TAIZÉ

Textos bíblicos comentados

 
Las «meditaciones bíblicas» son propuestas para sostener la búsqueda de Dios en el silencio y la oración. Se trata de dedicar dos o tres horas para leer en silencio los textos bíblicos que se sugieren y que van acompañados de un breve comentario y algunas preguntas. Más tarde, reunidos en pequeños grupos en casa de uno de los participantes, se comparte brevemente lo que cada uno cree haber descubierto, pudiendo eventualmente finalizar el encuentro con un tiempo de oración.
2022

mayo

2 Pedro 1,16-21: El camino de la confianza
Pues no nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz: «Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido». Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada. Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones, pero sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios. (2 Pedro 1,16-21)

Pedro, discípulo de Jesús, vio por un momento la gloria de Jesús, junto con dos de sus compañeros. Oyeron la voz de Dios en el brillo de su resplandor. Este es un acontecimiento del que también nos hablan los evangelios, “la transfiguración de Cristo”. (Marcos 9,2-10; Lucas 9,28-36; Mateo 17,1-13). Al igual que otros relatos bíblicos, este acontecimiento está confirmado por la multiplicidad de testimonios; lejos de cualquier ficción, la experiencia de Dios que nos cuentan los discípulos sucede en la historia, en sus vidas reales.

Probablemente a todos nos gustaría tener una experiencia directa de Dios, porque los sentimientos y las experiencias son una dimensión necesaria de nuestra vida. Son oportunidades para alegrarnos. “En cuanto a nosotros, no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4,20). Al igual que para los discípulos, las experiencias tomadas en serio se convierten en una llamada a vivir de una determinada manera.

Estos mismos discípulos pueden convertirse en testigos para nosotros hoy, porque su experiencia de Jesús es humana, entra por sus ojos y oídos. Pedro escribe: “fuimos testigos presenciales (...) nosotros mismos oímos esa voz” (v. 18).
Para aprender algo, tenemos que confiar en la experiencia de los demás. Por eso Pedro nos invita a confiar en su experiencia, sin pretender que sea incuestionable.

Escuchándole, podemos llegar a conocer a Jesús, y aprendemos que Dios pone su alegría en él (v. 17). La alegría es una experiencia con la que estamos familiarizados; puede que la hayamos oído y visto, o al menos la hayamos deseado. Por su parte, Jesús, que recibe esta alegría de Dios, promete a sus amigos: “Se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría” (Juan 16,22). La alegría se convierte en un camino por el que avanzar, una orientación o incluso una confirmación de la experiencia que podemos tener de Dios.

Pedro también da testimonio de la fiabilidad de las palabras de los profetas. Creer en las palabras de alguien puede parecer ingenuo, pero es una experiencia humana básica, porque nadie puede obligarnos a confiar. La libertad es la condición de la verdadera confianza, así nacen y crecen las relaciones.

Hoy en día, nos preocupa constantemente la solidez de la información. La información viaja rápidamente. Las fake news abundan. La confianza es traicionada, y aparece la ansiedad, la indiferencia y todo lo que se opone a la alegría. Vivir inspirados por la fe de Jesús puede convertirse en un hecho que hay que justificar, o rectificar constantemente, y entonces la alegría ya se aleja del horizonte.

Pedro nos advierte que nadie puede interpretar una profecía por sí mismo (v. 21), que toda revelación viene de Dios por medio de su Espíritu. El Espíritu, que puede hacernos profetas a todos (cf. Joel 3,1), se convierte para nosotros en la garantía de esta alegría, incluso en medio de la desconfianza y la tristeza. De este texto bíblico se desprende una invitación a confiar en los demás y en la acción del Espíritu, que nos hace capaces de participar en la alegría de Dios (cf. Lucas 10,21; Gálatas 5,22).

- ¿Qué alegrías he experimentado en estos últimos días? ¿Qué puedo aprender de estas experiencias?

- ¿Qué significa para mí tener una relación personal con Dios?

- Para atreverme a emprender el camino de la confianza, ¿qué iniciativas puedo tomar en mi vida cotidiana?



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Última actualización: 1ro de mayo de 2022