De regreso a Nairobi

A finales de noviembre de 2008, 7.000 jóvenes de diferentes países de África y de otros lugares se encontraron en Nairobi en una «etapa africana» de la Peregrinación de Confianza a través de la Tierra. Dos hermanos de Taizé, que participaron en su preparación, han vuelto a Nairobi por primera vez desde el encuentro. Unos de ellos escribe:

Assanté, hongera, tunaendela

Al amanecer, el ruido del tráfico que llega desde la autopista va en aumento, intensificado por las bocinas de los autobuses llamando a sus clientes. Después, el canto de las aves anuncia un nuevo día.

No hay agua desde hace una semana, ¡no se sabe cuándo volverá! Es como entrenarse para la vida de cosmonauta: en la vida extra terrestre habrá que economizar cada gota de agua, utilizarla varias veces, reciclarla si es posible. ¿Ciencia ficción? De hecho, es el día a día de mucha gente, incluso en una gran ciudad moderna como Nairobi. El agua llega a algunos barrios en camiones cisternas, en otros se recoge agua en el grifo comunitario y se paga cada cubo.

La caridad se convierte en un precioso testimonio

En Kenia, el ambiente general es de preocupación. La sequía se prolonga, algunas regiones llevan tres temporadas consecutivas sin cosechas. La crisis internacional comienza a dejarse sentir en el turismo, en la industria de flores, así como en los sectores de las comunicaciones y de la industria cervecera. Sin embargo, lo que más inquietud causa es la evolución política local. Mientras que los líderes políticos invierten su tiempo y energía en maniobras políticas, las reformas fundamentales (constitución, tierra…) a las que se habían comprometido en el pacto de 2008 todavía no se han llevado a cabo. La coalición es cada vez más inestable, los ministros dimiten. «¡Somos el tercer país más corrupto del mundo!», admiten algunos jóvenes. Pueden bromear, pero no hay duda de que les afecta anímicamente. La codicia, la búsqueda del poder y sus abusos alimentan diariamente la portada de los periódicos con sus escándalos. Esto puede terminar por influir en la sociedad. No obstante, es algo que no corresponde ni a la tradición ni a la cultura del país, que consiste más bien en compartir o en entreayudarse, como aún se ve en el seno de las familias. En este contexto de carrera por el éxito material, las muestras de caridad en Kenia constituyen un precioso testimonio. Hay que mirar bien para descubrir las: un saludo apenas perceptible de aquellos con los que nos cruzamos, el canto de una limpiadora en las escaleras de un gran edificio, una discusión improvisada sobre un pasaje del Génesis con un pasajero en el matatou (autobús). Y están también aquellos cuyas mismas vidas proclaman ese amor: mujeres que se consagran a las personas mayores más pobres, a la educación de los niños, al cuidado de los enfermos, aquellos que han aceptado desarraigarse para servir a otras comunidades, los que rezan… Ellos proclaman que es posible estar juntos, más allá de la competitividad, del cálculo… Son muchos en Nairobi.

El encuentro de 2008

Sentimos una gran gratitud por el encuentro del pasado noviembre. «Nos habéis hecho más fuertes» dice un estudiante. Un responsable de la comunidad explica: «Los jóvenes me han sorprendido. Han estado a la altura y han podido ocuparse de un número de visitantes superior al esperado, convencer a las familias, gestionar los retrasos y coordinar el programa…» Otro responsable de la Iglesia admite: «No me lo creía cuando llegué al lugar del encuentro. Es importante abrir los jóvenes al ecumenismo, pues aquí sólo se habla de ello cuando hay una urgencia nacional.» Lo más emotivo fue participar en grupos que organizan oraciones regularmente, como en St. Benedict o en Kariobangi.

La semana Santa y la Pascua

Viernes Santo en Korogocho. Desde la mañana, la cruz se encuentra puesta en el suelo del coro de la iglesia. Los fieles de cada una de las cuatro zonas animan una hora de oración con salmos, lecturas, silencio e intercesiones. A medio día comienza la peregrinación en el barrio del mercado. Ya están reunidas unas doscientas personas, el gentío va a triplicarse a lo largo de las estaciones en los diferentes rincones de Korogocho. El incienso, que asciende de un hornillo portátil de quince litros, y el polvo nos acompañan durante dos horas. Llevados por la brisa, se mezclan con el hedor de fermentación en las fosas, con los aromas a hojas secas de las plataneras, olores a fritura y carbón de leña de las cocinas de la calle y los efluvios del inmenso vertedero cercano. Nuestro grupo se pone en marcha bloqueando el flujo de los transeúntes. Seguimos la gran cruz que pesa sus buenos 100 kilos, llevada por unas quince personas y… el altavoz que permite seguir los cantos. En las callejuelas atareadas, intentamos no separarnos mucho, sin pisar demasiado a los que tenemos a nuestro lado. Balidos, música en los bares, la llamada del almuecín, molinos de maíz, artesanos… En las calles populosas, se detienen los negocios para ver al grupo que canta; nos miran algo divertidos, algo sorprendidos. En cada estación nos reagrupamos alrededor de la cruz en pie, un representante de la pequeña comunidad local da la bienvenida, otro comenta brevemente la lectura enlazando con los retos actuales. Hogar de rehabilitación de niños de la calle drogados, escuela, zona de juegos, centro de solidaridad, ruinas de casas quemadas en los actos de violencia tras las elecciones, el puente sobre el vertedero, vagabundos, borrachos, niños traperos… nuestra peregrinación nos lleva a algunos de los lugares de sufrimiento, pero también a lugares de iniciativa, de compromiso. Relevarse para llevar la pesada cruz se convierte en una parábola viva: seguimos juntos al cristo que se confía a nosotros y nos acoge a la vez. María, Simón el Cireneo, Verónica, las mujeres no pararon la pasión. Ellas estuvieron con Jesús. Lo que parecía un espiral de violencia insoportable ha resultado ser el camino hacia la Pascua. Imposible sanar todas las heridas de esta humanidad, pero, acogidos por la comunidad en oración, llevados por su fe, es posible no huir, llevar un poco de la carga. Siempre que nos mantengamos unidos a los demás, se abre un camino hacia lo incomprensible…

Sábado Santo. Vigilia Pascual en Bosco Town con 300 niños de las calles escolarizados por los Salesianos. La vigilia sigue a la liturgia tradicional con la bendición del fuego, las largas lecturas… Algunos caen rendidos y se duermen en los bancos. Bautizan a una treintena de niños por inmersión. La riqueza de los símbolos parece totalmente adaptada.

Domingo de Resurrección. Eucaristía en el pequeño barrio de chabolas vecino de Kwinda. Una de las mujeres de la comunidad ha cedido su parcela para construir la iglesia y algunas barracas para reunirse. Nos intercambiamos nuestros mejores deseos en persona y también por SMS.

En pocas palabras

Para la jornada diocesana de jóvenes, el Domingo de Ramos, el Padre Peter me invitó a decir unas palabras. «He venido para deciros algo en pocas palabras: Assanté, hongera, tunaendela: Gracias por vuestra acogida y vuestra colaboración. Bravo, no solamente por vuestro compromiso y vuestro trabajo fructífero, sino porque vuestra confianza y el hecho de daros a los demás son un testimonio de Cristo, única fuente de paz y de comunión. Continuemos: oremos para que en un futuro cercano haya otras ocasiones de encuentro con jóvenes africanos y de más allá. Sin embargo, podemos vivir esta peregrinación de confianza día a día: siguiendo a Cristo y sembrando la confianza.» Me hace feliz deciros estas palabras a vosotros, que no habéis escatimado esfuerzos frente al reto del encuentro de Nairobi: gracias, bravo y continuemos…

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