Turín encuentra Taizé 1-4 mayo de 2008

Testimoniar la esperanza

Diario de un encuentro

Miércoles 30 de abril

El Po corre caudaloso, los Alpes, aún nevados, están allí pero un peregrino inesperado no las dejan mostrarse: la lluvia. Por momento torrencial, hace que el ya caótico tráfico se vuelva aún más incontrolable. Así se anuncia el encuentro… todos esperan que el tiempo mejore, al menos con un poco de sol para poder acoger a un grupo de sicilianos que hará el largo viaje para pasar estos 4 días con jóvenes de toda Italia, unidos en torno a la oración común y la escucha de la palabra.

Todo está listo, el Piamonte sorprende por su organización serena como por su acogida calurosa, a modo de ejemplo: Habrá tres lugares de acogida según el medio de transporte de arribo, ¿Cómo hacer que desde el inicio los peregrinos se sientan en casa?

Se ve que en estos 25 años el corazón de los turinenses ha sabido girarse hacia el centro, hacia lo esencial: Un niño de 9 años, Gabrielle, lo resume y nos da un anticipo de lo que quizás viviremos: sabe a qué hora y en qué Iglesias rezaremos cada día… serán seguramente días de oración.

Jueves 1ro de mayo

Una ciudad desierta se prepara para la acogida, algunos temen que el transporte sea un inconveniente para la llegada y el desplazamiento de los peregrinos. El sol ha hecho su aparición, ninguna nube lo disturba, y la llegada de los jóvenes hace más calurosa la jornada. Así, poco a poco, pasan por la acogida los más de 500 inscriptos para todo el encuentro.

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A las 20.30 la iglesia de San Domenico (antigua cede de la inquisición) comienza a latir: no queda casi ningún banco, algunos iconos, velas y un coro magnifico invitan a buscar un lugar y comenzar a rezar… Sin embargo a solo 5 minutos de comenzar la oración la iglesia daba la impresión de estar medio vacía… sólo basto con salir al atrio para que en menos de 3 minutos todos entraran y pudiésemos comenzar.

El “antes” como el “después” de la oración continua siendo un don muy grande del corazón italiano, se respira al ritmo de este pueblo donde la fe y la amistad son inseparables.

Durante la oración uno de los hermanos trato de explicar el sentido del encuentro, Testimoniar la Esperanza: “Vivimos una paradoja mortal, buscamos una existencia más allá del simple bienestar y consumismo, nos sabemos llamados a una vida más, pero al mismo tiempo la facilidad y la comodidad hacen que nos quedemos a mitad de camino. En estos días, a través de la oración, el silencio, el compartir y la apertura a los demás quisiéramos redescubrir y elegir la esperanza.

La oración debía terminar alrededor de las 22.00, el equipo de acogida pensaba que los peregrinos estarían cansados, que el transporte no sería fácil, etc…nada de eso! El coro se “vio forzado” a continuar hasta mas de las 23, los jóvenes permanecían como petrificados o clavados al piso de esta vieja y sencilla iglesia gótica… Gabrielle no se había equivocado: los días de oración ya habían comenzado.

Viernes 2 de mayo

¿Cómo testimoniar la Esperanza? La pregunta había quedado flotando en el aire y se nos concedió un viernes lleno de respuestas. Respuestas despojadas de facilidad o a corto-plazo. Tres momentos marcaron el rumbo: Por la mañana, la introducción bíblica seguida de los grupos de reflexión, las visitas a los lugares de esperanza o la conferencia a la tarde y la oración en torno a la cruz por la noche.

El tema de la introducción bíblica fue mi camino hacia Dios, ¿Cómo entrar en una relación con Dios? ¿Es posible?, ¿Qué camino tomar, que camino nos propone Dios?

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Después del frugal almuerzo en común y el obligado café, algunos partieron al encuentro "Fe y Libertad, mi camino hacia Dios". Mons. Luigi Bettazzi, ex-obispo de Ivrea y presidente de Pax Cristi, el Pastor valdese Giuseppe Platone y una religiosa eremita ilustraron el tema con su testimonio personal. Otros, en cambio, fueron a visitar los lugares de Esperanza.

La visita a la “Piccola Casa”, más conocida como el Cotolengo, fue mucho más que un testimonio de esperanza. Una ciudad dentro de otra ciudad que se ocupa de vivir, de enseñar a vivir a los olvidados, a aquellos que “sin esperanza” como discapacitados, ancianos, drogadictos, jóvenes madres, etc. Los veinte que éramos podíamos sentir, minuto a minuto, que la esperanza no es algo para mañana, para cuando ya no haya más sufrimiento, penas o injusticias. Cada rostro, cada actividad, cada iniciativa nos hablaban de una esperanza, aquí y ahora.

A las 21.00 una catedral desnuda nos esperaba: casi ningún banco, algo de naranja, ladrillos, velas y una cruz de Taizé iluminada… atrás el santo sudario acompañaba tanta sencillez.

El hermano Alois había dejado Taizé lleno con más de 3500 jóvenes reunidos por la fiesta de la Ascensión para venir a rezar con nosotros. Estaban presentes, entre otros, el Card. Poletto, arzobispo de Turín, que lo acogió en nombre de la diócesis y representantes de la iglesia ortodoxa y evangélica.

El hermano Alois decía, entre otras cosas, en su meditación:

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En un tiempo en el que muchos conocemos la tentación del desánimo o del escepticismo, quisiéramos descubrir un nuevo impulso dejándonos llevar por la dinámica de la resurrección. La resurrección de Cristo es como una luz que esclarece el sentido de nuestra vida y enciende una esperanza en el mundo.

Desde su resurrección, Cristo acompaña a cada ser humano. No se impone, sino que humildemente camina a nuestro lado y no cesa de buscar nuestra amistad.

¡Vivamos de esta amistad con Cristo! Esto se vuelve un fermento de paz y reconciliación en la humanidad entera. Extendamos esta amistad a todos quienes están alrededor nuestro, superemos las separaciones. Si pudiésemos hacer todo lo posible para hacer más evidente el hecho que la Iglesia en un lugar de amistad para todos, en particular para quienes son vulnerables, aislados o extranjeros.

Al final de la oración, todos vinieron a la cruz para confiarle a Cristo sus cargas y la de los demás... fue una larga procesión que se prolongó al infinito. Rezar con tantas familias, tantos jóvenes, tantas generaciones juntas fue quizás es resumen y el gesto de esperanza más concreta que se nos podría haber concedido vivir… y como Gabrielle lo auguraba antes que todo comenzase la oración duró y duró…

Sábado 3 de mayo

Hoy el sol parece más estival que nunca pero los peregrinos no se desaniman, luego de las introducciones bíblicas y los grupos de reflexión, la oración a San Domenico nos acoge a todos y permite poner todo lo vivido en manos de Dios.

La tarde tuvo dos puntos salientes: El ágora de las asociaciones y la cena en el Sermig. En una de las pequeñas plazas centrales de Turín, una veintena de asociaciones y movimientos cristianos presentes en la vida de la ciudad se agruparon para presentar sus actividades y compartir con los “casuales” peregrinos todo lo que ya se hace.

A unos pocos metros una mole de ladrillos se erige… ¿una fábrica? Si, pero en otro tiempo y de esas que cualquiera preferiría demoler. La antigua fábrica militar más grande de Italia, es ahora el Arsenal de la Paz (Sermig). Un lugar de acogida e improvisación, nacido como una iniciativa de un pequeño grupo de laicos para ayuda a las misiones, las necesidades locales inmediatas hicieron de este grupo de personas, y más tarde de este edificio, un lugar de acogida para todos aquellos que no encuentran otro lugar, para todos aquellos que la esperanza es una palabra vacía. Allí cenamos.

Para la oración de la noche nos desplazamos fuera de la ciudad, a la novísima Iglesia de “Santo Volto”, un “error” de cálculos permitió que pudiésemos mover más bancos de lo previsto para la oración. Cantos, una corta e intensa meditación de Cardinal Polletto, y silencio: ni más, ni menos.

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El “después” fue lleno de saludos, de despedidas (luego de las celebraciones dominicales cada una volverá a casa), de agradecimientos, de sonrisas, de hasta prontos…

Caras conocidas y muchas caras nuevas, pero sobre todo rostros que ya dan cuenta de una esperanza.

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