2008

En España

Un hermano que estuvo recientemente en España cuenta:

Estuve visitando España durante diez días. Los tres primeros días estuve en Madrid. Después fui hacia el norte deteniéndome en Valladolid, Burgos, Vitoria, Bilbao, Santander, Oviedo y finalmente, sobre el camino de la vuelta, en Segovia. A pesar del frío y la lluvia, la acogida fue como a menudo en España muy calurosa.

En Madrid visité grupos que rezan con una larga fidelidad. La primera noche fui a una parroquia que se encuentra en la parte sur de Madrid. El nombre del barrio es Carabanchel Alto. Es un barrio de trabajadores. Fue bonito descubrir que la gente de esta parroquia reza cada viernes por la noche con los cantos de Taizé desde hace cerca de treinta años. “Incluso si sólo hay 4 personas”, dicen, “rezamos juntos y eso es un gran apoyo”.

La segunda tarde participé en una oración que desde hace diecisiete años es animada en una parroquia del centro de Madrid, la parroquia del Corazón de María. Estos grupos son un testimonio. Son conscientes de que, en la oración, lo que cuenta no es que cada vez que rezamos ocurra algo extraordinario pero que, a la larga, es la fidelidad que va a abrir el camino.

En medio de tantos signos de fidelidad pude darme cuenta que la situación de la Iglesia en España es difícil: ¿Cómo comunicar la buena noticia a una sociedad que ha cambiado profundamente y que cambia sin cesar? ¿Cómo hacer para que los jóvenes tengan, primero que anda, un encuentro con Cristo?

La acogida del arzobispo de Oviedo fue especialmente calurosa. El día antes de que llegue me llamó por teléfono para invitarme a la misa en Catedral. Tras la misa, hablamos detenidamente en su oficina. Creía que sería todo, pero me dijo que había reservado toda la tarde para estar conmigo. Entonces, después de la comida, con algunos sacerdotes responsables de la pastoral juvenil y los seminaristas, el arzobispo participó en un encuentro en el seminario que estaba abierto a todo el mundo. La sala estaba llena de jóvenes, de adultos y también de todos los seminaristas de la diócesis. Por la noche hubo una oración en una parroquia. Allí aún había mucha gente. El arzobispo se quedo también para la oración.

Ante la situación de la Iglesia en España no tenemos soluciones. Nadie tiene la « clave ». Pero creo que es importante hacer visitas, porque por medio de ellas podemos ofrecer nuestro apoyo.

2007

Las Islas Canarias han estado marcadas siempre por la distancia física que las separa de la península, llegar hasta ellas supone casi tres horas de avión, la acogida sin embargo es sin precedentes. La distancia entre los pueblos y entre las islas parece que se acentúe aun más cuando el paisaje es tan desértico.

Las islas de Fuerteventura, Lanzarote y Gran Canaria acogieron momentos de oración y de encuentro en iglesias que se llenaron con toda una diversidad de gente comprometida en sus comunidades locales, agentes de pastoral, comunidades religiosas y jóvenes, que pese a la época de exámenes algunos pudieron hacer un alto para reunirse en la oración mostrando así una gran disponibilidad.

Entre todos ellos, muchos recordaban con nostalgia la última visita de los hermanos por esas tierras y otros se acordaban de cómo les marcó hace años aquella semana en Taizé en los años 70 y 80. Una pregunta común a todos al finalizar cada encuentro era: ¿Por qué no crear en nuestra iglesia local un tiempo y un espacio de oración y encuentro que nos reúna de manera muy gratuita y que ello sostenga nuestros compromisos personales y comunitarios?

El recorrido de visitas continuó por las ciudades de Segovia, Soria y el próspero pueblo de Ólvega, donde las oraciones comunes y los encuentros se revistieron de una gran belleza dentro de antiquísimas iglesias románicas.

Entre quienes están muy comprometidos con la iglesia surgían grandes interrogantes: ¿Cómo motivar y acompañar a las nuevas generaciones a continuar peregrinando en la fe? ¿Cómo proponerles un espacio de creatividad en el seno de la comunidad parroquial?

Se percibe como toda una tradición de iglesia local en las pequeñas ciudades y pueblos se entremezcla inexorablemente con una llamada urgente a saber acompañar a los jóvenes en su búsqueda personal.

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