Encuentro de Poznan

Meditaciones del hermano Aloís

Durante las oraciones vespertinas del encuentro el hermano Alois dará una meditación que serán publicadas en esta página.

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Martes por la noche 29 diciembre 2009

Es una gran alegría estar todos juntos. Por cuarta vez celebramos un encuentro en Polonia: dos veces en Wroclaw, una en Varsovia y ahora en Poznan. Por cuarta vez los jóvenes europeos descubren la hermosa hospitalidad de las familias polacas.

A vuestra llegada habéis recibido la « Carta de China ». El interrogante que me guió en la redacción de dicha carta es éste : ¿Por qué creer hoy ? ¿Qué razones pueden llevar a creer en Dios, en Jesucristo ?

Junto con dos de mis hermanos, he hecho una visita de tres semanas a los cristianos de China. Lo que más me ha tocado en ese país es ver que en muchos jóvenes hay presente una espera espiritual. Me encontré con jóvenes que no eran creyentes y que se volvían hacia la religión.

Una anciana nos dijo : « Después de tantos años en los que ninguna expresión de fe era posible, hoy día, cada vez más, hay personas no cristianas que vienen a ver lo que vivimos. »

Un joven nos explicaba : « El alma china siempre ha creído en el cielo, en un más allá, es algo muy arraigado. Estos últimos años, la vida material ha mejorado, afortunadamente, pero al mismo tiempo muchos sienten un vacío espiritual y buscan un sentido a la vida. »

En Occidente, a pesar de tener una historia muy distinta, ¿acaso no nos enfrentamos a cuestiones similares ? El progreso económico, y aún más, la puesta en cuestión de dicho progreso, no permiten seguir cerrando los ojos. No podemos evitar preguntarnos : ¿qué es lo que puede orientar mi vida ? ¿Qué meta escoger que valga la pena ?

Todos nosotros sentimos que hay necesidad de grandes cambios en nuestro mundo. La estructura de nuestras sociedades y los modelos de pensamiento de ayer se revelan como inadecuados e insuficientes para que las personas y los pueblos puedan vivir juntos en paz.

Pero también descubrimos que el cambio necesario, particularmente una refundación del sistema económico y financiero mundial, no ocurrirá sin un cambio del corazón humano. ¿Cómo sentar las bases de un sistema más justo mientras algunos continúan pretendiendo acumular riquezas en detrimento de los demás ?

Nos hemos reunido aquí para que cada uno de nosotros comience o profundice un cambió así en su corazón.

¿En qué fuente vamos a beber para alcanzar ese cambio de corazón ? En cada corazón humano hay una espera, una sed de vida en plenitud. Es la espera de ser amado y amar. Mañana por la mañana, en pequeños grupos, reflexionaréis sobre esa espera común a todos.

Pero al mismo tiempo, todos hemos tenido experiencia de que esa espera no se colma más que raramente, y jamás de manera definitiva. Lejos de descorazonarnos, esto puede permitirnos descubrir y redescubrir una comunión personal con Dios. Esa sed que nos habita, ¿acaso no es una marca grabada por Dios en nosotros para que podamos volvernos hacia él ?

Así pues, ¿por qué creer hoy ?

El progreso económico, por importante que sea, no puede saciar nuestra sed más profunda. Esta sed abre nuestro corazón para que escuchemos la voz del Espíritu Santo, que murmura día y noche en nosotros : « Eres amado para siempre y sin retorno ; ni siquiera las pruebas de tu vida, por reales y muy duras que a veces sean, no pueden borrar ese amor. »

Y he aquí que nuestro corazón cambia. Y no solamente nuestro corazón, sino también nuestra mirada, y nuestro comportamiento. Nuestro discernimiento se afina : sin ser ingenuos a menudo nos descubrimos capaces de dialogar, de ir hacia los otros, de hacer de nuestra vida una peregrinación de confianza. Y así contribuiremos como cristianos a señalar el rostro de ese mundo que ya está naciendo.

Un niño : Cada noche, vamos a decir los nombres y a rezar por las nacionalidades que están aquí. Saludamos esta noche a los jóvenes de Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Islandia, Portugal, España, Italia y Malta.

En los dos pabellones en los que nos hemos reunido, la oración continuará ahora por medio del canto y la oración en torno a la cruz. Cada uno puede venir a apoyar la frente sobre la cruz para confiar a Dios sus propias cargas y las de los demás.

El arzobispo Stanisław Gadecki y el hermano Alois, Poznan, miércoles por la tarde, 30 de diciembre de 2009

(hermano Alois) Desde hace muchos años, los jóvenes polacos me decían : « ¡Venid a Poznan para un encuentro europeo ! » Nos alegramos de que hoy sea posible. Para nosotros los hermanos, el amor a Polonia forma parte de la herencia que el hermano Roger nos dejó. Él mostraba una atención muy particular hacia Polonia y los jóvenes polacos.

Gracias al arzobispo, nuestro querido Monseñor Gadecki, por habernos invitado. Gracias al grupo ecuménico de Poznan, que representa a las Iglesias católica, ortodoxa y protestantes, por haber venido a Taizé para confirmar dicha invitación. Gracias al Ayuntamiento de Poznan que también se unió a estas calurosas invitaciones. Ahora el arzobispo va a hablarnos. Yo os diré todavía unas palabras más al final de nuestra oración.

El arzobispo Stanisław Gadecki :

« Nos alegramos de vuestra venida »

Junto con las autoridades y los habitantes de la ciudad de Poznań y de nuestra región, junto con los representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, quiero dar la bienvenida a todos los jóvenes que han llegado hasta aquí desde el Este y el Oeste, del Norte y del Sur de Europa, así como a los que también vienen de otros continentes. Nos alegramos mucho de vuestra venida y deseamos acogeros lo mejor posible. Entendemos vuestra presencia como un don magnífico para esta diócesis, la más antigua de Polonia, para todas las Iglesias y comunidades eclesiales aquí presentes, para la ciudad de Poznań y para toda Polonia.
Saludo calurosamente al hermano Alois y a todos los hermanos de la Comunidad de Taizé. Les agradezco que hayan elegido para esta etapa de la « Peregrinación de confianza a través de la tierra » la ciudad de Poznań –« donde Polonia nació y donde comenzó igualmente la historia de su vida cristiana ». De aquí viene el hermano Marek, el primer polaco en entrar en la comunidad de Taizé. De aquí provienen igualmente un grupo de jóvenes fuertemente comprometidos, que conocen bien los ideales de Taizé. Ellos creen que todos los jóvenes forman una familia única de hijos de Dios, independientemente de las diferencias de lengua, de cultura y de nacionalidad, independientemente también de la diversidad de contextos históricos, culturales y confesionales.

El hermano Roger, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé, veía claramente que para esta gran familia de jóvenes las divisiones existentes entre los cristianos suponían un problema. Al mismo tiempo, tenía el convencimiento de que los cristianos podrían reencontrar esa unidad tan deseada por Cristo tan sólo gracias a un ecumenismo alimentado por la Palabra de Dios, por la celebración de la Eucaristía, por la oración y por la contemplación. En otros tiempos –en la liturgia de la antigua Iglesia – después de la homilía, el obispo declamaba : Conversi ad Dominum. Al oír esas palabras, todos los fieles se levantaban y se volvían hacia Oriente, es decir, hacia Cristo. Sí, tan sólo mirando juntos a Cristo alcanzaremos la unidad tan deseada.

Hoy, treinta años después del nacimiento de Solidarność, que marcó el inicio de todo un proceso para reconquistar la libertad en numerosos países de nuestro continente y para iniciar una nueva etapa en la unificación de Europa, es tiempo de hacerse una pregunta : ¿hoy, en Europa y en otros continentes, pensamos seriamente qué sentido dar a la libertad ? ¿Qué hago yo de mi libertad ? El último viaje del hermano Alois a China pone aún más de relieve la necesidad de interrogarse a este respecto.

Queridos jóvenes amigos. ¡Os saludo a todos de nuevo y deseo que vuestros corazones –repletos de diversos deseos y esperanzas- encuentren en Poznań una respuesta segura a todas vuestras preguntas, que sean tocados por Dios y que conozcan una alegría verdadera !

Hermano Aloís

Ayer os dije : Nos hemos reunido aquí para que cada uno de nosotros comience o profundice un cambio en su corazón.

¿Cómo puede lograrse un cambio de corazón así ? En primer lugar, no se trata de un acto de voluntariedad. Es cuando nos volvemos hacia Dios cuando nuestro corazón cambia. Es Dios quien lo cambia. ¿Podríamos, cada día, tomarnos un tiempo para volvernos hacia Dios ?

En la oración, Dios sale siempre a nuestro encuentro. La Biblia se atreve a decir que en Dios hay una sed de comunión con el ser humano. Dios viene a nosotros en Cristo. La eucaristía es la expresión más clara que se nos da de esto. Por ella, recibimos su vida. La eucaristía es un misterio tal que no podemos recibirlo sino en un espíritu de niñez y de adoración.

María es para siempre testigo de que Dios viene a nosotros. Es por este motivo que también podemos mirar hacia ella. Aquí en Polonia, la fe en la eucaristía y la veneración a María han permitido a multitud de personas atravesar desde la confianza en Dios las grandes pruebas de la historia.

Por el Espíritu Santo Dios habita en nuestros corazones y allí nos habla, sugiriéndonos ideas, proyectos. También nos habla a través de nuestros deseos. Pero ¿cómo reconocer esa voz interior ? Nuestro corazón desborda una profusión de deseos y aspiraciones. Quisiéramos tantas cosas, incluso contradictorias…

Es importante hacer selección entre nuestros deseos. No todos son malos, y tampoco son todos buenos. Se trata de aprender pacientemente a cuáles dar prioridad y cuáles dejar de lado.

Hacer selección entre nuestros deseos, aceptar no tenerlo todo, nos abre a los demás, nos preserva del aislamiento y nos conduce a compartir lo que tenemos. ¿Por qué será que el bienestar material está a menudo acompañado de un repliegue sobre uno mismo, de una pérdida de la verdadera comunicación ?

Sí, muchos de nosotros querríamos tomarnos en serio este compromiso : elegir la sencillez de vida.

Elegir la sencillez abre nuestro corazón para el compartir. Muchas iniciativas para compartir y compromisos humanitarios están a nuestro alcance. Aquí, en Poznan, vemos a muchas personas que avanzan ya por ese camino y que pueden movernos hacia él.

También pienso en las religiosas que visité en China. Se habían establecido en la región de Sichuan, donde acontecieron los grandes terremotos en 2008. Ellas acudieron en socorro de las poblaciones damnificadas. Pero no podían hablar de su fe. No podían sino ser una presencia silenciosa, reflejo de ese niño Jesús nacido silenciosamente en Belén.

Si, junto con dos de mis hermanos, hemos estado recientemente en China, no era para aportar algo, sino para escuchar a los cristianos. Escucharles y rezar por ellos, en especial cuando nos llegan desde este país noticias inquietantes. Escuchando a estas religiosas, comprendimos mejor el camino del compartir, de la sencillez y de la gratuidad.

Una de ella nos dijo : « Después de muchos meses de trabajo con la gente, muchas de nosotras atravesamos un periodo de duda. ¿Por qué tantos sufrimientos ? » Otra decía : « Viendo nuestra impotencia para ayudar a la gente, me siento como María bajo la Cruz. »

Otra más : « Nos pidieron que no habláramos de la fe, es duro pero ahora comprendo aún mejor mi vocación, estar cerca de la gente es ya vivir el Evangelio. La gente sospecha que nuestra vida tiene un sentido, aunque se les escape. »

El testimonio de estas religiosas cristianas chinas, ¿podría sostener en nosotros la esperanza y el coraje de elegir la sencillez ?

Un niño : cada noche, diremos los nombres y rezaremos por las nacionalidades que están aquí. Esta noche saludamos a los jóvenes de Bielorrusia, Rusia, Turkmenistán, Uzbekistán, Ucrania, Georgia, Albania, Serbia, Bosnia-Herzegovina, Rumanía, Montenegro, Lituania y Eslovaquia.

Saludamos a los jóvenes de China, Hong-Kong, Corea, Japón, India, Indonesia, Singapur, Filipinas, Malasia, Vietnam, Israel y Chipre.

Saludamos a los cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, y pastores de las Iglesias católica, ortodoxa y protestantes de Polonia y de otros países.

Saludamos al representante del Presidente de la República de Polonia y a los responsables políticos de la ciudad y de la región de Poznan.

En los dos pabellones en los que nos hemos reunido, la oración continuará ahora por medio del canto y la oración en torno a la cruz. Cada uno puede venir a apoyar la frente sobre la cruz para confiar a Dios sus propias cargas y las de los demás.

Jueves tarde 31 diciembre 2009

Hace veinte años, durante el primer encuentro europeo de jóvenes en Polonia, justo después de la caída del muro de Berlín, vivíamos la fiesta de la libertad reencontrada, un gran momento de alegría.

Era el tiempo del entusiasmo, mientras que ahora es más bien el tiempo de la decisión y de la perseverancia.

Hoy día, ¿reflexionamos lo suficiente acerca del sentido de la libertad ? La libertad es poder elegir dónde situar nuestras prioridades. La libertad significa no ceder ante las propias malas tendencias. La libertad permite también una lucha contra las estructuras de injusticia en las sociedades.

La libertad es también poder expresar nuestra fe. Durante nuestra reciente visita a China, junto con dos de mis hermanos, muchos nos contaron los sufrimientos que sus padres o abuelos padecieron por su fe. Muchos de entre vosotros, que venís de Polonia o de otros países de la Europa central u oriental, también tenéis padres o abuelos que saben lo que significa sufrir a causa de la fe.

Quisiéramos dar gracias a Dios por esos cristianos que se han mantenido y han perseverado. Hoy podemos sentirnos cerca de los creyentes de China. Ellos se conmueven cuando saben que en Taizé oramos por ellos los viernes por la tarde.

Esta tarde quisera decir una palabra especial a los jóvenes polacos. Tenéis raíces profundas en la fe. A través de los siglos se ha forjado una tradición en vuestro país que ha permitido a vuestro pueblo atravesar grandes pruebas. A menudo esas raíces están ligadas a vuestra familia o a la parroquia en la que habéis crecido.

Hoy, buscáis renovar las expresiones de la fe, y eso está bien. Las expresiones exteriores pueden cambiar, a menudo deben cambiar, para que la luz de la fe brille con un fulgor renovado.

Pero esa búsqueda será en vano si no está acompañada de una comprensión de las tradiciones recibidas. He ahí el desafío : crear de nuevo, apoyándoos en la tradición. Nuestra pequeña comunidad de Taizé quisiera acompañaros en esa búsqueda. Hemos recibido tanto de vuestro país que nos sentimos alentados a permanecer unidos a vuestro caminar.

La luz que los niños acaban de encender y que nos hemos transmitido los unos a los otros viene de lejos : la llama ha sido traída desde la gruta de la Natividad en Belén.

Esta llama de paz y de amistad está ahí para iluminar a todos los humanos. Así pues, no podemos aceptar que la desigualdad aumente en el mundo, que tan sólo unos cuantos se beneficien de la prosperidad económica mientras que una gran mayoría conoce la pobreza. Queremos elegir la sencillez de vida para promover el compartir, la solidaridad, el uso responsable de los recursos de nuestro planeta.

Sí, la luz de paz es para todos los humanos. Esto nos empuja a continuar nuestra « peregrinación de confianza a través de la tierra ». He aquí cuáles serán las siguientes etapas.

Cada semana del año próximo continuarán los encuentros en Taizé. En el mes de agosto, haremos memoria del hermano Roger : hará cinco años que nos dejó. Y también será el 70 aniversario de Taizé.

Esta año habrá encuentros en Portugal, en Sarajevo, en Noruega.

Además, dentro de un año tendremos un nuevo encuentro europeo. Se celebrará en un país donde todavía no ha tenido nunca lugar. Será del 28 de diciembre de 2010 al 1 de enero de 2011 en los Países Bajos, en la ciudad de Rotterdam.

Desde hace algunos meses ha comenzado ya la preparación y lo ha hecho con entusiasmo. ¡Qué alegría ver que todas las Iglesias, en su gran diversidad, se reúnen para buscar ofrecer un nuevo rostro de la Iglesia ! ¡Gracias a los holandeses !

Nuestra peregrinación se ha ensanchado estos últimos años mediante encuentros en Asia, África y en América Latina. ¿Por qué ? La globalización, a pesar de todas sus ambigüedades, nos ofrece nuevas posibilidades de expresar la universalidad de nuestra comunión en Cristo.

Tal y como se anunció hace un año, nuestro quinto encuentro asiático de jóvenes tendrá lugar en unas semanas, a principios de febrero, en las Filipinas, en Manila. Los filipinos que se encuentran aquí entre nosotros nos aseguran que las puertas de sus corazones están abiertas de par en par para la acogida.

Y después de Asia, regresaremos a América Latina. Del 8 al 12 de diciembre de 2010, el segundo encuentro latinoamericano tendrá lugar en Chile, en la ciudad de Santiago.

Hay aquí algunos chilenos. El sacerdote responsable de jóvenes de Santiago, el Padre Galo, y numerosos jóvenes. Uno de estos jóvenes chilenos, Claudio, va a decirnos unas palabras :

Hace tres años, nuestros amigos de Bolivia nos invitaron a participar en el primer encuentro latinoamericano de Taizé. Ahora, la peregrinación de confianza a través de la tierra tendrá una nueva etapa en nuestro país. Para los jóvenes chilenos y latinoamericanos, será una ocasión de reafirmar los lazos de comunión y de renovar su compromiso de ser discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino. Con mucha alegría les invitamos a participar en el encuentro de Santiago de Chile.

Un niño : Esta noche, saludamos a los jóvenes de Moldavia, Armenia, Croacia, Hungría, Bulgaria, Eslovenia, Estonia, Letonia, República Checa, y de Italia, especialmente a los jóvenes de L’Aquila que este año pasado vivieron el terremoto.

Saludamos también a los jóvenes de Chile, Brasil, Mexico, Puerto Rico, Cuba, Colombia, Argentina, Venezuela, Canada y Estados Unidos

A continuación la oración continuará mendiante el canto y la oración en torno a la cruz.

Viernes por la tarde del 1ro de enero de 2010

Grande es nuestro agradecimiento por la acogida que hemos recibido. Gracias de todo corazón a las familias y a todos aquellos que han abierto sus puertas con tanta generosidad. Gracias a los responsables de las Iglesias que han sostenido la preparación. Gracias a las autoridades civiles que han aportado su colaboración

Durante estos días de encuentro, cada uno hemos podido descubrir que no estamos solos. Formamos parte de una comunidad de creyentes. Hemos podido ver que en Polonia, la fe en Cristo es inseparable de la pertenencia a la Iglesia. Más que nunca, es importante no huir, sino expresar nuestro amor por esa comunión única que es la Iglesia.

Si cada noche os he hablado de nuestro viaje a China, es porque he sentido lo extraordinario que es estar unidos a los cristianos de aquel país. China ha sido un país cerrado durante mucho tiempo. Hoy no podemos permanecer en la distancia, este país está más cerca de nosotros de lo que somos conscientes.

Quisiera hablar todavía de dos personas que encontramos durante ese viaje. En Shanghai conocí a un obispo de 93 años que pasó 23 años en prisión a causa de su fe. En los años difíciles, pensaba que todas las religiones desaparecerían de China, que ya no habría fe y que quizás solo tras cien años regresarían los misioneros. Pero la evolución fue diferente. Y después de tanto tiempo en prisión, él se atrevió a asumir responsabilidades.

Uno de los testimonios más fuertes nos lo dio un pastor protestante de 80 años. Pasó 27 años en un campo de trabajo, primero prisionero, luego exiliado muy lejos. « En aquel campo - nos dijo- estábamos juntos con cristianos de otras confesiones. Había pastores, sacerdotes, un obispo » Después, se levantó para decir con fuerza : « Sé que no hay más que un solo cuerpo de Cristo, en él estamos unidos, yo lo he vivido. »

Y añadía : « En ese periodo en el que ya no había Iglesia visible, existía, sin embargo, la Iglesia invisible. Lo que me daba vida era la palabra de Isaías en la que Dios dice : « Mis caminos no son vuestros caminos » Y cuando yo le pregunté cómo veía el futuro, él respondió : « Yo no conozco el futuro, pero conozco a Dios. Él nos guiará paso a paso.

Hay cristianos en China que, como este pastor, buscan en el presente una reconciliación. Esto supone una urgencia entre las confesiones, pero también en el seno de cada Iglesia. En ese sentido en Taizé nos sentimos muy cercanos a ellos.

Al igual que en China, en Occidente se manifiesta una nueva sed de interioridad y una atención al más allá renace. Es un signo de esperanza.

Así que ha llegado la hora de que vosotros, los jóvenes, toméis conciencia de que está en vuestra mano transmitir la confianza en Dios a los demás. Incluso si sólo habéis comprendido un poco del Evangelio, ponedlo en práctica, hablad de ello a los amigos que no conocen la fe, acompañad también a algunos niños en el camino de la fe.

Todos vosotros conocéis a jóvenes de vuestra edad que, al entrar en la vida adulta, pierden su vínculo con la comunidad cristiana, no necesariamente a consecuencia de una decisión madura, sino por una simple sucesión de circunstancias. ¿Sabréis encontraros y buscar con ellos cómo renovar ese vínculo con la fe ?

En los próximos años, algunos de vosotros adquiriréis muchos conocimientos y competencias en el campo de vuestros estudios o de vuestro trabajo. Estad atentos para no dejar que vuestra fe se quede con las expresiones aprendidas en la infancia. De regreso a casa, buscad cómo profundizar siempre en vuestra comprensión del misterio de la fe.

¿Qué nos ha aportado el encuentro de estos días ? Esta tarde habéis buscado juntos cómo renovar el coraje. Una palabra de una santa polaca, Urszula Ledochowska, puede mantenernos vigilantes : « Siempre en camino, jamás desarraigados »

Sí, en la fe somos peregrinos. Para todos nosotros hay y habrá pruebas en el camino. Por momentos, parecen desbordarnos, hasta el punto de que incluso el consuelo que viene de las personas más cercanas no nos basta. ¿Qué hacer entonces ? Nuestra respuesta a las pruebas personales y a las pruebas que otros soportan, ¿acaso no es amar todavía más ?

Estos días hemos cantado un canto que podría acompañarnos en nuestro regreso. Comienza por las palabras del Evangelio de Juan : « Bóg jest miłością. Dios es amor. »

Y este canto continúa con las palabras que pronunció, aquí en Polonia, el Papa Juan Pablo II, ese Papa tan querido que siempre nos apoyó en Taizé en nuestro compromiso con los jóvenes y por la reconciliación de los cristianos. Éstas son las palabras : « Miejcie odwagę źyć dla miłości; atrévete a vivir para amar. »

Un niño : Esta noche, saludamos a los jóvenes de Austria, Suiza, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Alemania, Países Bajos, Luxemburgo, Bélgica, los jóvenes de Kazakstan y todos los jóvenes de Polonia.

Saludamos a los jóvenes de Togo, Senegal, Kenya, Camerún, Eritrea, Sudáfrica y Australia.

Ahora la oración continuará mediante el canto y la oración en torno a la cruz.

Printed from: http://www.taize.fr/es_article9597.html - 19 November 2017
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