El trabajo de los hermanos

Los esmaltes

La idea de organizar un taller de esmaltes en cobre en Taizé tiene al menos dos orígenes. Uno de nuestros hermanos mayores, dotado para las artes, creaba colgantes usando la técnica del esmaltado en cobre. Pero eran piezas únicas, siempre originales en su forma. Fue el padre de uno de los hermanos de la comunidad, que elaboraba piezas decorativas en esmalte, quien nos animó a crear un taller para producir este tipo de piezas de manera artesanal.

Así, dos hermanos se fueron a su casa unos días para recibir formación. Esta formación consistía en aprender a encargar esmaltes y piezas de cobre, a dominar las técnicas de aplicación del esmalte, así como la cocción y el acabado de las piezas horneadas.

Fortalecidos por esta modesta experiencia, comenzamos a organizar nuestro taller en Taizé a principios de los años 80.

Al principio, probamos esmaltar pequeños objetos de cobre: platos pequeños y cuencos de diferentes tamaños. La conclusión fue que la producción de tales piezas requeriría mucho trabajo y material, y que, por tanto, los costes de producción superarían nuestras capacidades. Esto también podría afectar los precios de venta, lo que podría disminuir futuras compras.

Por otro lado, la idea de producir cruces en forma de paloma apareció bastante rápido, pero se fue desarrollando progresivamente. Se inspiraba, por supuesto, en una cruz similar ya existente en latón. Este prototipo era de un tamaño considerable, lo que hacía que estas primeras cruces esmaltadas fueran bastante grandes y muy pesadas. Con el tiempo, cuando resultó que la cruz de Taizé era popular en un formato más pequeño, redujimos su tamaño progresivamente. Así, la cruz era más ligera y aumentaba la eficacia de nuestro trabajo.

Como a los jóvenes y a los menos jóvenes que venían a Taizé les gustaban estos esmaltados, tuvimos que comprar un horno más grande y el equipo de hermanos que trabajaba en el taller se fue ampliando poco a poco.