Comentarios bíblicos
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"¿Quieres sanar?"
Juan 5, 1-9Jesús mira con compasión al hombre que yace en el suelo. Ha estado paralizado durante 38 años ... ¡tanto tiempo! Ha perdido su autonomía, además, no tiene a nadie que lo ayude. Jesús ve su desdicha, su sufrimiento, su desesperación, y le dirige la palabra: “¿Quieres sanar?” No es el paralítico el que pide curación, sino que es Jesús el que plantea esta pregunta.
¿Quieres sanar? ¿Quién no querría curación? Sin embargo, la respuesta del paralítico es indirecta. Está tan inmovilizado y desesperado, que ni siquiera puede conseguir dar una respuesta simple y clara. Quizás ya ni cree que le pueda suceder nada positivo. A este desheredado que parece que no pueda hacer nada por sí mismo, Jesús le ofrece una curación. No dice: “¡Estás curado!” sino “Levántate, toma tu camilla y camina.” Como si le dijera: “De ahora en adelante, ¡hazte cargo de tu vida! ¡Eres capaz de ello!”
Todos los relatos de curaciones realizadas por Jesús revelan la bondad infinita de Aquel que lo ha enviado. Dios quiere plenitud de vida para todo ser humano. Multitud de relatos a lo largo de la Biblia nos muestran a este Dios que no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de su pueblo y de su creación. Dios Creador es Dios Salvador. Ninguna norma religiosa, ni siquiera una tan importante como la del sábado, puede impedir que Jesús cure al enfermo. La persona curada es reintegrada plenamente a la vida colectiva.
Podemos leer este relato desde la perspectiva de nuestras situaciones. En cada uno de nosotros hay heridas: recuerdo de una humillación, sueño no realizado, deseo no cumplido. No es fácil enfrentarse a ellas. A veces las rehuimos o las escondemos, porque nos hacen daño o nos sentimos avergonzados.
Por miedo a fracasar, a equivocarnos, nos falta audacia para arriesgarnos, para asumir la responsabilidad y las consecuencias de nuestras decisiones. En lugar de captar lo posible, a menudo permanecemos paralizados ante a lo imposible. Culpamos a los demás: padres, maestros, responsables políticos, de empresas o de iglesias.
También los graves problemas del mundo nos asaltan: cambio climático, desigualdades, competencia despiadada en el campo económico, conflictos internacionales y guerras, crisis de refugiados ... Frente a los desafíos del mundo, nos sentimos impotentes y desamparados. Nuestro planeta es como el hombre del evangelio que estuvo paralizado durante 38 años.
En la vida colectiva, como en la vida personal, en lugar de caer en el fatalismo, ¿podemos escuchar la palabra de Jesús?: ¿Quieres sanar? ¿Quieres cambiar tu vida? ¿Quieres una vida plena? ¿Quieres cambiar la sociedad, hacer que la Tierra sea más habitable para todos? ¿Crees que es posible? Entonces, ¡levántate! ¡Comienza hoy, asume tu parte de responsabilidad! ¡Da el primer paso, ya no estás solo! Busca amigos que compartan la misma fe, los mismos valores. Con todos los seres humanos de buena voluntad – ¡hay muchos! - cuidemos la creación. Al hacerlo así, encontrarás un sentido a tu vida.
En una oración silenciosa, escuchemos la voz de Cristo, y veamos también la mirada de Cristo que nos susurra: ¿quieres sanar?