El encuentro de Nairobi

El día a día

Catherine viene de Inglaterra y cada día del encuentro nos envió algunas noticias sobre los eventos de la jornada.

Lunes 24 de noviembre

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En el trascurso de la última semana más de cien jóvenes de diversos continentes llegaron aquí, a Nairobi. Muchos descubren África. Vienen de varios países: de Corea a Canadá, de la India a Italia. Ayer, un grupo de catorce jóvenes llegó de Western Cape, Sudáfrica. En el marco de la acogida, estos jóvenes han sido invitados a pasar la semana anterior al encuentro en familias de parroquias rurales en los alrededores de Nairobi y, así, compartir su vida.

Kiriko es una de esas parroquias, como una aldea, anidada en las plantaciones de café y té en medio de numerosas colinas cubiertas de verdor. La escuela terminó la semana pasada y los niños ya están casa. ¡Los gritos de felicidad « Mzungu! » (extranjero) nos saludan a cada paso. Los visitantes (peregrinos, ningún turista) pronto forman parte de la familia: ordeñando la vaca, participando en la cosecha del té o en la preparación del alimento que viene de las pequeñas explotaciones agrícolas alrededor del pueblo o del mercado. Se trata de una vida simple pero la acogida que recibimos no falta de nada, hay una riqueza y una alegría impresionantes.

Un joven voluntario que ayuda a la preparación del encuentro reflexiona sobre estas semanas: « No somos un organismo que vino hasta aquí para « ayudar ». No somos misioneros que vienen para « predicar ». Vivimos al lado de la gente, sencillamente para compartir su vida. » Otra, de Kenia, añade: « Sed como su hermano o su hermana. »

Hay tantas cosas que hay que compartir. Como un joven croata dice: « Tenemos más o menos los mismos problemas: el desempleo, las desigualdades, las luchas étnicas, pero aquí son más transparentes, están menos escondidos. » Desde luego que hay también desafíos diferentes. Un agricultor me dijo: « No llueve desde hace una semana y los cultivos no crecieron todavía suficiente para poder sobrevivir. Entonces hoy, rezamos por la lluvia. »

Martes 25 de noviembre

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Estos días Nairobi, Mji wa Furaha (La ciudad de la alegría), es como una colmena de actividades. Ayer más de veinte jóvenes de los cuatro puntos cardinales de Kenia llegaron para ayudar en la preparación. Cada día crece y crece el número de personas que vamos a acoger.

Sobre el campo de deportes de "Queen of Apostles Seminary", justo al lado, ya se está levantando una inmensa tienda blanca. El equipo de decoración construyó biombos hechos de tallos de papiro y de bambúes, kangas masaï (tejidos imprimidos multicolores) y tejidos rojos pintados con bellos motivos africanos. Aquí, en Kenia, el rojo representa la vida que sale de la tierra roja rica de hierro. El equipo de decoración es uno de los numerosos equipos: ¡Inscripciones, transporte, limpieza, información, y un grupo de veinticinco cocineras / cocineros qué comenzaron hoy a instalar su cocina!

Así como en la colina francesa, las oraciones tres veces al día le dan el ritmo a nuestra vida. Pero no es una simple réplica de Taizé. Las tradiciones y la música de Iglesia en Kenia enriquecen nuestra oración. Cantamos en suajili: « ¡Tazama, tazama, ni vema na vizuri, ndugu kuishi pamoja umoja kwa! ( ¡Ve, hermano mio, como es bello vivir juntos en la unidad! »

Debemos afrontar constantemente la importancia crucial de la unidad y de la reconciliación. Mañana vamos a acoger un grupo de jóvenes que viene de la provincia de Kivu, una región muy problemática de la República democrática del Congo. Para nuestro encuentro de preparación de esta mañana, el padre Peter Muigai, el capellán de los jóvenes del archidiócesis de Nairobi, dio parte de su esperanza con respecto al encuentro: « Los jóvenes que van a reunirse esta semana serán abogados de la paz, del amor y de la reconciliación para todos, porque nunca se sabe qué sucederá mañana. »

Miércoles 26 de noviembre

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Es el día de la acogida que continúa aún después de la puesta de sol. Mañana, con la luz del día descubriremos cuántos jóvenes vinieron. Por el momento, sabemos que hemos sido bendecidos por la llegada de los jóvenes de Uganda y de Ruanda, de Mozambique y de Sudán, además de otros numerosos países de África. Muchos grupos también llegaron de las provincias de Kenya: Kisii y Nyahururu, Machakos y Mombasa, y por supuesto de los alrededores de Nairobi.

La tradición keniata de ofrecer té caliente azucarado a los visitantes no fue dejada de lado, a pesar del grande número. El té fue recibido con gratitud por los numerosos viajeros agotados del camino; un muchacho de Burundi me dijo haber estado en viaje desde el lunes. Otros volvieron de su fructuosa estancia "pre-encuentro" en familias de las parroquias rurales.

Durante una de las oraciones de esta semana escuchamos la historia de la viuda que había dado dos piezas de cobre: « De su pobreza, ella dio todo. » De maneras múltiples, la acogida que los jóvenes reciben aquí, en las parroquias y en las familias, encuentra un eco en este Evangelio. En realidad va más lejos: parroquias católicas acogen a miembros de la Iglesia pentecostal; anglicanos acogen a miembros de la Iglesia presbiteriana de África del este. Una vez más se ponen en cuestión las barreras existentes.

Hermanos de Taizé vinieron de Francia y de las fraternidades alrededor del mundo y las hermanas de San Andrés están también aquí. Una de ellas, que viene de la República democrática del Congo, se sorprendió por la atmósfera « de alegría y de paz » al ver grupos con caras sonrientes que atravesaban el terreno polvoriento donde se levanta nuestra vasta tienda de oración, que se hizo hoy un símbolo vivo de la familia humana.

Jueves 27 de noviembre

Cuando los jóvenes vuelven después de la mañana en las parroquias, se los acoge con una comida comunitaria en el terreno enfrente de nuestra tienda de oración. La cocina es un verdadero milagro que vale la pena visitar: en una extremo del terreno, al amparo de los sacos de azúcar, el equipo de cocineros trabaja día y noche para preparar comidas simples a base de arroz o de ugale (plato de maíz), con salsa. Tienen que cocinar para unas 7000 personas en pequeñas fogatas a leña construidas con piedras... nadie se queda con hambre. La sombra de los inmensos eucaliptos y una rebanada de sandía alivian el calor del sol de mediodía.

Esta comida compartida juntos es otro símbolo de la unidad que buscamos. Esta tarde, después de la oración, el pastor Francis Njoroge, vice-secretario general de la Iglesia presbiteriana de África del este, comparte algunas ideas con todos: " Dios quiere hacer de nosotros una comunidad " dijo, " en Él no hay barreras de tribu, de nacionalidad, de raza. Somos uno en Dios ". En la ciudad de Umoja, las parroquias católicas y presbiterianas, acogen ambas huéspedes y trabajan juntas para preparar las oraciones de mañana, hoy en una iglesia, mañana en la otra.
En uno de los talleres vespertinos pudimos celebrar la diversidad cultural presente con cantos y bailes de todo el continente.

También el Hermano Alois nos habló esta tarde: « Aquí en África, las pruebas que atraviesa la gente no quitan el sentido de la dignidad. Las dificultades de la vida no evacúan la alegría, la gravedad no excluye el baile. Son muchos los que se niegan a ceder a la desesperanza. En primera línea se encuentran a menudo las mujeres, ellas son las que asumen, con creatividad y perseverancia tantas tareas en la familia y en la sociedad. »

Pudimos encontrar a algunas de estas mujeres en el programa matutino, en el momento de las visitas a los « lugares de esperanza », allí donde ellas viven y trabajan. Dos jóvenes keniatas con quienes hablé, visitaron un orfanato, un joven alemán estuvo en una escuela para niños que tenían dificultades de aprendizaje. Aquí estamos tal vez más atentos a la necesidad de actuar a partir de nuestra fe, como el hermano Roger lo escribía hablando de « lucha y contemplación ». Dichas personas nos enseñan que este equilibrio no sólo es posible sino que indispensable.

Viernes 28 de noviembre

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Esta tarde la oración comenzó espontáneamente diez minutos antes con cantos y bailes desbordantes de alegría. Era como si la tienda no pudiera contener la alabanza por más tiempo. Los tiempos de oración que compartimos aquí son tan bellos y tan estimulantes. El canto es acompañado por instrumentos de percusión muy simples, hechos de bambú y de diversas cáscaras vegetales, que dan vida a la música y hacen subir nuestras miles de oraciones con una energía y una verdad tan únicas, tan africanas...

Entre estos momentos de alegría, hay también el tiempo y el espacio para una reflexión calma. En nuestras oraciones hoy, como cada viernes en Taizé, los jóvenes han sido invitados a reunirse alrededor del icono de la cruz para confiarle a Dios sus luchas, sus cargas, sus alegrías. Las bellas palabras en suajili de nuestros cantos nos llevan con ellas: « Uje, Roho Mtakatifu, uje, Mfariji » (Ven Espíritu Santo, ven Consolador). Esta tarde, el Hermano Alois dijo: « En el silencio, esta o aquella palabra de Dios puede echar raíces y crecer
en nosotros. Retengamos sólo una sola palabra, lo importante es poner en práctica. Es poniéndola en práctica que la comprendemos mejor. »

Muchísimos son los que vienen para las oraciones – aquellos de las 80 parroquias de acogida de Nairobi y de las 2500 familias de acogida, así como hermanos y hermanas – los misioneros de la Caridad, los Pequeños hermanos de Jesús, las hermanitas de los pobres. Mañana, acogeremos un grupo de la comunidad Fe y Luz. El cardenal John Njue, el arzobispo de la diócesis católica de Nairobi, vino para la oración de esta tarde. Compartió con nosotros unas palabras de San Augustín: « Entrad en vosotros mismos, y descubriréis cuánto sois preciosos, a que punto Dios os hizo dignos(as). Luego salid de vosotros mismos y descubrid a quien está a vuestro lado, cuánto es preciosa, tanto como vosotros. » Y añadió: « ¿Ved cómo estáis sentados? Estoy seguro que la persona sentada a vuestro lado viene de un lugar diferente, y me pone feliz que estéis reunidos de esta manera. Nosotros somos todo hijo y hijas de Dios, hechos a su imagen. Valorizáos, entonces, los unos a los otros, todos vosotros sois valiosos. »

Ya comenzamos a reflexionar sobre lo que vamos a llevarnos con nosotros de vuelta en casa, cómo vamos a poner esta Palabra simple de Dios en práctica, cómo vamos a valorizarnos unos a otros con una energía renovada.

Sábado 29 de noviembre

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Estos días fueron momentos de encuentro con el otros, de apertura, para compartir. Hoy, el hermano Alois nos dijo: « Este encuentro de Nairobi quiso contribuir a construir relaciones más fraternas y a dejar detrás las falsas representaciones que tenemos de los demás, y que perduran por la falta de contacto entre pueblos y por las heridas de la historia. » Es verdad que aquí, los encuentros entre pueblos pueden ocurrir en el contexto de una larga historia de injusticias, de desigualdades y de violencia. Pero el hermano Alois prosiguió: « Si no podemos rehacer el pasado en estos días, descubrimos la alegría de atravesar las fronteras y de recibirnos los unos a los otros. »

Hay tantos pequeños ejemplos de estos encuentros entre personas: los europeos que comparten una comida con mujeres del sur de Sudán para hablar sobre la vida a casa, un grupo de Massaï, hombres y mujeres en trajes tradicionales, engalanan a sus nuevos amigos con bellas joyas en perlas, familias de acogida que ofrecen como regalo piñas y plátanos de sus pequeñas explotaciones. Varios encuentros llevan en si una bella esperanza: el grupo de jóvenes de Bukavu y de Goma en la República democrática del Congo comparte el autobús con un grupo de Ruanda – ¡qué signo tan fuerte de nuestra Peregrinación de confianza a través de la tierra!

Los talleres de cada tarde ofrecen más posibilidades de aprender unos de otros. Hoy, muchos se reunieron para compartir y hablar de sus experiencias de vida al lado de nuestros hermanos y hermanas musulmanes. Otros talleres tenían como temas: la consolidación de la paz, el silencio, las pequeñas comunidades cristianas, proyectos que favorecen la autonomía de las personas, la reconciliación. Una mujer keniata vino para compartir su experiencia carcelaria y su trabajo para desarrollar servicios para los presos. Un voluntario alemán quedo muy marcado por la apertura de los jóvenes presentes: « Tienen tanta voluntad de compartir y de aprender. »

Esta tarde, la comunidad de Taizé dio un signo de esta comunión, de esta apertura hacia el encuentro de otros. El icono de la amistad, tan familiar para Taizé, que es originario de Egipto, fue dado a cada uno de dieciséis países africanos presentes. El Hermano Alois dijo: « Esta amistad de Cristo, la vivimos entre nosotros. ¡Ensanchemos entonces esta amistad, sobrepasemos las separaciones que aún quedan! »

Printed from: http://www.taize.fr/es_article7681.html - 20 October 2017
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