2021 Meditación del hermano Alois en la Sagrada Familia Barcelona

Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona
Domingo, 12 de diciembre de 2021
Oración con cantos de Taizé en ocasión de la inauguración de la Torre de la Madre de Dios

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Siempre es una alegría volver a Barcelona, por los lazos de amistad desde hace tanto tiempo…Algunos jóvenes al llegar a Taizé dicen “aquí me siento como en casa”. Hoy, también yo quiero decir aquí con mis hermanos, nos sentimos como en casa. Vuestro Arzobispo Joan Josep Omella nunca deja de invitarnos a que volvamos. A él y al Patronato de la Sagrada Familia les quiero agradecer esta invitación para estar y rezar con vosotros.

No puedo olvidar la acogida que Barcelona nos ofreció en los tres encuentros europeos de jóvenes que tuvimos en vuestra ciudad. Veo nuestra cita de hoy como un momento privilegiado de esta larga peregrinación de confianza. Especialmente ahora que viviremos el encuentro Europeo de Fin de Año por internet y hasta julio no podremos encontrarnos juntos en Turín.

Esta tarde nuestra oración es muy festiva. Estamos en el tiempo de Adviento. Lo hacemos dando gracias a Dios por la vida de la madre de Jesús. Ella esperaba la venida de alguien que diera nueva esperanza a su pueblo. Hoy la recordamos inaugurando la “Torre de la Madre de Dios” en esta basílica. A la alabanza extraordinaria que constituye este lugar añadimos nuestros cantos y damos gracias.

Acabamos de escuchar el relato de una fiesta, ¡una boda! Celebrar un matrimonio es tan humano... Es una fiesta de esperanza. El Evangelista Juan nos dice algo que al hno. Roger, el fundador de nuestra comunidad de Taizé, le gustaba repetir: Dios nos quiere felices. Con un gesto festivo, convertir el agua en vino, Jesús empieza a comunicarnos su buena nueva de la cercanía de Dios.

Llama la atención cómo la madre de Jesús estaba atenta a todo lo que sucedía en esa fiesta, a todo lo que era humano, queriendo que la felicidad perdurara. ¡Ella sabía mirar! Conoce nuestra humanidad, sabe construir signos de fraternidad.

Sus palabras espontaneas y sencillas nos dan a conocer su confianza en Jesús. “No tienen vino”, “haced como él os diga”. Ella sabe en quien confía y nos lleva hacia él.

Como mujer, como madre, sabe estar presente sin pedir nada a cambio. Siempre atenta a las grandes y pequeñas necesidades de la vida, solidaria, sin miedo al sufrimiento cercano. Ella hace presente a Jesús en la historia humana. Es la primera en la Comunión de los Santos, figura de la Iglesia.

Quizás es eso lo que la estrella colocada en lo alto de la Torre de la Mare de Déu nos indica. Estrella como presencia del cosmos. En la vocación cristiana nos señala el camino hacia Jesús.

Entrar en la Sagrada Familia es dejarse invadir por la luz. Antonio Gaudí era un arquitecto de la luz. Él dijo: “La Gloria es la luz, la luz da gozo y el gozo es la alegría del espíritu”. Encontraba la luz retornando a la naturaleza, e intuyendo algo del absoluto de Dios, que él tanto quiso comunicar. Pensaba que incluso las piedras podían ser un canto de alabanza. Esta estrella iluminada nos lo recuerda dia y noche a creyentes o no, y a creyentes de otras religiones.

A los catalanes os gustan las estrellas. Las que veis desde las montañas y el mar. Tenéis la que “ilumina la catalana terra” y es “estrella de l’orient” como canta el Virolai. Las estrellas nos hacen levantar los ojos, como también lo hacen las piedras de Gaudí. Levantar la mirada para salir de nosotros y ver más lejos. Las estrellas nos devuelven el espíritu de infancia y así vivir aquí abajo como hermanas y hermanos, en comunión con todos y con todo.

En el poema de la creación, colocado al principio de la Biblia, aparecen en la bóveda del universo astros y estrellas y “Dios vio que era bello”. Fue el regalo para la primera pareja humana. Esta Basílica es una meditación de la creación, nos dice con formas, piedras, materiales diversos y colores que “todo es bello” que todo está unido. Incluso las columnas torcidas de Gaudí nos elevan.

Aquí podemos sentir la invitación a que toda nuestra vida sea bella. Esta tarde cantamos mucho, como también nos gusta hacer en Taizé, se nos invita a aceptar un desafío para que todo sea un canto de alabanza, uniendo lo humano y lo terrestre, lo visible y lo invisible.


Foto: Ramon Ripoll - Arquebisbat de Barcelona

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