hermano Claudio

Meditación de Navidad

Isaías 9, 1-3. 5-6; Lucas 2, 1-14
Taizé

En esta noche, que para muchos de nosotros es una oportunidad para reunirnos con la familia, la comunidad y los amigos en la alegría y el compartir —aunque para algunos de nosotros sea la primera vez que pasamos esta noche lejos de nuestras familias—, celebramos la memoria del nacimiento de Jesús. La lectura del profeta Isaías nos recuerda la promesa de que es en medio de la noche, en la oscuridad, donde se revelará la intervención definitiva de Dios en la historia de su pueblo.

El signo de la intervención de Dios anunciado por el profeta es un niño: un recién nacido que trae luz, justicia y paz. En otros lugares de la Biblia, la esperanza se vincula a un rey o a un líder adulto; aquí, en cambio, se expresa en el don de un nacimiento, de una nueva vida, de alguien cuya existencia es la semilla de una justicia y una paz definitivas.

Así es como la tradición ha vinculado este texto del profeta Isaías con la Buena Noticia que acabamos de escuchar: en el pueblo de Belén, se nos da un niño, una nueva vida. Y lo que ocurrió aquella noche es relatado en términos contrastantes en el Evangelio de Lucas.

El nacimiento mismo de Jesús se cuenta de una manera extremadamente sencilla. En tres frases se dice todo: llegó el momento para María de dar a luz, dio a luz a su hijo y lo acostó en un pesebre. La precariedad de este nacimiento, la pobreza de esta familia, no deja de asombrarnos: Jesús nace en los márgenes, cerca de los más pobres del pueblo.

Y la escena con los pastores contrasta con este nacimiento: una luz resplandeciente, ángeles en el cielo celebrando. El ángel revela a los pastores el sentido de este nacimiento en los márgenes y les da una señal: un niño recién nacido, bajo un refugio precario —y es el Mesías, el Príncipe de la Paz, quien está allí y a quien pueden ir a encontrar—. Los pastores, que saben lo que significa estar marginados y ser pobres, pueden reconocer la señal. Y para ellos, el canto de los ángeles confirma las palabras del salmo: Dios anuncia la paz a su pueblo, a los que están cerca de Él.

Esto es lo que para mí significa la venida del niño Jesús: que una nueva vida es posible dentro de nuestra humanidad. Para reconocerla, nuestros ojos no deben dirigirse al centro, sino a los márgenes, porque Dios elige a los pobres para hacerse presente, para revelarse. Pues en Jesús, Dios se hace presente de manera definitiva, como “Dios-con-nosotros”, y entonces incluso nuestra pobreza se convierte en una oportunidad de encuentro.

Acojamos la paz que nos llega desde la memoria del nacimiento de Jesús. Acojamos la paz que se anuncia no solo a los pastores, sino también a nosotros, y dejémonos inspirar por la manera en que Dios elige revelarse, para que una nueva vida crezca en nosotros y a nuestro alrededor.

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Publicado el 26 dic 2025