TAIZÉ

Textos bíblicos comentados

 
Las «meditaciones bíblicas» son propuestas para sostener la búsqueda de Dios en el silencio y la oración. Se trata de dedicar dos o tres horas para leer en silencio los textos bíblicos que se sugieren y que van acompañados de un breve comentario y algunas preguntas. Más tarde, reunidos en pequeños grupos en casa de uno de los participantes, se comparte brevemente lo que cada uno cree haber descubierto, pudiendo eventualmente finalizar el encuentro con un tiempo de oración.
2022

junio

Salmo 40, 1-12: Dios nos pone de pie
1Yo esperaba con ansia al Señor; | él se inclinó y escuchó mi grito: 
2me levantó de la fosa fatal, | de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca, | y aseguró mis pasos; 
3me puso en la boca un cántico nuevo, | un himno a nuestro Dios. |
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos | y confiaron en el Señor. 
4Dichoso el hombre que ha puesto | su confianza en el Señor, |
y no acude a los idólatras, | que se extravían con engaños. 
5Cuántas maravillas has hecho, | Señor, Dios mío, |
cuántos planes en favor nuestro; | nadie se te puede comparar. |
Intento proclamarlas, decirlas, | pero superan todo número. 
6Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, | y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; 
7entonces yo digo: «Aquí estoy | —como está escrito en mi libro— 
8para hacer tu voluntad. | Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». 
9He proclamado tu justicia | ante la gran asamblea; |
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes. 
10No me he guardado en el pecho tu justicia, |
he contado tu fidelidad y tu salvación, |
no he negado tu misericordia y tu lealtad | ante la gran asamblea.
11Tú, Señor, no me cierres tus entrañas; |
que tu misericordia y tu lealtad me guarden siempre.
(Salmo 40, 1-12)

Los salmos son, sobre todo, oraciones. Hablan de una relación con Dios. A veces, como en este caso, un salmo describe una progresión en esa relación. El salmista que compuso este canto relata una experiencia personal. Otros, después de él, consideraron que valía la pena transmitirlo y conservarlo en la colección de salmos, probablemente porque también a ellos les hablaba, porque se hacía eco de su propia experiencia de Dios. Este testimonio íntimo de un creyente del pasado nos permite poner en palabras a cómo sentimos la presencia de Dios en nuestras vidas.

Así, como innumerables creyentes antes y después de él, el salmista del Salmo 40 comienza relatando su experiencia del abismo, del barro profundo (v. 2). Esta imagen del barro es sorprendente. Aunque no es peligroso ni doloroso, el lodo impide cualquier avance. Es imposible avanzar, salir solo de la situación. Esta descripción del punto de partida es en realidad tranquilizadora. Dios no le pide al salmista que salga del barro con sus propias fuerzas. Es Dios quien se ocupa de todo: no sólo le saca del fango, sino que asegura los pasos del salmista. Es Dios quien le hace estar erguido, quien lo hace estable. Ya presentable, el salmista se hace digno de continuar su relación y compartirla con el mundo.

Sin ningún esfuerzo, pues, el salmista pasa de ser una lamentable criatura atascada en el barro a convertirse en un testigo vivo que inspira a muchos otros a confiar en Dios (v. 3). Mejor aún, es precisamente la facilidad de esta transformación lo que constituye el corazón de su testimonio. Los gritos desde el fondo del barro son sustituidos por una canción puesta en su boca. Esta canción ayudará a quienes la escuchen a elegir el mismo camino que él. Y esta canción, este salmo, ha sido compartido durante miles de años.

Pero eso no es todo. Dios “excava” los oídos del salmista (v. 6). Acoger el deseo de Dios para nosotros en lo más profundo de nuestro corazón no es algo automático. Pero aquí también es Dios quien lo hace posible. Aunque el versículo 5 habla de las innumerables maravillas que Dios realiza, toda esta primera parte del salmo (v. 1-6) es básicamente una lista de los actos milagrosos de Dios para con el salmista.

¿El resultado? De pie, con un canto en la boca, consciente de muchos milagros, con el oído abierto, el rollo en la mano y la ley en el corazón, el salmista puede ahora realizar lo que Dios desea. Es un deseo de relación: en lugar de ofrecer sacrificios de animales, Dios prefiere oírnos decir “Aquí estoy” (v. 7).

Un efecto importante de esta relación es ser enviado a otros, convirtiéndose en un testigo vivo de Dios (v. 3). El testimonio a la congregación (v. 9-10) retoma los elementos anteriores. Los labios que hablan palabras, la justicia divina en el corazón y la lealtad y la salvación de Dios... no están tan lejos del canto en la boca (v. 3), la ley en el corazón del salmista (v. 8) y los milagros realizados por nosotros (v. 5).

Incluso se podría añadir que, para poder dar testimonio en una gran asamblea, ¡es mejor estar de pie y tener pasos seguros que hundirse en el barro! Por último, lo que hace que esta transformación sea duradera es el amor y la fidelidad de Dios (v. 11). No es de extrañar que el salmista los mencione en su testimonio (v. 10).

La primera mitad de este salmo cuenta cómo el salmista, simplemente por esperar y gritar en el barro, experimentó en su carne la magnitud del amor de Dios por él. Se convirtió en testigo de esta fidelidad de Dios. Y como esta fidelidad le ha transformado profundamente, no sólo da testimonio con palabras: todo su ser lo atestigua.

- ¿Este viaje descrito por el salmo resuena con mi experiencia personal con Dios? ¿Dónde estoy en este viaje?

- En mi vida, ¿qué barro me paraliza y me impide salir hacia los demás ?

- ¿Qué necesito para poder decirle a Dios: "Aquí estoy"?



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Última actualización: 1ro de junio de 2022