Hermano Matthew

Meditación para el primer domingo de Adviento

Isaías 2, 1-5, Mateo 24, 37-44
Tamino Petelinšek

Este primer domingo de Adviento es también el día en que conmemoramos al apóstol Andrés. Por eso, quiero desear una «feliz fiesta» especialmente a las Hermanas de San Andrés, cuya presencia en Ameugny desde hace casi 60 años es un regalo de Dios, y también a todos los Andrés que hay entre nosotros, ¡conocidos o desconocidos!

Al comienzo de este nuevo año litúrgico, ¿qué nos dicen las Escrituras que acabamos de escuchar? La lectura del libro de Isaías anuncia la paz. La época de Isaías no era más fácil que la nuestra. En el siglo VIII a. C., los ejércitos asirios habían invadido la tierra de Israel y amenazaban, como enormes olas, con engullir también Jerusalén.

Hoy, como en el pasado, es necesario y urgente recordar la capacidad y el deseo de Dios de convertir las espadas en arados, las armas de guerra en herramientas de vida. «Muchos pueblos ya no se entrenarán para la guerra». Vivir esta esperanza es un desafío y un bálsamo, un consuelo. Pienso especialmente en Jihan y Daoud, de la Tienda de las Naciones, cerca de Belén, que están con nosotros estos días. Ellos viven de esta esperanza.

La invitación a caminar «a la luz del Señor» está dirigida a todos nosotros. Nosotros, que escuchamos la palabra de Dios en estos tiempos de incertidumbre, ansiedad y guerra, podemos encontrar en Isaías un compañero de viaje que nos anima, nos desafía y nos fortalece.

El Evangelio también nos anima: nos anima a velar, a estar preparados para la venida del Hijo del Hombre, Cristo. Jesús evoca los días previos al diluvio, una época en la que el mal y la violencia se apoderaron del mundo: su venida pondrá fin a todo ello. 

Pero también dice que el momento decisivo llegará en medio de la vida cotidiana, cuando algunos estén trabajando en el campo y otros en el molino. No es solo en momentos extraordinarios o dramáticos cuando debemos estar atentos. Entonces Jesús dice que su venida será como la de un ladrón en la noche: es imposible saber la hora.

¿Qué reacción me provocan estas palabras de Jesús? ¿Miedo? ¿Una sensación de impotencia? Jesús comparado con un ladrón... eso puede hacernos sentir incómodos o incluso perturbados.

Sin embargo, en un mundo en el que queremos controlarlo todo, ¿no debemos reconocer que hay cosas que escapan a nuestro deseo de saberlo y comprenderlo todo? No podemos arreglarlo todo, no podemos ponerlo todo en orden.

No obstante, la actitud que se nos pide adoptar no es ni el cansancio ni la pasividad: es una espera paciente y activa que discierne los signos de la presencia de Dios. Dios ha elegido vivir entre nosotros y siempre viene a nosotros con humildad, en medio de la complejidad de nuestros tiempos.

¿No estamos invitados a permanecer despiertos, dispuestos a caminar hacia la luz del nacimiento de Cristo, que ya brilla? ¿No ilumina el camino por el que estamos llamados a velar por el don que nos confía: su paz para nuestros corazones y la paz en la tierra?

Cristo Jesús, ayúdanos a estar atentos y preparados para recibirte en todo momento. Presencia humilde que llama a la puerta de nuestro corazón, tú nos preparas y vienes a nosotros a menudo sin que lo sepamos: a través de tu Palabra, a través de aquellos que nos desafían en nuestra vida cotidiana y a través del susurro de tu Espíritu Santo que mora en nosotros. ¡Ven, Cristo Jesús, ven!

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Publicado el 7 dic 2025