego, la dureza de lo cotidiano, y a veces incluso verdaderas armas (tijeras, cuchillos...), se intercambian por balones, neumáticos usados, burbujas de jabón y, dependiendo de la temporada, mangos frescos. Resulta impresionante ver que la misma idea que la de los encuentros de jóvenes en Taizé parece funcionar aquí también: se da a cada niño una responsabilidad que pueda asumir. De esta manera, Anna Lila (11 años) se vuelve árbitro en el terreno de juego del balón y Moses (13 años) hace lo mismo en caso de disputas menores entre sus camaradas... ¡y otro chico ya tiene bastante con estar atento a sí mismo!

Ninguna brincadeira se parece a otra: el número y las caras de los huéspedes, más o menos considerable, cambian cada día. Unos vienen regularmente, otros aparecen durante algunos días y desaparecen después de la misma manera como aparecieron. En total son unos 500 niños que vienen de vez en cuando. Y cada uno no solamente trae sus ideas de juego, sino también su propia historia.

Sus padres están, en su mayoría, desempleados. No hay un sostén por parte del servicio social o seguro médico. Un parte de los niños mas grandes son enviados a ganarse la vida para la familia en las calles del centro de la ciudad. Acompañan a los mendigos. Algunos han raramente frecuentado una escuela o mismo, no han ido en absoluto. Una minoria vive con sus propios padres. Los hermanos y hermanas mayores, como también los padres y las madres se van por un tiempo a San Pablo buscando posibilidades para sobrevivir. Los niños abandonados se quedan bajo la tutela de las abuelas y varios no vuelven jamás a ver a su madre.

Este encuentro con los niños es, también, un espacio donde ellos pueden contar sus pequeños y grandes problemas de casa y de la calle: una casilla derrumbada, padres que recurren a la violencia, madres que no vuelven a casa o que beben demasiado… Está, por ejemplo, Thassiane de 10 años que viene cada tarde con sus tres hermanos y hermanas: Thais,Marcelo y Jackson. Olvidados y abandonados por su madre alcohólica, viven desde hace dos meses en la casa de Dona Bela, que ya es “madre” de 12 pequeños.

Jugar da hambre, y por eso hay para el camino de vuelta, naranjas y una banana… y la certeza que mañana la puerta de la “Brincadeira” se abrirá una vez más.

Printed from: http://www.taize.fr/es_article3762.html - 24 November 2017
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