Kosovo, Serbia, Bosnia-Herzegovina

Una parte del sudeste de Europa - Grecia desde hace mucho tiempo, Bulgaria y Rumanía desde hace poco - ya forma parte de la Unión Europea. Otros países de la región se encuentran aún en una situación difícil o inestable, y las heridas de los conflictos recientes todavía se resienten. Todos los países de esta región estuvieron representados en el encuentro europeo de jóvenes en Zagreb. Fue un bello signo de lo que los cristianos están llamados a “vivir una comunión más allá de las fronteras de los pueblos” (Carta de Calcuta). Tras el encuentro de Zagreb, un hermano continuó una pequeña peregrinación de confianza, comenzando por Kosovo.

«En Kosovo hubo varios momentos fuertes. Una visita al nuevo obispo católico en Prizren fue la ocasión para intercambiar sobre la situación de una Iglesia dinámica, con muchos jóvenes, pero donde se plantea también la siguiente pregunta: ¿cómo llegar a un compromiso más personal en la fe y la oración? Después pasé una tarde radiante en el monasterio de Visoki Decani revelaba una vez más el sentido de la belleza tan presente en la tradición ortodoxa. Era la belleza visible del lugar, de la iglesia, de los frescos, pero también la belleza interior de la paz del corazón y de la oración continua. A pesar de las circunstancias difíciles – debido a la inseguridad, el monasterio está vigilado día y noche por militares italianos - los monjes no se desvían de aquello por lo que están allí: la vida de oración y de comunión fraterna, el testimonio dado a la resurrección. Otra tarde, en la ciudad de Ferizaj, fue dedicada a una oración con cantos de Taizé y a un momento de encuentro con un grupo de jóvenes. Habían realizado el viaje a Zagreb, y fue la ocasión para compartir impresiones y reflexionar cómo continuar.

En Serbia, lo más impresionante fue oír relatos de los jóvenes que habían estado en Zagreb. Todos estaban entusiasmados por la acogida que las familias croatas les habían brindado. Algunos habían partido con una cierta aprehensión, en algunos casos algunos tuvieron que susperar las resistencias de sus padres. Después de todo lo que ha pasado estos último años, no estaban seguros de ser bien recibidos. Pero cada vez experimentaron la bella sorpresa de un verdadero encuentro entre personas, más allá de los estereotipos y prejuicios. Los jóvenes serbios están muy contento por haber sido acogidos tan cálidamente, con mucha deferencia. Ocurrió que los anfitriones croatas llamaran a los padres de sus jóvenes invitados serbios, el primer día para tranquilizarles, y después cada día por amistad, por el placer de intercambiar algunas palabras…

En Bosnia-Herzegovina, puede participar en oraciones con cantos de Taizé en las ciudades de Mostar y Sarajevo. Desde hace más de quince años, las visitas regulares han permitido expresar nuestra solidaridad con este país probado, y esos momentos de oración y de encuentro han llegado a ser algo muy sencillo y natural. Al mismo tiempo, como lo subrayaba el capellán de los jóvenes católicos en Sarajevo, rezar juntos con los cantos y el silencio ayuda a entrar cada vez en el frescor de algo distinto, en el misterio de la presencia de Cristo. También hubo ocasiones de encuentros con la Iglesia ortodoxa, que es la Iglesia más importante en número en Bosnia-Herzegovina. En la ciudad de Zenica, en un espacio sobre todo musulmán, jóvenes cristianos ortodoxos se encuentran regularmente. Con el capellán católicos de los jóvenes, que también es profesor en el seminario católico, pude visitar el seminario otodoxo en Foca, a 80 km al este de Sarajevo. En las conversaciones que tuvimos, resultaba claro que todos los cristianos juntos están llamados a ser testigos de la paz de Cristo, y a mostrar el mismo respeto hacia todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, sin importar su pertenencia etnica o religiosa.»

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