Argelia

Tlemcen 2009

Del 9 al 16 de agosto, por cuarta vez, tuvo lugar un encuentro de una semana en Argelia. El encuentro reunió a jóvenes de numerosos países africanos que estudian en Argelia y no pueden todos venir a Taizé. « Vivir en Argelia durante toda una semana la misma experiencia que en Taizé, es muy fuerte. Durante algunos años, hubo que dejar de invitar a Taizé a jóvenes africanos que estudiaban en Argelia por problemas con los visados. De nuevo ha sido posible volver a invitar a algunos, a tres el año pasado y también este año. Durante su estancia en Taizé prepararon el encuentro de Tlemcen para su vuelta en Argelia.

Sarah escribe : « El encuentro de Tlemcen se desarrolló muy bien. Eramos más numerosos que de costumbre, casi 130 participantes de 28 nationalidades, 23 de ellas africanas. Muchos que no habían tenido ninguna experiencia de Taizé volvieron con el corazón lleno de alegría, renovados en el Señor y en la comunión con el otro. » Bruno : « Yo he tenido la impresión de revivir una semana en Taizé, en Francia, en toda su diversidad, en la alegría, la paz, la simplicidad y la comunión fraterna. » Yolande : « Los dos lugares de encuentro, Taizé y Tlemcen, comienzan por una T, dos palabras de 2 sílabas, los dos están situados sobre colinas y reúnen a personas de origen diversos con el objetivo común de una comunión con Dios y con los demás ¡en una gran simplicidad! »

En el equipo de los que se encargaron del encuentro, había dos chicas jóvenes enviadas por Taizé, para que echasen una mano, especialmente con el canto, y también para que descubriesen esa realidad de la Iglesia. Un joven escribe en relación con su presencia : « Estamos inmensamente agradecidos por todo lo que ellas nos han aportado, sabemos que no es fácil asumir tales riesgos, esperamos que lleguen bien y que hayan recibido de nosotros algo que les pueda ser útil en la vida cristiana y social. »

Todos prestan mucha atención al menor signo de comunión que les permite romper el aislamiento en el que viven. Han escuchado juntos la grabación de la meditación del hermano Alois la tarde del jueves en Taizé, donde mencionaba el encuentro, por otra parte, el hermano Alois grabó también especialmente una palabra de acogida para ellos. Uno de los sacerdotes escribe : « el mensaje del principio así como la escucha « en directo » de la meditación del jueves han sido unos regalos estupendos. Era hermoso ver a los jóvenes enlazados en el canto a continuación de la meditación.

¡Permanecemos en comunión, y rezad por nosotros, por favor ! »

Superaciones por vivir

Al principio de la primavera, un hermano y un amigo de la comunidad visitaron durante dos semanas a los cristianos de Argelia. Los contactos de la Comunidad de Taizé con este país del Magreb no datan de ayer: ya antes de la independencia de 1962 un pequeño grupo de hermanos vivía en fraternidad en un barrio pobre de la capital.
El objetivo de esta visita se inscribía, pues, en una cierta continuidad para buscar juntos con la Iglesia de Argelia las fuentes de la confianza en el Señor y los signos de esperanza en las situaciones, a veces muy complejas y difíciles, que viven los cristianos de este país. La continuidad también fue palpable gracias a lo que fue vivido durante el encuentro de jóvenes en Nairobi en Kenya, puesto que hubo una fuerte presencia de los jóvenes africanos subsaharianos que estudian en Argelia.

Quedamos muy marcados por dos aspectos de estos pequeños encuentros, de dos o tres días, en los cuales una centena de jóvenes pudo participar. Por una parte, se manifiesta una expresión espontánea y sincera, nacida de una alegría simple y desbordante que se plasma tanto en los gestos calurosos de la acogida como en los cantos y los bailes en el momento de las celebraciones. A pesar de todas las preocupaciones y los problemas con los cuales están confrontados estos jóvenes africanos y sus países, no pierden el sentido de la fiesta gratuita que se plasma en una alegría compartida entre originarios de países muy diversos y hasta a veces en guerra.

Por otra parte, fue atrapante el ver las superaciones a las que cada uno fue capaz en el momento de estos encuentros, bastante cortos pero siempre muy intensos y que pedían de cada participante una atención completa. La casa que se consideraba apenas bastante grande para vivir una decena de personas acogió el doble, la cocina que estuvo prevista al principio para unos monjes alimentó finalmente una centena de estudiantes hambrientos, y las paredes de la capilla parecían haberse ensanchado para dejar el sitio a los cantos y a los bailes de los jóvenes cristianos venidos más de veinte países diferentes del continente africano. Superación de nuestros miedos y superación de nuestras certezas: esta es lo que nos espera cuando aceptamos dejarnos trastocar, cuando dejamos el sitio al espíritu creativo. Y la vida brota allí donde no se la esperaba.

En medio de los cambios que vió la Iglesia de Argelia, nuestra visita nos permitió ver a cada etapa los pequeños signos de esta vida que continúa en profundidad como los primeros arroyos de primavera cuando funden las nieves. Vimos el estado precario de la situación de los que se preparan para el bautismo, el carácter efímero de las comunidades de estudiantes y de inmigrantes o la fragilidad de las estructuras de la Iglesia. Pero vimos sobre todo cuánto cada uno, a su nivel, fue invitado a una superación para seguir a Dios. La Carta de Kenya cita las palabras de san Agustín, este cristiano de África del norte: «Eras más íntimo que lo íntimo de mí mismo, y más elevado que las cimas de mí mismo.» De regreso de nuestra visita, nuestro corazón está colmado de agradecimiento por las superaciones que pudimos ver y vivir juntos con nuestros amigos.

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