Zagreb

40,000 jóvenes europeos se llenaron de esperanza

Los 40.000 jóvenes reunidos por Taizé del 28 de diciembre al 1 de enero en la capital croata recibieron un cálida acogida por parte de esta ciudad y de las familias. Con el deseo de ir hacia las fuentes de la confianza en Dios y en los otros.

Antes de salir para Zagreb, los últimos consejos prácticos recomendaban llevar ropa de abrigo. El consejo tenía su razón de ser. Ubicada detrás de una pequeña montaña, la capital croata no está al abrigo de los rigores del invierno. Prudentemente, todos iban bien equipados con gorros y buenas zamarras y zapatos. La calidez de la acogida no tardó en hacer entrar en calor a los más frioleros.

Todos los peregrinos del 29º Encuentro europeo de jóvenes – unos 40.000 procedentes de una treintena de países (1) – se albergaron con familias locales. Audrey Marty y sus amigos del Aveyron no dejan de elogiar las virtudes de sus anfitriones y la movilización de los jóvenes que han recibido a los grupos en las 150 parroquias de la ciudad y los alrededores: «Verdaderamente, han dado todo lo que podían dar.»

«La acogida en las familias nos ha emocionado mucho», confía el Hermano Richard de Taizé que, al hablar croata, ha formado parte del equipo de preparación que llegó a principios de septiembre. Algunas de estas familias han sufrido los horrores de la guerra. Otros son refugiados.

«Todas han hacho un esfuerzo admirable. Han abierto sinceramente las puertas de sus corazones y de sus viviendas. El cardinal Josip Bozanic, arzobispo de Zagreb, y sus obispos auxiliares, han estado constantemente a nuestro lado y nos han facilitado el trabajo de organización. Esta ha sido el caso también de la municipalidad y de las autoridades civiles y políticas. Además, varias personalidades, entre ellos el primer ministro Ivo Salader, han querido manifestar su simpatía y solidaridad con su presencia, un día u otro, en la oración de la tarde. Incluso el gran muftí de Croacia y el rabino de Zagreb, continúa el Hermano Richard, han querido pasar un tiempo con nosotros.»

Hacia las fuentes del Evangelio a través de la oración

Los encuentros de jóvenes, organizados cada año en una gran ciudad de Europa por la comunidad ecuménica de Taizé, quieren ser un reflejo de los encuentros en la colina de Borgoña: «Invitaciones para ir a las fuentes del Evangelio por medio de la oración, el silencio, una búsqueda.» Denominados también «peregrinaje de confianza en la tierra», estos encuentros quieren alimentar la esperanza. Muchos jóvenes se hacen preguntas, ha recordado en varias ocasiones a lo largo de las meditaciones diarias el Hermano Alois, prior de la comunidad.

«En esta Europa próspera, hay una inseguridad material cada vez mayor, ha señalado. El paro empuja a muchos a la emigración, hay injusticias flagrantes o desequilibrios ecológicos que hacen tambalear la confianza en la vida… y, sin embargo, son muchos los signos de esperanza. Estos días hemos podido ver uno de éstos: tantos jóvenes listos para hacer más visible la unidad de la familia humana, dispuestos a no quedarse pasivos, si no a ponerse en camino hacia un futuro de paz.»

Durante cinco días, superando los obstáculos de los idiomas, nacionalidades, conflictos históricos y confesiones religiosas, los jóvenes reunidos en Zagreb han intentado «buscar la energía para afrontar el futuro con ánimo y confianza: su propio futuro, el de las sociedades y el de la Iglesia ». Todas las mañanas, en pequeños grupos en las parroquias, han meditado y discutido la Carta de Calcuta, escrita por el Hermano Alois tras el encuentro asiático en octubre.

Por la tarde, participaban en distintas encuentros propuestos en el parque de exposiciones o en la ciudad. El amplio abanico de ofertas podía satisfacer las curiosidades más diversas: algunos visitaron la mezquita de la mano del muftí; otros descubrieron el folclore croata o la Iglesia ortodoxa serbia; otros se reunieron para intercambiar iniciativas de solidaridad…

La misma pasión por la reconciliación

Procedente de Moscú, Natalia, de padres ateos, ha trabajado de voluntaria en Taizé durante ocho meses. Confiesa que la oración de la comunidad le ha ayudado a entrar en su propia tradición ortodoxa. A Jean-Denis y Sébastien, ambos miembros de la comunidad Arche d’Ambleteuse, de la región de Pas-de-Calais, les han gustado sobre todo los grupos de acompañamiento y la larga oración de la tarde: una hora de cánticos, lecturas, celebración de la luz, todo ello alrededor de la cruz.

Julien y Aude, parisinos de 22 años, van frecuentemente a los encuentros de Taizé y a las JMJ. «La idea es la misma, analiza Julien, es reunir a jóvenes y darles un nuevo impulso espiritual. Aunque las JMJ son sin duda más festivas, más ruidosas; mientras que los encuentros son más silenciosos, más interiores.»

«Sin los hermanos, jamás hubiéramos encontrado a los serbios », declara Maryan, una joven cuya parroquia ha acogido a 15 serbios, los «enemigos» de ayer. «Nuestra historia es complicada», han respondido las familias, púdicas, a invitados legítimamente curiosos. «No se trata de olvidar un pasado doloroso, ha recomendado el Hermano Alois, pero el Evangelio nos llama a ir más allá de la memoria por medio del perdón y así romper la cadena que hace perdurar los resentimientos.»

Con su personalidad clara y con mucha simplicidad, el Hermano Alois ha tomado el relevo del Hermano Roger. Animado por la misma pasión por la reconciliación, la unidad y la paz. «Dios no cesa de buscar nuestra amistad, ha declarado a los jóvenes a modo de despedida, confiándoles una copia de un icono copto de la amistad. Y esta amistad, la vivimos entre nosotros también. Cristo nos reúne en una sola comunión, la de la Iglesia. Ampliemos pues esta amistad, dejemos atrás las separaciones que aún quedan.» La peregrinación de confianza continúa. Próxima etapa, dentro de un año, en Ginebra.

Bernard Jouanno, en Zagreb (Croacia)
La Croix 01 Enero 2007

(1) De ellos, 20.000 croatas. Se calcularon también 8.000 polacos, 1.300 rumanos, 1.000 ucranianos, 1.500 jóvenes de lengua alemana. Hubo 1.800 franceses, tres obispos entre ellos: Monseñor Benoît Rivière (Autun, presidente del Consejo para la Pastoral de niños y jóvenes), Monseñor Jean-Yves Riocreux (Pontoise) y Monseñor Marc Stenger (Troyes).

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