Una Iglesia viva en el corazón de la Argentina
Febrero - Marzo 2026
Dos hermanos de Taizé y una laica consagrada, que lleva mucho tiempo viviendo con los hermanos de Taizé en Brasil, pasaron cinco semanas en una fraternidad provisional en Alta Gracia, en la provincia de Córdoba (Argentina), acompañados por tres jóvenes voluntarios (dos de los cuales habían sido anteriormente voluntarios en Taizé). Este es su relato:
El hecho de que fuéramos seis personas, de diferentes edades, géneros, caracteres e Iglesias, supuso una gran riqueza. Nos aportó una diversidad de puntos de vista y perspectivas variadas que ampliaron la comprensión de nuestra presencia en Argentina. Cinco semanas no bastan para conocerlo todo, pero han sido suficientes para acercarnos a esta Iglesia en particular, una Iglesia que nos ha acogido con las puertas y el corazón abierto.
Acogidos por la Iglesia local
Al principio, estábamos un poco preocupados por cómo se desarrollaría la experiencia: seis personas en una fraternidad, en un lugar desconocido, era todo un reto. Pero la Iglesia local había preparado bien nuestra llegada. Un grupo de personas se encargó de buscar todo lo necesario para poner en marcha la vida en comunidad provisional en dos pequeños apartamentos situados en una pequeña casa adyacente a la casa parroquial, en el centro de la ciudad.
Alta Gracia, una ciudad de tamaño modesto situada a unos cuarenta kilómetros al sur de Córdoba, nos pareció al principio que ofrecía pocas posibilidades de participar en actividades. Pero los días nos han demostrado que allí se llevan a cabo numerosas iniciativas importantes.
La vida de la pequeña fraternidad
La alegría de la pequeña fraternidad fue un regalo muy valioso. La acogida y el respeto por nuestras diferencias crearon en cada uno de nosotros un sentimiento de pertenencia que los demás percibieron como un testimonio.
Al final del día, nos reuníamos con los habitantes de la ciudad que deseaban unirse a nosotros para la oración en la iglesia parroquial del centro. Muchas personas participaron también en las oraciones que tuvieron lugar en otras parroquias de Alta Gracia, en el santuario local «La Gruta», en Córdoba y en otras ciudades de la provincia.
Pensábamos que estábamos dando algo, pero en realidad éramos nosotros quienes recibíamos. De camino a la iglesia, un joven que vigilaba los coches en la calle nos recibía con un abrazo y una sonrisa, y a veces con un mate…
Estar con las personas y tener tiempo para vivir con ellas nos ha hecho crecer: nuestras fragilidades se encuentran y nos hacen crecer juntos. Es don, acogida, compartir y comunión —signo de la presencia de Dios entre nosotros.
Hogar de Cristo: la Iglesia al servicio de los más vulnerables
En Alta Gracia y en Córdoba, visitábamos con regularidad los centros de barrio que forman parte de la federación «Familia Grande – Hogar de Cristo». Allí se acoge durante el día a jóvenes que desean salir de las drogas. Dos de nosotros acudíamos allí cada mañana para colaborar.
Los jóvenes que acuden a estos centros se encuentran a menudo en situaciones muy difíciles, y la implicación de la Iglesia en este ámbito es impresionante: una Iglesia verdaderamente comprometida con los pobres y con quienes necesitan ayuda. El lema de los centros —«vivir la vida tal y como viene»— expresa bien el espíritu de estos lugares.
«Un oído atento al pueblo y el otro al Evangelio»
(Monseñor Enrique Angelelli, obispo de La Rioja)
Estas palabras resumen bien el espíritu que hemos encontrado en muchos lugares. Una asamblea parroquial en la que participamos en Alta Gracia ponía de manifiesto ese mismo dinamismo: grupos de intercambio, conversaciones en el Espíritu, una responsabilidad de los laicos que se tomaba muy en serio. Fue hermoso e inspirador.
Viajes a otras provincias del país
En febrero, un hermano visitó Buenos Aires para participar en oraciones con cantos de Taizé. Se celebró una oración en una parroquia católica, preparada por jóvenes que han sido voluntarios en Taizé en los últimos años. Al día siguiente, tuvo lugar una oración en una iglesia protestante del centro de la ciudad, animada por un grupo que organiza allí regularmente oraciones con cantos de Taizé.
Más tarde, un hermano y un voluntario viajaron a Santiago del Estero, Tucumán y Salta. En cada lugar se animaron momentos de oración con iglesias llenas. En Tucumán, en particular, hay una fuerte presencia de jóvenes que han vivido una experiencia de voluntariado en Taizé —algunos desde los años noventa. Su cariño y su disponibilidad nos han conmovido profundamente.
Hacia el final de la experiencia, otras dos miembros de la fraternidad visitaron la provincia de Santa Fe. Fueron acogidas calurosamente en Rosario —en una parroquia de un barrio popular— y en Venado Tuerto, donde también participaron en una oración.
Tres ejemplos de encuentros memorables
Entre los encuentros más conmovedores, dos mujeres que, a los 18 años, fueron secuestradas, recluidas y torturadas durante dos años durante la dictadura de 1976. Forman parte de la Comunidad Laica Charles de Foucauld y luchan por la memoria de los 30 000 desaparecidos y por los derechos humanos.
También conocimos a un líder del pueblo indígena de los Comechingones, quien nos explicó la difícil situación de su pueblo, así como el proceso político que busca borrar su cultura y su historia.
Una visita memorable fue la del seminario diocesano: estos jóvenes no eligen el seminario como un medio de ascenso social, sino sobre todo como un medio de servicio.
La particularidad de la archidiócesis de Córdoba
Saber que es posible buscar juntos, de manera sinodal y en diálogo en el Espíritu —en la asamblea parroquial y en la asamblea de jóvenes— es un aspecto que nos ha marcado especialmente. El hecho de contar, en la estructura de la archidiócesis, con un vicariato de jóvenes y otro de los pobres demuestra una orientación pastoral decididamente abierta.
Lo que el Espíritu nos ha hecho vivir
Lo que el Espíritu nos ha hecho experimentar es la presencia de su ternura, que nos ha permitido convertirnos en una fraternidad provisional de Taizé en Alta Gracia. De ese silencio y de la oración común surgió nuestra orientación hacia Cristo, que nos hace ser uno en Él.
Lo que retenemos de la experiencia coincide con algunos aspectos de la Carta de 2026 del hermano Matthew —«¿Qué buscáis?»: la búsqueda del silencio, la alegría, un mundo justo y la comunidad. Juntos, la Comunidad y los jóvenes presentes en esta experiencia tuvieron la alegría de sentir que es posible poner en práctica esta propuesta.
En Argentina, y en todos los lugares donde la Comunidad está presente, la oración y el silencio nos orientan en una misma dirección: la búsqueda de una vida en un mundo de paz y sentido.
Publicado el 20 may 2026