Encuentro europeo en Turín | Julio 2022

Meditaciones del hermano Alois

Cada noche, el hermano Alois dará una meditación a los jóvenes la cual será publicada en esta página.

Jueves 7 de julio

Esta noche es una gran alegría estar aquí en Turín para esta nueva etapa de la peregrinación de confianza en la tierra, un encuentro europeo que se celebra en un momento del año inusual.

A causa de la pandemia, nuestros planes se han visto alterados. Durante dos años consecutivos, el encuentro europeo no ha podido celebrarse como hubiéramos deseado. Por eso, junto con los responsables de las Iglesias de aquí, hemos querido invitaros a venir ahora a Turín, y la presencia de jóvenes de Europa es una buena noticia que nos alegra mucho, ¡e incluso ha venido un grupo de Egipto! Me gustaría saludarles especialmente.

Este encuentro europeo ha sido posible gracias a la invitación de las Iglesias, al apoyo de la ciudad y de la región, al compromiso de los jóvenes voluntarios y, por supuesto, a la confianza de las personas que os acogen en sus casas. A todos vosotros, ¡gracias de todo corazón!

A lo largo de este año, en Taizé y en otros lugares, estamos reflexionando sobre seis propuestas para "ser creadores de unidad". En todo lo que desgarra nuestra humanidad, ante las terribles consecuencias de la guerra y la violencia, queremos hacer todo lo posible para testimoniar juntos que nos necesitamos unos a otros.

Nuestro tiempo es una época de realidades paradójicas. Por un lado, la humanidad está tomando una conciencia más clara de que está interconectada y vinculada a toda la creación. La pandemia nos lo ha hecho ver una vez más: somos una sola familia humana, pasamos juntos por ciertas pruebas y sólo juntos podemos superarlas.

Cada vez está más claro que la llamada a vivir como hermanos entre los humanos nos lleva al mismo tiempo a cuidar de la creación: no podremos vivir plenamente esta relación entre nosotros si seguimos dañando nuestro maravilloso planeta.

Por otra parte, las polarizaciones se agravan a nivel social, político y ético, y provocan nuevas rupturas en las sociedades, entre los países, e incluso en el seno de las familias. Los cristianos no se libran de estos antagonismos. Entre las Iglesias y también dentro de ellas, las diferencias se endurecen y se convierten en divisiones, mientras que nuestro testimonio de unidad en la diversidad sería vital.

En el fragmento de la Carta a los Romanos que hemos escuchado antes, el apóstol Pablo habla de la Iglesia como un cuerpo, en unión con Cristo. Sí, en la Iglesia, nos gustaría estar unidos unos con otros, como partes de un mismo cuerpo. Y en este cuerpo, la unidad va acompañada de una gran diversidad de dones. Volveré a hablar de ello mañana por la tarde.

Después de esta primera oración vespertina, iréis a vuestras familias o comunidades de acogida. Alegrémonos de que las puertas se abran para acogernos. Es tan importante, en nuestras sociedades marcadas a menudo por una creciente desconfianza, que hagamos una simple experiencia de confianza.


Viernes 8 de julio

Esta mañana, en los pequeños grupos de intercambio, habéis reflexionado juntos sobre la unidad de la familia humana y habéis pensado en esta pregunta: "¿Podríamos tender más la mano a los demás, incluso a aquellos a los que no nos acercaríamos espontáneamente?".

Lo que ocurre con las relaciones humanas, con la amistad social que puede existir entre personas aparentemente muy diferentes, es también muy importante en la Iglesia. En efecto, sólo podemos transmitir la luz de Cristo juntos. ¿Cómo podemos ser creíbles al hablar de un Dios de amor si permanecemos separados en confesiones diferentes?

Nuestra búsqueda de la reconciliación tiene sus raíces en el acercamiento de Dios a nosotros, e implica acercarnos unos a otros en un intercambio de dones. A través de ese intercambio de dones, podemos descubrir lo mejor que Dios ha depositado en los demás, y aprender a hacer juntos todo lo que podamos, sin hacer nada que desprecie a los demás.

Esto es posible cuando rezamos más juntos. Reunirse más a menudo en vigilias de oración es ya una forma de dejar que el Espíritu Santo nos una.

Recuerdo, durante una visita a China, el testimonio muy poderoso de un pastor protestante de 80 años. Había pasado 27 años en un campo de trabajo, primero encarcelado y luego exiliado muy lejos. "En ese campo", nos dijo, "estábamos junto a cristianos de otras denominaciones; había pastores, sacerdotes, un obispo". Entonces se levantó y dijo con fuerza: "Sé que hay un solo cuerpo de Cristo, en él estamos unidos, lo he experimentado". Este testimonio nunca me abandona.

Otro momento de unidad que me gustaría contaros es el encuentro de jóvenes adultos que tuvo lugar esta primavera en Siria, en la ciudad de Homs, medio destruida. Participaron 700 jóvenes de toda Siria y de diferentes iglesias. Lamentablemente, los hermanos no pudimos participar, pero nos unimos a ellos en la oración. Estos jóvenes nos dan un mensaje de esperanza: quieren reconstruir su país, no sólo materialmente, sino también restaurando la confianza en los demás que ha sido dañada. Y este testimonio de unidad adquiere una gran fuerza.

Sí, es la comunión entre nosotros la que da credibilidad al Evangelio; a través de esta comunión, podemos convertirnos en un signo que brilla incluso en las situaciones más difíciles. Incluso cuando la violencia parece apoderarse de nosotros con tanta frecuencia, y en un momento en que nuestro continente europeo está de nuevo desgarrado por la guerra en su suelo.

Para esperar que crezca la paz entre los pueblos, no permitamos que se perpetúen entre nosotros las divisiones heredadas del pasado. Busquemos la comunión visible de la Iglesia. Este es un testimonio urgente en medio de las divisiones y polarizaciones de nuestro tiempo.

Cuando descubrimos que la comunión con Dios es un intercambio, comprendemos mejor que la reconciliación no es sólo una dimensión del Evangelio, sino su corazón. Es el restablecimiento por Cristo de la confianza mutua entre Dios y la humanidad. Y esto transforma las relaciones humanas.

A quienes Dios reconcilia consigo mismo, los envía al mundo. Cristo nos hace embajadores de la reconciliación en el mundo porque Cristo quiere reconciliar a toda la humanidad. Cristo pide que "todos" sean uno: este don no está reservado a unos pocos, se ofrece a todos los que llevan el nombre de Cristo, y está destinado a todos los humanos.


Sábado 9 de julio

Esta tarde, quisiera empezar saludando a los turineses que han venido a rezar con nosotros en esta hermosa iglesia de San Felipe Neri, y también a todos los que participan en nuestra oración común online en las redes sociales, como cada sábado por la tarde desde Taizé.

Estos días en Turín estamos haciendo una experiencia de comunión, enraizada en el amor de Dios que se nos revela a través de la vida, la cruz y la resurrección de Cristo Jesús. Esta tarde, durante la vigilia de oración que os está siendo ofrecida en distintos lugares del centro de la ciudad, podremos recordarlo rezando ante la Sábana Santa.
La Sábana Santa nos recuerda que en el corazón de nuestra fe está la cruz y la resurrección de Jesús. El odio, la violencia y la muerte no tienen la última palabra. Donde hay divisiones y separaciones, donde las cosas se rompen, podemos intentar ser creadores de paz, reconciliación y comunión. Así, a través de nuestra vida, damos testimonio de la resurrección.

¿Cómo podemos dar testimonio de la esperanza de la resurrección? No es principalmente a través de nuestras palabras, sino a través de nuestras vidas que nos convertimos en testigos del amor de Cristo por cada ser humano. Con su resurrección, Cristo construyó un puente entre la muerte y la vida, entre la desesperación y la esperanza. Este puente tendido por Cristo Jesús lleva más allá de la muerte, más allá de la violencia.

Pensamos mucho en esto durante estos días al encontrarnos, aquí en Turín, con los jóvenes de Ucrania que han podido venir y participar en el encuentro a pesar de la tragedia de la guerra y de los sufrimientos que conlleva. Algunos de ellos viven en otros países europeos, y un grupo pudo venir desde Kiev. Los llevamos en nuestras oraciones.

También quiero saludar una vez más al grupo de Egipto y a los jóvenes de fuera del continente europeo. Su presencia nos recuerda que la experiencia de comunión que estamos viviendo estos días va más allá de todas las fronteras.

En los próximos meses, la peregrinación de confianza continuará en diversos lugares. Todos serán bienvenidos en Taizé, durante el verano y durante todo el año. La próxima semana, tendremos un encuentro de amistad entre jóvenes cristianos y musulmanes.

Del 21 al 28 de agosto, una semana especial de reflexión reunirá en Taizé a jóvenes de 18 a 35 años, con un programa especial, para los que lo deseen, sobre la salvaguarda de la diversidad de la vida.

Y luego, a finales de año, tendremos nuestro próximo encuentro europeo. Tendrá lugar en Rostock (Alemania), en la costa del mar Báltico, en una región en la que se nos espera desde hace tiempo: las diferentes iglesias cristianas y las autoridades civiles nos invitan y preparan una cálida acogida.

Esta "peregrinación de confianza", con paradas en distintas partes del mundo, nos recuerda que somos peregrinos por nuestra propia existencia: como el propio Jesús, nuestra patria no es de este mundo.

Ya en los primeros tiempos del cristianismo, esta intuición estaba presente cuando los cristianos recordaban que eran "el alma del mundo". En palabras de un testigo de finales del siglo II, los cristianos "pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo" (Carta a Diogneto, V, 9).

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