Español

Textos bíblicos comentados

Las «meditaciones bíblicas» son propuestas para sostener la búsqueda de Dios en el silencio y la oración. Se trata de dedicar dos o tres horas para leer en silencio los textos bíblicos que se sugieren y que van acompañados de un breve comentario y algunas preguntas. Más tarde, reunidos en pequeños grupos en casa de uno de los participantes, se comparte brevemente lo que cada uno cree haber descubierto, pudiendo eventualmente finalizar el encuentro con un tiempo de oración.
2014

abril

Santiago 1, 19-27 : Poner la Palabra en práctica
Hermanos míos queridos, ya estáis instruidos. Con todo, que cada uno sea veloz para escuchar, lento para hablar, lento a la ira. Pues la ira del varón no promueve la justicia de Dios. Por tanto, despojados de cualquier mancha y maldad redundante, recibid con mansedumbre el mensaje plantado en vosotros, que es capaz de salvaros la vida.
 
Sed ejecutores del mensaje y no sólo oyentes que se hacen ilusiones. Pues si uno es oyente y no ejecutor, se parece a aquel que se miraba la cara en el espejo: se observó, se marchó y muy pronto se olvidó de cómo era. El que se inclina a mirar la ley perfecta, la de hombres libres, y se mantiene no como oyente olvidadizo, sino como ejecutor de la obra, ése será dichoso en su actividad.
 
Si uno se tiene por religioso porque no refrena la lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía. Una religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre consiste en cuidar de huérfanos y viudas en su necesidad y en no dejarse contaminar por el mundo. (Santiago 1, 19-27)

En un mundo en el que estamos bombardeados por multitud de mensajes, la voz del Evangelio se vuelve a veces inaudible. Por diversos motivos, el anuncio de la Buena Noticia de Jesús resulta inaccesible para una gran parte del mundo. En este contexto, ¿cómo podemos hacer la Palabra de Dios accesible a nuestros contemporáneos?

La Carta de Santiago, escrita para las comunidades cristianas dispersas fuera de Palestina, cobra especial actualidad en este mundo multicultural, secularizado y globalizado. El texto enfatiza la importancia de las obras, en otras palabras, de la práctica concreta del amor. No se trata de escuchar meramente la Palabra : sino de actuar.

Santiago apremia a sus lectores a ser « veloces para escuchar y lentos para hablar ». La importancia de la escucha para construir y mantener la paz en todos los niveles de la sociedad no puede ser subestimada. Esta virtud es aún más necesaria para quienes ostentan algún tipo de responsabilidad. Ser « lento a la ira » (v. 19) nos recuerda que « el Señor es lento a la ira y rico en misericordia » (Salmo 103,8). Por supuesto, puede haber una cólera santa y justificada. Tenemos buenos motivos para indignarnos ante las injusticias perpetradas contra los débiles de la sociedad, ante los abusos a los inocentes. Pero cuando se nos malinterpreta o acusa falsamente, nuestra ira raramente resuelve nada. No facilita nuestras relaciones con los demás ni la paz de nuestro corazón. Perseverar en una relación en lugar de enfadarse prepara el terreno a la Palabra de Dios.

La Palabra, de hecho, ya ha sido plantada en nosotros (v. 21). Son buenas noticias : Cristo nos amó y se ofreció a Dios por nosotros (Efeios 5, 2). Podemos vivir en el amor porque él nos amó primero. Debemos acoger esta Palabra de vida y verdad como un tesoro precioso, puesto que puede salvar nuestras vidas (v. 21). Acoger la Palabra significa también ponerla en práctica. Meditarla o contemplarla no basta. Más tarde, la carta desarrolla la relación entre creer y actuar (2, 14-26). En un lenguaje diferente al de San Pablo, Santiago dice que somos justificados por nuestras obras y no sólo por la fe (2, 24). Ésta es una cuestión que, desde la Reforma, ha generado gran controversia y divisiones. Sin embargo, la posición de Santiago no entra necesariamente en contradicción con lo que dice el apóstol Pablo. Para Pablo también « lo que cuenta es una fe activa por el amor ». (Gálatas 5, 6)

Para Santiago, poner en práctica el amor está íntimamente ligado al culto a Dios (v. 27). La solidaridad con los pobres no es sólo una exigencia ética, sino también un camino para el encuentro con el Señor, que se identificó con los más pequeños (ver Mateo 25, 40). No se puede separar la acción de la oración, la lucha de la contemplación, la solidaridad de la vida interior. La verdadera religión no supone nunca un alejamiento de las realidades de la vida. Para Santiago, el rechazo a lo mundano va de la mano del compromiso con los pobres y afligidos (v. 27)

Traducido en actos concretos de amor, el lenguaje de la fe puede redescubrir su poder y significado. Así, las palabras del Evangelio pueden tocar el corazón de las personas más allá de nuestras iglesias y pueden cambiar sus vidas.

- ¿Cómo podemos aprender a ser « veloces para escuchar y lentos para hablar » ? ¿Qué me ayuda a gestionar la ira ?

- ¿Quiénes son « los huérfanos y viudas en necesidad » para nosotros hoy ? ¿Dónde es urgente aportar solidaridad, a nuestro alrededor y en el mundo ?

- “Ubi caritas Deus ibi est” (Donde hay caridad y amor, Dios ahí está). ¿Cuándo he experimentado esto ? ¿Qué personas reflejan esto con sus vidas ?



Otras meditaciones bíblicas:

Última actualización: 1ro de abril de 2014