Comentarios bíblicos
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Abril 2026

El misterio de la Pascua

Juan 12, 20-33
Entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Los textos de la Semana Santa y de Pascua son bastante numerosos y abordan este tema de forma más o menos explícita. Para leer y meditar la parábola del grano de trigo, conviene fijarse en su contexto: observar la curiosidad y el interés de la gente, incluso de los no judíos, por lo que Jesús podía ofrecerles como enseñanza. Pero, ¿qué esperaban? Y he aquí que Jesús les cuenta esta parábola sobre la necesidad de morir para dar fruto… En otras palabras: ¡no aferrarse a la propia vida! No es muy atractivo. Escándalo o incomprensión para muchos, incluso para sus discípulos, que le dicen, por medio de Pedro: «¡Que eso no te suceda! » (Mt 16,22). Escándalo, pero también interrogación, incluso cuestionamiento, sí, ¡una gran ocasión de duda para el propio Jesús! ¡Está turbado! ¡Quizás con el deseo de librarse de lo que le espera! Pensemos en esa frase «aparta de mí este cáliz» que pronunciará en Getsemaní (Lucas 22,42).

Pero leamos este pasaje hasta el final: ¿cuál es el camino de la vida? – pues, al fin y al cabo, al final no solo hay un final y un abismo, sino también fruto y vida! Misterio del paso pascual: morir para vivir. Y no separar ambas cosas. En nuestro lenguaje y nuestra lógica quizá pensemos en términos de dualidades y oposiciones, pero ¿lograremos pensar —o más aún: ¡vivir!— el misterio en su conjunto? En San Juan encontramos en múltiples ocasiones una expresión que une estas dos realidades: la gloria. Dios manifiesta en Jesús su gloria, en su vida entregada, en su vida de resucitado.

01
¿He sentido alguna vez una sensación de escándalo ante las palabras de Cristo que, tras años, finalmente se ha aclarado?
02
¿He vivido alguna vez una pérdida, una pequeña o gran muerte en mi vida, que me haya llevado a una vida más plena?
03
¿Sigo creyendo que «la vida es más fuerte que la muerte»?

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