Australia

Sídney: oraciones en Saint James

Por la invitación del papa Benedicto XVI, las jornadas mundiales de la juventud se efectuaron en Sídney del 15 al 20 de julio de 2008. A partir del lunes 14 de julio los hermanos de la comunidad animaron oraciones con cantos de Taizé en una parroquia del centro de la ciudad.
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Durante toda una semana se escuchaba en las calles y las estaciones de Sídney las animadas voces de jóvenes de todos los continentes del mundo. Las Jornadas Mundiales de la Juventud atrajeron 250.000 peregrinos reunidos para celebrar su fe y su esperanza.

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Allí donde los edificios macizos del barrio de negocios se codea con el gran parque enfrente de la catedral St Mary’, encontramos la bella iglesia anglicana de St James de colores ocres calurosos. Fue en esta iglesia que nos reuníamos junto a los hermanos de Taizé para la oración diaria. En el curso de la semana, jóvenes cada vez más numerosos se apresuraban en la iglesia hasta el punto de que al fin, algunos no llegaban a entrar, y eso que había cuatro oraciones la tarde y la tarde. Un coro y instrumentistas estuvieron presentes toda la semana para sostener los cantos.

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Siempre había personas de diferentes confesiones. Los jóvenes leyeron las Escrituras en seis idiomas. Fueron también ellos quienes ayudaron para las intercesiones. En el curso de tres oraciones de tarde, el hermano Alois habló a los jóvenes peregrinos.

Cada día, al final de la última oración de tarde, la cruz fue puesta sobre el suelo y mientras todos esperaban pacientemente en una larga fila para poder confiarle a Cristo sus inquietudes, sus temores y sus esperanzas. En la última oración, el Primer ministro de Australia, que había hablado a los jóvenes peregrinos al principio de la semana durante la ceremonia de apertura, vino con su familia a rezar con los jóvenes durante dos horas.

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Las calles del centro de la ciudad estaban cerradas para la circulación, y hasta el célebre "Sydney Harbour Bridge" (Puente de Sídney) estuvo cerrado durante un día entero, lo que les causó problemas a los automovilistas. Sin embargo los habitantes de Sídney respondieron generosamente, dejando sus costumbres para ofrecerles hospitalidad a los numerosos visitantes. La ciudad se vio transformada por todos estos grupos, identificados a veces por su bandera nacional, que andaban cantando a lo largo de las calles para ir de un acontecimiento a otro.

¡Qué cambio, hasta para una ciudad de más de 4 millones de habitantes, cuándo la gente, durante unos días, se reúnen en comunión unos con otros y con toda la Iglesia!

De vuelta de Sídney el hermano Alois dijo a los jóvenes que estaban reunidos en Taizé:

Con tres de nuestros hermanos fuimos a Australia para participar a las jornadas mundiales de la juventud a las cuales el papa Benedicto XVI invitó a jóvenes de todos los continentes. Partiendo de Taizé al principio de la última semana, tuvimos que dejar a muchos jóvenes que estaban aquí sobre la colina para poder reunirnos con los que estaban en Sídney.

Como fue el caso de las jornadas mundiales precedentes habíamos sido invitados para animar oraciones cada día de la semana. En Sídney nos tocó en la bella iglesia Saint James, situada en el centro de la ciudad.

En esta iglesia, que es anglicana, encontramos una colaboración fraterna por parte de los jóvenes del lugar. Así, jóvenes de otra confesión se asociaron con la acogida de los jóvenes católicos. Desde hace muchos años, de vez en cuando, uno de nuestros hermanos viene en esta misma iglesia para darle continuidad a una oración con los cristianos de Sídney y esta continuidad nos pone muy felices.

Por la tarde acabábamos con la oración alrededor de la cruz. Los jóvenes permanecían para cantar y rezar. Otros jóvenes esperaban fuera para poder, cuando fuese su turno, entrar y rezar alrededor de la cruz depositada en el suelo.

Allí recordamos que el hermano Roger murió hace ya tres años, precisamente en el momento en el que transcurrían las jornadas mundiales de la juventud, en ese entonces en Colonia.

Durante estos días en Australia el papa Benedicto XVI invitó a los jóvenes a que sean testigos de Cristo. Aquí a Taizé, semana tras semana, quisiéramos también hacer todo lo posible para que todos los que se reúnen sobre nuestra colina encuentren en la confianza en Cristo un sentido a su vida.

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