Comentarios bíblicos
mensuales
Encontrar nuestro camino
1 Samuel 3, 1-10
A veces podemos escuchar a un joven decir: «Quiero saber qué quiere Dios que haga con mi vida. Aunque llevo mucho tiempo pensando en ello, no he encontrado ninguna respuesta». ¡Qué maravilloso es que alguien se plantee esta pregunta! ¡Que no lo vea como un problema! Muchas personas terminan sus estudios, buscan un trabajo, «se establecen» de una forma u otra y solo mucho más tarde en su vida se plantean esta pregunta, o incluso apenas piensan en ella en toda su vida. Tener esta pregunta, aunque sea incómoda, es un regalo de Dios. Pero, ¿qué se le puede decir a la persona que pregunta: «Tengo algunos planes, pero ¿cómo puedo saber si ese es realmente el camino que debo seguir, la voluntad de Dios para mí, o si es solo algo que se me ha ocurrido a mí? ¿Cómo puedo distinguir la diferencia?».
La llamada que Samuel oye, él no se da cuenta de dónde viene. Muy a menudo, la llamada de Dios en nosotros también es tan discreta que necesitamos la confirmación de los demás para estar seguros de que estamos prestando atención a algo real y no solo a un producto de nuestra imaginación. Samuel tiene esa confirmación en la persona de Elí. Elí le anima, pero no se interpone. No intenta explicar ni interponerse como mediador. Le dice a Samuel que permanezca en ese lugar donde Dios está hablando, que preste atención y que no se apresure a marcharse.
Cuando algo sigue repitiéndose, tal vez debamos prestarle atención. Dios no revoca (retira) su llamada, su promesa (cf. Rm 11, 29; san Pablo lo dice en el contexto del pueblo judío). La paradoja es que la pregunta y el lugar al que nos lleva vendrán de escuchar atentamente a nuestro corazón y, sin embargo, nunca encontraremos la respuesta centrándonos en nosotros mismos.